Hay obras que consisten simplemente en sustituir lo viejo por algo nuevo y hay otras que deberían entenderse como una oportunidad para recuperar y conservar aquello que ya forma parte de la identidad de una ciudad. La actuación prevista en la Plaza Menéndez Pelayo pertenece a esta segunda categoría. Y es una buena noticia que la intención anunciada por el consejero de Medio Ambiente, Daniel Ventura, sea mejorar este espacio sin borrar la huella de quien lo diseñó.
Carlos Baeza concibió una plaza singular, reconocible y perfectamente integrada en uno de los entornos más emblemáticos de Melilla. El propio Ventura ha reivindicado el valor de su diseño y ha dejado claro que la intervención pretende respetarlo. No se trata, por tanto, de hacer desaparecer una plaza para construir otra, sino de devolverle las condiciones que ha ido perdiendo con el paso de los años.
El pavimento será sustituido por completo, una actuación necesaria después del deterioro provocado por el tiempo y por el intenso uso que soporta el espacio cuando acoge escenarios, instalaciones y actividades. Pero junto al suelo permanecerán las columnas, las pérgolas, las jardineras, las farolas y esos bancos ovalados que forman parte de la imagen de la plaza. Se restaurarán estos elementos, se renovará el alumbrado y se actualizarán las redes de agua y saneamiento. Actuar donde hace falta, sin convertir la renovación en una excusa para cambiar aquello que forma parte de su personalidad, debería ser precisamente el objetivo.
La obra tendrá un coste aproximado de 380.000 euros y un plazo estimado de tres o cuatro meses. Habrá molestias, como ocurre con cualquier intervención, pero también conviene recordar que el mantenimiento de los espacios públicos no puede esperar hasta que el deterioro sea irreversible. Conservar también implica invertir.
Esa misma filosofía debería acompañar las actuaciones previstas en el Parque Hernández, con la reposición de árboles y la sustitución de sus ocho pérgolas, así como el proyecto de rehabilitación por fases. También avanza la obra de Comandante Benítez y Gran Capitán, cuya finalización está prevista para finales de noviembre.
Melilla no necesita renunciar a lo que ya tiene para mejorar. Necesita cuidar lo que merece ser conservado. La Plaza Menéndez Pelayo ofrece una oportunidad para demostrar que una obra pública puede renovar un espacio sin borrar su personalidad. Modernizar una ciudad no debería significar hacer que todas sus plazas se parezcan, sino conseguir que las que ya tienen carácter puedan seguir teniéndolo durante muchos años.








