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El Día Mundial contra la Trata pone el foco en la esclavitud contemporánea

Fiona Bellshaw, fundadora de FIET, explica cómo las redes aprovechan la vulnerabilidad para captar, trasladar y explotar a personas mediante engaños, deudas y distintas formas de control

por Alejandra Gutiérrez
30/07/2026 14:51 CEST
El Día Mundial contra la Trata pone el foco en la esclavitud contemporánea

Actuación de la Policía Nacional durante una de las operaciones realizadas contra organizacioens criminales dedicadas presuntamente a la explotación laboral de migrantes. -Web del Ministerio del Interior-


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Hablar de trata de personas es hablar de una forma de esclavitud que sigue existiendo en pleno siglo XXI. Fiona Bellshaw, fundadora de FIET, una de las organizaciones que trabaja con víctimas de trata y explotación sexual, considera que esa es precisamente una de las razones por las que resulta necesario seguir poniendo el foco sobre esta realidad. El Día Mundial contra la Trata de Personas debe servir, explica, para visibilizar, sensibilizar y recordar que se trata de un problema global. “No hay ningún país que pueda decir que esté totalmente libre del tema de trata”, señala. Y detrás de esa realidad están personas especialmente vulnerables que pueden quedar a merced de redes de crimen organizado.

La vulnerabilidad es uno de los puntos sobre los que se construye la captación. Bellshaw explica que las redes buscan intencionadamente a personas que se encuentran en situaciones de necesidad. Puede tratarse de pobreza extrema, de una catástrofe natural o de cualquier circunstancia que coloque a una persona en una posición especialmente vulnerable. También puede afectar de manera particular a niños, adolescentes y jóvenes. Fiona pone como ejemplo las situaciones de crisis que pueden producirse en países como ha ocurrido en Venezuela con los terremotos para explicar cómo una necesidad urgente puede convertirse en una puerta de entrada para quienes ofrecen una supuesta salida.

Por supuesto, la persona que capta no presenta la explotación como destino. La propuesta siempre adopta otra forma. Se ofrece un trabajo, la posibilidad de ganar dinero, un lugar donde vivir o la oportunidad de comenzar una vida diferente. “Para la trata siempre hay un punto de captación”, explica Bellshaw, y en ese primer momento todo parece mucho más sencillo de lo que realmente será. Se promete que habrá trabajo, que no hará falta experiencia, que el idioma no será un problema y que alguien se ocupará de organizar las cuestiones necesarias. “Se lo pintan todo muy, muy fácil”, resume.

El engaño es esencial. Por eso la captación se construye sobre una imagen de futuro. La persona piensa que está aceptando una oportunidad, no entrando en una situación de explotación. Ese primer acercamiento tampoco tiene por qué proceder de alguien desconocido. Bellshaw explica que las redes pueden utilizar personas del entorno de la víctima para generar confianza. Puede ser un familiar, un vecino, un amigo o un conocido. Alguien que se acerca, construye una relación y termina presentando una propuesta que parece segura precisamente porque llega desde un vínculo que la persona considera fiable.

 

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La captación también se ha trasladado al entorno digital. Las redes sociales permiten establecer contactos y presentar ofertas de empleo o trabajo que parecen completamente reales. Una empresa puede aparecer con una imagen aparentemente legal y unas condiciones que hacen pensar que existe una oportunidad detrás. La persona acepta porque cree que está tomando una decisión para mejorar su vida. Solo después, cuando llega al lugar al que ha sido enviada, descubre que la realidad es otra.

En el caso de los adolescentes, explica Bellshaw, también existe un proceso de grooming. La relación puede comenzar a través de las redes sociales y presentarse inicialmente como una amistad o un vínculo afectivo. Poco a poco pueden aparecer peticiones de fotografías, incluso desnudas o sugestivas, y después exigencias económicas o de otro tipo. La amenaza de que esas imágenes sean difundidas y lleguen a los padres, a los compañeros o al entorno escolar introduce un elemento de vergüenza y miedo que puede ser utilizado para ejercer control.

