Los hebreos melillenses se reúnen en familia y acompañan la festividad con una rica y variada repostería. También aprovechan para entregar regalos a los niños.
La comunidad judía de Melilla celebra desde hoy el inicio de la fiesta de Januká, que durará ocho días y que va a acompañada de la degustación de una rica y variada repostería, de la entrega de regalos a los niños y del encendido diario de una luz en un candelabro de nueve brazos.
El Januká es una fecha que conmemora la recuperación del templo por los hebreos revelados contra los griego-helenista.
La fiesta conmemora el milagro de la luz y no la victoria sobre los opresores, “ya que en toda guerra mueren seres humanos y no es digno de ser festejado”, explican desde la asociación cultural Mem Guimeñl.
Cuenta la historia que aproximadamente en el siglo II antes de nuestra era, Judea vivía una crisis política-religiosa, siendo víctima del yugo del gobierno de Antíoco IV Epifanes (Rey sirio-helénico). El tirano oprimía al pueblo hebreo en su propia tierra, obligándole a abandonar su religión y costumbres e imponiéndole la conversión al culto pagano o la muerte.
Para conseguir su objetivo el Rey Antíoco emitió una serie de edictos, prohibiendo cumplir a los judíos cualquier precepto como era el Shabat, practicar la circuncisión, Roh Jodesh (conmemorar el principio de mes), estudio de Torá....
Ante estas amenazas, un grupo reducido de judíos no quiso someterse y antes de renegar de su fe y la práctica del judaísmo, consiguió escapar a las zonas montañosas. Entre ellos, Matatiahu Hasmonaí, uno de los sacerdotes del Templo, que huyó con cinco de sus hijos.
Una de las veces que consiguió bajar a una aldea, Matatiahu vio cómo era forzado un judío a ofrecer un sacrifico pagano. En esos momentos Matatiahu se lanzó hiriendo mortalmente a este judío y al funcionario que le acompañaba.
Con este acto comenzó la revolución de un ejército popular, contra las tropas de Antíoco IV. Matatiahu durante el transcurso de estos dos años de lucha, vio la muerte, siendo enterrado en su ciudad natal Modiín. Luego su hijo Yehuda el Macabeo se erigió al frente de la revolución.
El día 25 de Kislev consiguieron entrar en Jerusalén y al dirigirse al Templo encontraron una estampa desoladora: Destrucción e ídolos puestos en el altar, a pesar de conocer la prohibición judía de la idolatría.
Aún así se consiguió restablecer el servicio del Templo, siendo necesario aceite para la Ner Tamid o luz perpetua.
Entre los escombros solamente se encontró una vasija con el sello del gran sacerdote, ya que las demás habían sido profanadas. Estas vasijas contenían aceite puro y consagrado para el servicio, con la cantidad necesaria para alumbrar un solo día.
Para poder conseguir más aceite, los judíos se tenían que desplazar hasta una aldea, siendo necesario para el viaje de ida y vuelta ocho días.
Éste es el verdadero Nes (milagro) que se conmemora, en la fiesta de Januká, ya que durante ocho días permaneció la luz encendida, a pesar de tener aceite sólo para un día.
Por todo ello, se instauró la festividad de Januká, encendiendo luces durante ocho días como recuerdo y testigo para generaciones futuras.
En el Melilla Puerto, el lunes
En Melilla desde hace algunos años dentro del alumbrado navideño se recuerda la celebración judía con un “Feliz Januká”, en dos céntricas calles de la ciudad.
Asimismo, el Ayuntamiento organiza un encendido oficial antes de un acto en el que se procede a degustar repostería y platos típicos de la gastronomía sefardí. Este año tendrá lugar este lunes en el hotel Melilla Puerto.
Cómo se encienden la luces y se celebra entre las familias hebreas
A la caída de la noche, en los hogares judíos se reúne toda la familia para comenzar el ritual mágico que encierra los días de Januká, aseguran desde la asociación cultural Mem Guimeñl.
Cada día se enciende una luz nueva en la janukía (candelabro de nueve brazos). Y todas las noches se enciende una luz que destaca sobre las demás y que se llama Shamaj (vigía).
El primer día se enciende la luz que está más a la derecha, el segundo, la nueva que se encuentra a la izquierda de la encendida el día anterior y así, sucesivamente.
Pese a que la costumbre más extendida es encender con aceite y mariposa o una mecha, haciendo alusión al milagro que se hizo con el aceite, esto no quiere decir que no se pueda encender con velas.
El cabeza de familia es el que enciende las luces, a partir de la salida de las estrellas (aunque se puede hacer durante toda la noche), mientras la familia permanece alrededor de la janukía, entonando cánticos de alabanza.
Las mujeres, media hora de descanso
Entre las costumbres que rodean la festividad de Januká está el hecho de que la mujer durante la media hora que debe permanecer obligatoriamente encendida la luz, no realice ningún trabajo. Es éste un buen momento, aclaran desde la asociación cultural Mem Guimeñl, para que el marido y los hijos preparen la mesa y disfruten de unos suculentos buñuelos, suganiot, dulces... Se trata de alimentos que se hacen con aceite por alusión al milagro. En este ambiente festivo se entonan cánticos tradicionales y se relatan historias de Januká.
Otros de los grandes protagonistas de la festividad son los pequeños, que esperan ilusionados estos días para recibir sus regalos.
También está el Sevivon, que es una pequeña peonza de cuatro caras marcadas por letras hebreas. Su uso se remonta a la época de Januká en la que se prohibió el estudio religioso. Pese a ello se reunía a los niños para que no olvidaran sus tradiciones y al acercarse las tropas helénicas, se ponían a jugar al Sevivón, de ahí nació esta tradición.








