Opinión

¿A qué espera el Plan Estratégico de Melilla?

Éste es el momento de replantearnos qué relaciones queremos mantener con Marruecos después de que este país haya cruzado todos los límites inimaginables y se haya pasado por la entrepierna la buena vecindad

Pablo Casado ha puesto las cartas sobre la mesa. En una entrevista concedida este fin de semana al Grupo Vocento, el líder del PP ha dicho que Marruecos es un país estratégico para España y, en su opinión, hay que ser pragmáticos porque nos interesa mantener la colaboración con Rabat en temas de terrorismo, migraciones y narcotráfico. Pero también ha dicho que el pragmatismo no nos puede alejar de exigir con firmeza el respeto de nuestras fronteras.

Coincido con Casado en la necesidad de ser pragmáticos con Marruecos, pero me preocupa que pasemos por alto, en nombre de nuestras relaciones comerciales y de intercambio de información, la deriva represora del reino alauí. Cada vez son más los periodistas encarcelados por delitos comunes o espiados con programas del Gobierno. Yo creo que, como país europeo que somos, eso nos importa. O debería importarnos.

Éste es el momento de replantearnos qué relaciones queremos mantener con Marruecos después de que este país haya cruzado todos los límites inimaginables y se haya pasado por la entrepierna la buena vecindad. Una cosa es plantearnos la relación con Marruecos como un mal necesario y otra, muy distinta, sería acompañar a los marroquíes hacia la democratización.

Tal y como están las cosas, a mí no me gustaría ver a ningún eurodiputado español defendiendo en Bruselas prebendas para Marruecos. No podemos seguir siendo el aval de violadores de derechos humanos. Eso no significa que no intentemos reconstruir puentes. Significa que éste es el momento de poner nuevos cimientos. De nada sirve aprovechar las estructuras dinamitadas. Hay que levantar columnas más fuertes sobre la base del respeto mutuo y los intereses comunes, pero sin olvidar que nosotros somos demócratas y estamos convencidos de que la democracia arrastra riqueza y prosperidad.

Ya sabemos, por lo menos, lo que piensa el PP. Desconocemos, en cambio, cuál será la política del Gobierno español hacia Marruecos. Lejos de explicarnos eso, tan importante para los melillenses y ceutíes, tenemos que ver el bochornoso espectáculo de Sánchez y compañía negándose a reconocer que Cuba es una dictadura o a la zombie de Yolanda Díaz que, en medio de la terrible crisis que vive nuestro país, se pierde en el debate estéril sobre la sustitución del término patria por matria.

Mientras tanto, entramos ya en la segunda quincena de julio y seguimos sin saber fecha de presentación del Plan Estratégico para Melilla y Ceuta. Me da la impresión de que el Gobierno está esperando a que el nuevo ministro de Exteriores, José Manuel Albares, cierre su cita con Marruecos para retomar la propuesta, si es que la retoma.

Todos sabemos que Rabat jamás recibiría al ministro si se le planta en Palacio después de anunciar el inicio de la tramitación de la entrada de Melilla y Ceuta en la Unión Aduanera y de la exigencia de visado a todos los marroquíes que accedan a las dos ciudades autónomas.

Puede que incluso, los socialistas sacrifiquen este plan en aras de reconstruir los puentes volados en mayo tras la entrada del líder saharaui Brahim Ghali en España y la marcha sobre Ceuta.

Tenemos que tener clara la radiografía actual de las relaciones con Marruecos: no hay comunicación a altas esferas; no hay fecha de la Reunión de Alto Nivel, tenemos las fronteras terrestres cerradas; la Operación Paso del Estrecho vetó a los puertos españoles por segundo verano consecutivo; no hay embajador de Marruecos en Madrid y desde Rabat no han reaccionado ni bien ni mal al nombramiento del nuevo ministro.

Este panorama invita a pensar que la visita de Albares a Marruecos no será coser y cantar. Rabat no tiene prisas, pero Melilla y Ceuta sí. El Gobierno deberá plantearse si desvincula el Plan Estratégico prometido a las dos ciudades autónomas de esa visita o, por el contrario, retoma la política de no molestar a Mohamed VI.

Somos, por tanto, moneda de cambio. Nuestro futuro no está en nuestras manos y no estamos seguros de que lo estará si llega el momento de comprobar el pragmatismo de Casado. Es cierto que el líder del PP ya ha venido a Melilla a escenificar su compromiso con el Plan Estratégico, pero también es verdad que con Rajoy no estuvimos mejor que con Zapatero.

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