Aquí la fiesta empieza cuando el público compra sus bocadillos, bandejas de embutido, llenan sus botas de pintado y cargan sus cervezas, vino y “algo para después” en las neveras.
Emociona el ambiente que se respira cuando te vas aproximando a nuestra Mezquita del Toreo. Jolgorio, alegría y unas enormes ganas de pasarlo bien.
Luego, ya dentro, en las gradas, te vas impregnando del ambiente taurino.
Con un aforo de casi tres cuartos de entrada y un día de calor húmedo y cielo nublado comenzó el espectáculo en sí.
Emocionante ese paseíllo con los protagonistas tomando posición y una abanderada encabezando la marcha con una bandera de Ceuta. Público aplaudiendo a rabiar y animando la iniciativa. Himno nacional y toda la plaza puesta respetuosamente en pie, finalizando con la “canción del verano”. La corrida fue amena y tuvo detalles muy toreros, con unas ganas inmensas de los toreros por complacer al respetable.
Manuel Escribano arrancó poniendo emoción con dos largas cambiadas que sobrecogían. A partir de ahí puso talento ganas y torería. Fue muy profesional y no regateó esfuerzos por triunfar. Banderilleó a sus dos morlacos con arte, entrega y emoción. Sus faenas con la muleta las concluyó con sendas estocadas de las que te manchas las manos. Público volcado y premio de cuatro orejas.
Emilio de Justo no tuvo excesiva suerte con su lote, al primero lo llevó bien con maestría y mesura. Mató de estocada certera y recibió dos orejas, pero en el segundo no tuvo ocasión de brillar (dicen que no hay quinto malo, pero no fue el caso), no llegaron a conectar se deslució y cuando fue a matar pinchó dos veces por lo que se quedó sin triunfo.
Marco Pérez torero de 18 años, demuestra que hay cantera y que el arte no está reñido con la edad. Puso toda la voluntad y ganas del mundo y estuvo por encima de sus antagonistas. También mató certeramente (tres orejas) después de un pinchazo.
Los tres estuvieron muy profesionales y no escatimaron esfuerzos por agradar, realizando unas faenas, tanto en capote como con muleta, con mucha torería y profesionalidad.
Salida a hombro de los tres maestros protagonistas del festejo.
Es interesante reseñar que todos ellos brindaron sus faenas al público melillense, que estuvo todo el espectáculo entregado con ellos.
Me gustaría dejar constancia de la inmensa labor de los hombres de plata (subalternos) que hicieron un trabajo encomiable, poniendo todo su interés en que todo se desarrollara con pulcritud y eficacia. Olé.
Los banderilleros en su función, geniales. Los apoyos con los capotes certeros y los picadores entendieron que las reses estaban justitas de fuerza supieron aplicar la vara para no perjudicar el desarrollo de las faenas posteriores.
Enhorabuena a todos los participantes y seguir animando al público a asistir a los próximos eventos para no perder tradiciones.








