El recital de Arcángel ha vuelto a demostrar este viernes por qué el ciclo Música a la Luna sigue siendo una de las citas culturales más esperadas del verano en Melilla. La Plaza de Armas de Melilla la Vieja se convirtió en un escenario íntimo donde el flamenco encontró el espacio perfecto para sonar sin artificios. Bastó una voz, una guitarra y unas palmas para atrapar al público durante algo más de una hora.
La actuación, incluida en la XVI edición del ciclo organizado por la Consejería de Cultura, Patrimonio Cultural y del Mayor junto a la Fundación Melilla Ciudad Monumental, reunió a decenas de asistentes en uno de los rincones más emblemáticos de la ciudad. Allí, con las murallas iluminadas y la noche como telón de fondo, Arcángel ofreció un recital fiel a la forma en la que entiende el flamenco. Desde la tradición, pero con una mirada abierta.
No hubo grandes efectos ni una puesta en escena recargada. Tampoco hacían falta. El protagonismo fue para el cante. Para esa forma de interpretar que ha convertido al artista onubense en una de las voces más respetadas del panorama flamenco.
Arcángel, cuyo nombre completo es Francisco José Arcángel Ramos, comenzó su trayectoria siendo muy joven y, tras consolidarse en la Bienal de Flamenco de Sevilla a finales de los años noventa, ha construido una carrera marcada por la búsqueda constante. A lo largo de los años ha colaborado con figuras como Vicente Amigo, Eva Yerbabuena o Israel Galván y ha recibido reconocimientos como la Medalla de Andalucía, sin perder nunca de vista la esencia del cante.
Esa filosofía quedó reflejada también sobre el escenario de Melilla. Hace solo unos días, en una entrevista concedida a El Faro de Melilla, el cantaor explicaba que todo proyecto artístico necesita una idea clara antes de empezar a construirse.
"Lo primero cuando uno se enfrenta a un proceso así es tener una idea clara. Un concepto claro de lo que quiere más o menos conseguir o perseguir", afirmaba.
Una forma de entender la música que volvió a hacerse evidente durante el recital. Cada pieza parecía responder a un mismo hilo conductor, sin perder la naturalidad que caracteriza sus actuaciones.
Arcángel también defendía que la evolución artística no consiste en cambiar por obligación, sino en hacerlo porque cambia la persona que hay detrás del artista. "El arte es una extensión del ser humano, ni más ni menos", aseguraba durante esa conversación.
Y precisamente esa sensación fue la que transmitió en la Plaza de Armas. La de un cantaor que sigue investigando, pero que nunca renuncia a sus raíces.
El propio artista reconoce que continúa sometiéndose a una exigencia constante. "El examen de uno mismo es peor que el de nadie", explicaba recientemente. Esa autocrítica, lejos de convertirse en una carga, es la herramienta que utiliza para seguir creciendo después de más de dos décadas sobre los escenarios.
Su relación con el flamenco también pasa por la emoción. Para Arcángel no basta con interpretar bien una letra. Antes debe sentirla. "Lo que uno canta tiene que ser parte de lo que uno siente", defendía. Una idea que ayuda a entender la intensidad con la que afronta cada recital.
Durante la entrevista concedida a este periódico también adelantó que trabaja en un nuevo proyecto centrado en el rock andaluz. No pretende abandonar el flamenco, sino acercarse a canciones con las que creció para, en sus propias palabras, "imprimir de flamencura" ese repertorio y "cantar y contar desde el flamenco".
Esa inquietud artística convive con un profundo respeto por la tradición. Arcángel considera que el flamenco ha conseguido derribar muchas barreras y goza hoy de un mayor reconocimiento internacional, aunque sigue ocupando un espacio diferente dentro de la industria musical. Lo define como "un hermano pequeño", con menor capacidad de difusión que otros estilos, pero con una identidad muy marcada.
La actuación de este viernes volvió a confirmar esa manera de entender el género. Sin necesidad de grandes recursos, el cantaor logró crear un ambiente de cercanía con un público que siguió el recital en silencio y respondió con largos aplausos al término de cada interpretación.
El ciclo Música a la Luna continuará durante las próximas semanas con nuevas actuaciones en distintos espacios de Melilla la Vieja. Después del paso de Arcángel, el relevo lo tomará el espectáculo "Por el aire", protagonizado por Josemi Carmona, Lin Cortés, Alana Sinkëy y Myriam Latrece el 21 de agosto en la Plaza Pedro de Estopiñán. La clausura llegará el 18 de septiembre con Chambao en la Plaza de las Culturas, coincidiendo con las actividades del Día de Melilla.
Pero la noche de este viernes quedó reservada para el flamenco. Para una voz que sigue entendiendo el arte como algo profundamente humano. Y para un recital que volvió a demostrar que, cuando el cante nace de la emoción, el escenario necesita muy poco más.