El proceso mezcla necesidades materiales y emocionales. La persona puede desarrollar un vínculo con quien la manipula y acabar dependiendo de esa relación. Bellshaw describe cómo puede convertirse en una relación tóxica y cómo la víctima puede tardar en comprender lo que está ocurriendo. Cuando finalmente lo percibe, puede encontrarse ya atrapada.

La trata también puede producirse dentro de un mismo país. No es necesario que exista un traslado internacional. Fiona explica que también se han producido casos de mujeres españolas captadas mediante ofertas o a través de las redes sociales. Al mismo tiempo, en el trabajo de FIET aparecen personas procedentes de países como Colombia, Venezuela, Paraguay y Marruecos, así como de distintos países asiáticos como Nepal o Tailandia. Son procedencias diferentes dentro de una realidad que no puede reducirse a una determinada nacionalidad.

El traslado forma parte de una estructura organizada. La red no tiene por qué estar representada por una sola persona. Bellshaw explica que puede haber quienes se ocupan de organizar el viaje, quienes reciben a la víctima cuando llega, quienes la acompañan y quienes se encargan de alojarla. Todas esas personas pueden formar parte del mismo entramado.

El alojamiento es también una pieza de ese recorrido. Las redes de crimen organizado necesitan lugares donde las víctimas puedan permanecer y personas que se encarguen de recibirlas o acompañarlas. Para quien está siendo trasladado, cada una de esas actuaciones puede parecer una ayuda más para llegar a su destino. La víctima puede no saber qué relación existe entre quienes intervienen en el camino ni que todos ellos forman parte de la misma estructura.

La realidad se descubre muchas veces cuando llega el momento de comenzar aquello que se había prometido. Entonces el trabajo ya no existe. Las condiciones son diferentes. La oferta que había servido para conseguir que la persona aceptara el viaje desaparece y aparece una situación completamente distinta.

Bellshaw explica que, en ese momento, aparece una deuda. La persona descubre que debe pagar determinadas cantidades relacionadas con el viaje, el alojamiento o diferentes gastos que la red le atribuye. Es una deuda ilegal, aunque puede desconocerlo. Esa obligación se convierte entonces en una herramienta para obligarla a permanecer.

La persona ya está lejos de su entorno. Puede no conocer el idioma. Carece de recursos y depende de quienes la han trasladado o alojado. La deuda se utiliza para controlar y manipular a la víctima; no puede marcharse hasta haberla pagado. El engaño inicial se convierte así en una situación de control.

La explotación puede adoptar diferentes formas. Cuando se trata de explotación sexual, la víctima puede acabar en un espacio destinado a la prostitución. En la explotación laboral puede ser llevada a un campo, una fábrica o una casa. Bellshaw menciona además otras finalidades de la trata, como los matrimonios forzados, la mendicidad, la servidumbre o la venta de órganos.

La diversidad de formas de explotación también hace que la trata pueda resultar difícil de identificar. No existe una única escena que permita reconocerla ni un único perfil de víctima. Lo que existe es un proceso en el que el engaño y la vulnerabilidad que termina dando paso al control y a la explotación.

Para Bellshaw, es necesario mirar más allá de la situación visible y tratar de comprender qué circunstancias existen detrás. Uno de los mayores obstáculos para hacerlo es que muchas víctimas no se reconocen como víctimas, explica Bellshaw. Pueden desconocer sus derechos y las leyes del país en el que se encuentran. Las propias redes pueden procurar que permanezcan aisladas y que no establezcan relaciones con otras personas que puedan ayudarlas.

Por eso una víctima puede pedir ayuda sin identificar explícitamente lo que está viviendo como trata. Puede buscar ayuda para resolver su situación administrativa o incluso pedir ser deportada. El desconocimiento de sus derechos puede hacer que no entienda que la situación que está atravesando constituye una forma de explotación.

