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Año Nuevo

Esos momentos que exigen por derecho la mayor altura de la política, no los bajos fondos de la actitud y aptitud

por Antonio Ramírez
30/12/2024 06:50 CET
Año Nuevo

Que la familia, de su protección, que nos define como humanos, aún con sus propias tormentas, y es irremplazable pieza en el engranaje social siga siendo ese gran reducto donde encontrar siempre autenticidad


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Según la última Mismas sensaciones, iguales emociones y renovadas, con cautela, esperanzas. No es el paso de una orilla a otra, sin duda, por ese estrecho puente que no arroja riesgos ni tampoco grandes transformaciones, sino el poder seguir caminando, quizás sin menos escollos, por el margen que la vida dispuso a cada cual. Ese caminar que necesita salud razonable, menos ruido y más palabras cuerdas, menos truenos y más lluvia en forma de diálogo que, aunque intenso y apasionado, no sea estéril. Año Nuevo.

Que al final, en el recuento del año que ya asoma, no sea únicamente la suma en el intercambio de golpes recibidos sin más esencia y producto que el cuerpo dolorido pero preso de resentimiento, ahíto de rencor y anhelante de venganza. La política, una herramienta necesaria, por eso de su protagonismo en el año que claudica (y no precisamente para bien) puede ser, según se riegue, el árbol, aún espinoso, que dé frutos beneficiosos como la solidaridad, igualdad o la cohesión desde la diversidad; por el contrario puede simplemente alcanzar a ser la planta yerma y ponzoñosa de inutilidad candente.

Y en ese balance sobre todo lo que nos rodea e incumbe, lo hará la mayoría de la gente conforme a su entorno, que ya es un mundo de por sí, porque ya cuesta suficiente esfuerzo acarrear con lo propio como para llevar lo ajeno. Por mucho que se afane interesadamente y con frecuencia imponer un análisis de conjunto (el ansia por el rebaño) para intentar sobreponer la uniformidad seca de la ideología al manantial de las ideas.

En lo institucional, el año se va como vino, con las alforjas bien dispuestas de enconamiento, polarización y especiado de cierto fanatismo. A lo largo de este periodo que ya mengua, si bien hay medidas sociales y económicas de importancia real que en afán de justicia y solidaridad se han alcanzado en su mayoría desde la, por el momento, única de vía y fruto de pactos difíciles o cuestionables, un cruel episodio natural en forma de gota fría dos meses atrás puso de manifiesto y vistió de largo algo: por donde deambula la lucha, a veces fraticida, del poder político territorial y sus ansias en detrimento de la crucial colaboración. Tan frecuente en nuestros tiempos por un páramo de soberbia.

Quizás, estos sean los días para que, en esa tregua débil declarada y siempre amenazada por la incontinencia de algunos próceres de la cosa pública, reflexionar sobre esos momentos en los que la gente sufre desvalida, con la pérdida vital a cuestas y la esperanza angosta frente a la insensibilidad de la bronca partidaria. Esos momentos que exigen por derecho la mayor altura de la política, no los bajos fondos de la actitud y aptitud.

Se ha convertido, casi a tiempo completo, el dialogo o la confrontación de ideas, en un ring en el que se intenta imponer la razón propia a base de golpes, sobre todo, verbales.

Ahora, cuando hay quienes celebran la exaltación de la luz y otros, desfavorecidos, la presencia de la oscuridad, a la generalidad abraza esa liturgia de evaluación por lo acaecido y las expectativas del porvenir.

Que la familia, de su protección, que nos define como humanos, aún con sus propias tormentas, y es irremplazable pieza en el engranaje social siga siendo ese gran reducto donde encontrar siempre autenticidad. Que la infancia, vulnerable, crucial e inocente, no siga sufriendo tan injustamente en cualquier parte del mundo a causa del pensamiento ciego de la sinrazón. “Faustum Annum Novum”. Feliz Año Nuevo.

Tags: Colaboración

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