Julio no es un mes fuerte para la hostelería y, sin embargo, no ha dejado malos datos para los negocios melillenses. En comparación a otros años, algunos han percibido un aumento en la afluencia de público, aunque desconocen el motivo. Bien es cierto que, por el calor, la estampa típica de un domingo a mediodía será de terrazas vacías y muchos establecimientos cerrados directamente. En verano, muchos residentes y turistas prefieren pasar el día en la playa para hacer frente a las altas temperaturas, y las salidas las dejan para la noche, cuando corre algo más de “fresquito”.
Igualmente, el presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería, Chakib Mohamed, comentaba tras el avance de la Ley del tabaco que es una temporada bastante “floja” en la ciudad. Buena parte de la población, como es el caso de los profesores, se van de vacaciones. Las calles tienden a vaciarse, y la ausencia de turistas, ya que Melilla no es todavía un destino consolidado, hace que la presencia de personas en los bares y restaurantes sea menor. Además, muchos vecinos critican que esto ya no es lo que era, refiriéndose al cierre de muchos espacios para el ocio en general, y el nocturno en particular, reduciendo la oferta disponible en cualquier momento del año.
Quitando los días de partidos importantes del Mundial 2026, y los fines de semana, falta clientela en la mayoría de sitios. Un domingo cualquiera en pleno verano hay muy pocas opciones, por ejemplo, en la zona centro. Tampoco están operativos los chiringuitos ni hay demasiados locales junto al litoral melillense. En resumen, ante todas estas circunstancias, son los mismos establecimientos los que suelen concentrar y monopolizar el ambiente nocturno, y para comer, sí que hay más variedad en el centro y en los barrios pero suelen llenarse a partir de las 20:00 horas.
Así, muchos empresarios optan por repartir las vacaciones a lo largo de julio y agosto; Mohamed señalaba que no era fácil contratar para sustituir, de ahí que bares y cafeterías reduzcan su actividad y horarios. Si se dan un paseo por los establecimientos del centro, observarán que hay tan solo cuatro abiertos en lo que son las inmediaciones de O’Donnell y la Plaza Héroes de España. Fuera, tienen unas pocas mesas ocupadas, y dentro, hay algo más de gente por los aires acondicionados. Realmente, en una semana como esta de levante, resulta más complicado sentarse en una terraza debido al calor y la humedad sofocantes.
Los hosteleros comentan que la temporada empieza en la época de Semana Santa y que en la ciudad autónoma siempre hay gente. Junio es mejor que julio, y agosto y septiembre son todavía más fuertes, ya que muchas personas regresan de sus vacaciones y se nota. No obstante, son meses de vaivenes, lo que también se percibe en las calles. Las expectativas de cara a este nuevo mes que acaba de entrar son bastante altas. En las heladerías, por ejemplo, aseguran que pueden llegar a vender 300 tarrinas en un sábado, y una media de 150 un día cualquiera entre semana.
Creen que hay más gente que en otros veranos, pero son conscientes de que el mediodía y el tardeo no rentan tanto como en invierno. Los melillenses son mucho de esos planes cuando hace frío; ahora, optan por pasar las horas debajo de la sombrilla, disfrutar de un buen chapuzón, quizá pedir algo para comer o traer una nevera y echar un día fantástico de playa. No es una mala alternativa, ya que el litoral es una de las joyas que tiene Melilla. Pero, por lo demás, esta es la rutina más frecuente para la época estival.
Habrá quienes se atrevan a hacer algo de deporte si el calor lo permite, o a dar paseos por otras zonas de la ciudad. Pero los momentos para llevar a cabo estas salidas coinciden con la tarde-noche, dejando un vacío importante para la hostelería local durante el almuerzo. Como los propios empresarios conocen mejor que nadie esta tendencia, abren sabiendo que es una situación que se repite año tras año, y que el negocio y la presencia de clientes va por épocas. Se quedan con lo bueno esperando que, en cuanto vuelva la rutina, y aunque está habiendo bastante movimiento en las calles, la ciudad recupere su actividad habitual.








