Categorías: Editorial

Apartar a los pedófilos de la sociedad

Se han sucedido un par de actuaciones en apenas unos días que han conseguido detenciones importantes

Se podría decir que todos los delitos que se cometen son deleznables, pero aún así la sociedad suele establecer grados que hacen que unos se sientan como mucho más repugnantes que otros. Y eso es lo que pasa con pedofilia. Nadie en su sano juicio podría nunca bajar de los primeros puestos del ránking de delitos semejante perversión porque afecta a un sector tan vulnerable, tan sensible y tan necesitado de protección como es la infancia. Los niños, tengan la edad que tengan, no se tocan. Y punto.

Por eso son tan importantes las dos recientes actuaciones que se han desarrollado en la persecución de la tenencia y tráfico de pornografía infantil. La primera, hace unos días, a cargo de la Guardia Civil, que había sido alertada por una madre melillense de que su hija de 7 años estaba siendo acosada en internet. Independientemente de si esa mujer debería ser más cuidadosa en el control digital de su pequeña (ese sería otro debate), lo que está claro es que el instituto armado está más que preparado en el mundo digital como para llevar a cabo una investigación que dio como resultado la detención de un joven en un pueblo de Valencia como autor del acoso pedófilo.

Ya más recientemente, alertados por la organización internacional National Center for Missing & Exploited Children (NCMEC), la Policía Nacional en Melilla y, más concretamente, el Grupo de Delitos Tecnológicos de la Jefatura Superior, puso en marcha sus pesquisas a través de las redes hasta llegar a un individuo aquí en nuestra ciudad, que almacenaba material de esas características. La investigación no ha concluido aún aunque sí han sacado a un presunto pedófilo de internet.

Ambas actuaciones de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado son de una importancia mayúscula y así hay que reconocerlo y difundirlo. Gracias a ellos, estos perturbados cesan en sus círculos de la pornografía infantil para tranquilidad de los padres y, sobre todo, de nuestros niños, que son los que sufren el ataque más atroz y repulsivo de estos pervertidos cuyo único lugar en el mundo debe ser la cárcel, donde deberían permanecer para siempre por la buena salud de la sociedad.

Por eso solo queda seguir animando a nuestra policía y a nuestros guardias civiles a insistir en esta labor tan encomiable, que tanto bien hace para la seguridad de nuestros hijos y nietos.

 

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