La detección puede depender entonces de las personas que están alrededor. Bellshaw señala algunos indicios que pueden llamar la atención: alguien que permanece siempre acompañado por otra persona que parece ejercer un control; una persona que no habla por sí misma o que parece no poder responder libremente; alguien que no puede explicar dónde vive; una persona que presenta lesiones o un deterioro físico; o alguien que parece consumir algún tipo de sustancia.

Ninguno de esos elementos, por separado, permite afirmar que exista trata. Pero ante una situación que genera dudas, Bellshaw considera que es importante no descartarla automáticamente. Una persona puede encontrarse en situación irregular o ser solicitante de asilo y, al mismo tiempo, ser víctima de trata.

Por eso insiste en la necesidad de no normalizar determinadas situaciones y de abandonar las ideas generalizadas sobre grupos de personas. La mirada tampoco debe colocarse sobre la víctima desde el rechazo. “Tenemos que tener los ojos abiertos todos a nuestro alrededor”, sostiene. No para investigar por cuenta propia, sino para reconocer cuándo puede existir una persona que necesite ayuda.

La coordinación entre quienes pueden detectar estas situaciones es fundamental. Bellshaw explica que una llamada puede activar un protocolo y permitir que diferentes entidades y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad actúen de forma rápida cuando existe una situación de peligro. Recuerda el caso de una mujer joven atendida en un hospital que presentaba lesiones y otras circunstancias que podían ser compatibles con una situación de trata. La comunicación permitió activar el protocolo correspondiente de manera urgente.

Teléfono de Ayuda Contra la Trata de Fiet

En ese primer paso tiene un papel importante el teléfono 900 759 759. Fiona explica que pueden llamar las propias víctimas, pero también personas que sospechen que alguien está siendo explotado o profesionales que necesiten orientación. La llamada es anónima, gratuita y el servicio dispone de traducción a 200 idiomas para evitar que el idioma impida explicar una situación.

El teléfono también puede utilizarse para solicitar formación. FIET trabaja con empresas, grupos de vecinos, asociaciones y otros colectivos para que sepan reconocer posibles situaciones de trata y conozcan los recursos disponibles. La intención es ampliar la capacidad de detección y conseguir que una persona pueda encontrar ayuda en más lugares y de manera urgente.

Según los datos facilitados por FIET, entre abril y junio el teléfono recibió 45 llamadas relacionadas con sospechas de trata. El 70 % estaba directamente relacionado con la trata de personas y se produjeron nueve derivaciones, además de peticiones de apoyo a otras organizaciones y solicitudes de formación.

En Melilla, la actividad de la organización tiene otra dimensión y esos datos no corresponden al teléfono. La organización señala que en lo que va de año ha atendido a 60 personas víctimas de trata y ha realizado más de un millar de actuaciones directas, entre ellas acompañamientos a médicos y a otros lugares.

Fiona considera que Melilla es una parte importante de este trabajo por sus características y por su relación con los movimientos migratorios. España puede ser país de tránsito hacia otros destinos y algunas de las personas que pasan por Melilla pueden estar ya siendo explotadas o encontrarse en una fase anterior de un recorrido cuyo destino final todavía desconocen.

Esa posibilidad refuerza, para Bellshaw, la importancia de mantener la atención y no mirar hacia otro lado. Una persona puede estar siendo controlada sin saber todavía cómo definir lo que le ocurre. Puede haber llegado a un lugar pensando que iba a trabajar y descubrir después que la realidad era distinta. Puede estar aislada y no conocer sus derechos. Y puede no saber a quién recurrir.

Por eso Fiona insiste en que pedir orientación nunca es una mala decisión cuando existe una sospecha. “Si al final no es nada, no pasa nada. Pero si hay algo y se puede descubrir, puede salvar”, explica. La llamada puede poner en marcha una actuación inmediata y permitir que profesionales especializados valoren la situación.

