Opinión

Aprender haciendo: un reconocimiento al voluntariado

Es gratificante constatar el crecimiento del voluntariado social. El voluntariado siempre será necesario porque aporta un plus de humanidad. Participar en un campo de trabajo voluntario no es un fin en sí mismo, sino más bien una manera de ofrecer su tiempo, de encontrarse y vivir en el seno de un grupo de personas de diferentes orígenes y tendencias. Es embarcarse y embaucarse en un viaje donde se comienza a descubrir el mundo que nos rodea y participar en un proyecto solidario.

El trabajo voluntario es una fuerza poderosa que involucra a gente comprometida para hacer frente a los retos; es un trabajo que se realiza sin ánimo de lucro. Los mueve una solidaridad en busca de la justicia y de la concordia, sin buscar nada a cambio ni imponer ningún modelo de desarrollo o concepción de vida alguna.

Podemos reconocer a los voluntarios por ser personas prácticas y solidarias, cuyo espíritu de servicio es encomiable, creativos, disciplinados, cuyos altos valores morales los convierten en sensibles ante el dolor humano; albergan conciencia social, son responsables y su capacidad de trabajar en equipo y su capacidad de comunicación los transforma en influyentes agentes sociales, que les lleva a sentir como suyos los problemas y necesidades de otros, a querer hacer algo para mejorar la sociedad, cambiar las cosas, transformar el mundo.

Ser voluntario puede ser a la vez desafiante y gratificante, trabajando en un entorno que puede ser completamente nuevo. Siendo útil, el voluntario comprometido llegará a entender mejor los problemas que afectan la vida de los demás.

El auge del voluntariado social es uno de los síntomas de una transformación ante unos modelos de vida injustos. Los voluntarios saben descubrir la indigencia de otros y comprenden que, en el reconocimiento de la propia debilidad, están las raíces de la auténtica fortaleza.

Durante el desarrollo del proyecto, los voluntarios aprenden a trabajar en equipo, asumen responsabilidades y toman confianza en sí mismos, al mismo tiempo que la contagian a los demás. Los proyectos permiten adaptarse a otras culturas y vivenciar sus costumbres, lo que facilita a posteriori imbuirse de una ciudadanía activa y solidaria.

Los voluntarios asumen la causa de los más débiles, se ponen en camino y se saben responsables solidarios que no hallarán descanso mientras exista una sola persona o comunidad explotada, marginada o ignorada. Ser solidario es hacer propias las necesidades ajenas. Somos seres naturalmente sociables que podemos mejorar el bienestar de otros y el propio. Por eso la mutua solidaridad incrementa lo mejor de cada uno para el servicio del resto.

Todos podemos ser voluntarios. Solamente hace falta creatividad y ganas de remover conciencias. Pero no se nace siendo voluntario. El voluntariado se hace, es acción. Si se queda tan solo en un vago espíritu de buen ciudadano, de buena persona, acaba siendo algo vacío y sin sentido.

Mi reverencia, en este su Día Internacional del Voluntariado, hacia estos luchadores, a estos ciudadanos anónimos, a estos transformadores de la realidad circundante.

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