La Plaza de Toros ha vuelto a protagonizar uno de los momentos centrales de la semana para los amantes del universo taurino. Unas veinte personas han saltado al ruedo para enfrentarse a varias vaquillas que llegaron a la ciudad autónoma el pasado 29 de agosto. Es una de las actividades que forman parte de la programación de la Feria de Melilla, y que ha reunido a decenas de personas en la ‘Mezquita del Toreo’.
En las localidades había muchas familias con niños pequeños y grupos de amigos observando la escena. Llevaban algo de picar, pipas, chuches, y reían constantemente los intentos y las hazañas de los jóvenes de torear o corretear de la vaquilla. Estos días, los vecinos y vecinas que han querido acercarse a ver a los animales, han podido hacerlo en horario de 10:00 a 13:00 horas en los corrales de la misma plaza.
La programación taurina de las Fiestas Patronales incluía dos citas los días 1 y 2 de septiembre: la corrida de Feria, un evento muy seguido por los aficionados del toreo que trajo a Manuel Escribano, Emilio de Justo y Marco Pérez a Melilla, y la suelta de vacas. El tono de ambos encuentros es completamente distinto: en uno, reinaba la solemnidad y la expectación, y en el otro, las risas de los propios espectadores.
Se escuchaban algunos “olés” cuando los valientes trataban de imitar a los toreros, aunque no con mucho éxito. Alguno ha dado, literalmente, la “vuelta campana” saltando la barrera que separa el ruedo del resto del espacio. En esta zona segura iban entrando y saliendo los adolescentes, ya que la edad media de los participantes rondaba esta etapa. Sí había una norma: que fuesen mayores de 16 años.
Eso y, seguramente, nada de poner en riesgo a otras personas más allá de las propias circunstancias que ocurriesen sobre el albero. Una de las vaquillas ha enganchado a un corredor de la camiseta sin mayores daños. Desde las 18:00 horas, aquellos que han querido contemplar el espectáculo solo han tenido que desplazarse a la Plaza de Toros con entrada libre. Quedaban muchas plazas sin ocupar.
Una capea que se repite año tras año con motivo de la Feria de Melilla, y que potencia ese afán por el toreo que, aunque está todo el tiempo, solo puede darse de forma puntual en el calendario anual de la ciudad autónoma.