La trata, para Bellshaw, es un problema social global que exige responsabilidad colectiva. La prevención pasa por conocer sus mecanismos, pero también por aprender a mirar las situaciones de vulnerabilidad sin prejuicios. Detrás de una falsa oferta de empleo puede haber una red criminal. Detrás de una relación construida en redes sociales puede existir manipulación. Detrás de una deuda puede haber un mecanismo de sometimiento. Y detrás de una persona que parece simplemente acompañada puede haber alguien que ejerce el control.

La explotación es el punto final de un proceso que puede haber comenzado mucho antes y que, cuando finalmente resulta visible, puede haber dejado a la víctima lejos de su entorno y sin recursos para escapar. Por eso, para Bellshaw, sensibilizar significa también aprender a reconocer las señales, conocer los recursos disponibles y entender que una llamada puede ser el primer paso para que alguien deje de estar solo frente a una situación de explotación.

La trata detrás de las estafas digitales

El lema del Día Mundial contra la Trata de Personas de 2026, «Atrapados detrás de la estafa», pone el foco en una modalidad de trata vinculada a la criminalidad forzada que está creciendo rápidamente. Naciones Unidas explica que las redes de delincuencia organizada transnacional captan personas mediante falsas ofertas de empleo y, una vez trasladadas, pueden obligarlas a participar en operaciones de fraude en línea. Las víctimas pueden permanecer confinadas, vigiladas y sometidas a amenazas, violencia, servidumbre por deudas y exigentes cuotas de trabajo. Entre las estafas aparecen las románticas, las relacionadas con criptomonedas y otras operaciones dirigidas a personas de todo el mundo.

La ONU señala además que esta forma de explotación está relacionada con la ciberdelincuencia, el fraude financiero, el blanqueo de capitales y la corrupción. En Asia Oriental y Sudoriental, la UNODC estima que las estafas provocaron pérdidas económicas de entre 18.000 y 37.000 millones de dólares en 2023. La organización reclama reforzar la identificación y protección de las víctimas, las investigaciones y la cooperación internacional para perseguir a las redes que actúan a través de las fronteras.

Últimas actuaciones en España

Los datos del Ministerio del Interior reflejan el peso creciente de la trata laboral. En 2025, la Policía Nacional liberó a un total de 537 víctimas de delitos relacionadas con el ámbito laboral, 67 de ellas víctimas de trata y 470 de explotación laboral. En este mismo ámbito y en el mismo año, se detuvo a un total de 265 personas -60 por trata laboral y 205 por explotación laboral-.

Según los datos del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, en 2025 la trata con fines de explotación laboral superó por primera vez en número de víctimas a la trata con motivación sexual, alcanzando las 390 y 374 respectivamente. Dentro del ámbito laboral cabe distinguir que, durante ese periodo de tiempo, por parte de Policía Nacional se liberó a 67 víctimas de trata laboral y a 470 personas como víctimas de explotación laboral.

Según el mismo Centro, en ese mismo año por parte de la Policía Nacional, en relación a la trata y a la explotación laboral, se detuvo a un total de 265 personas como presuntos autores de esas modalidades delictivas -60 por trata laboral y 205 por explotación laboral-. En el mismo año, las unidades UCRIF, según datos de la Fiscalía, judicializaron un total de 118 investigaciones por trata, de las cuales 24 fueron específicas por trata laboral.

Esos mimos datos -teniendo en cuenta las diversas finalidades de la trata de seres humanos- indican que en los últimos años la proporción de víctimas hombres aumenta significativamente frente a la de mujeres, si bien éstas continúan representando en torno al 60% de las víctimas de trata.

La actuación de la Policía Nacional difundida este 30 de julio de 2026 permite observar algunos de los mecanismos que describe Fiona. En Málaga, una presunta organización captaba en Nicaragua a mujeres a las que ofrecía trabajos como internas cuidando a personas mayores. Una vez en España, las condiciones eran diferentes: debían estar disponibles las 24 horas, los siete días de la semana, con salarios precarios y sin contrato. Las víctimas eran trasladadas inicialmente a un domicilio de la organización y se les exigían 200 euros diarios de alojamiento. Posteriormente aparecía una deuda de 5.000 euros, que debía pagarse mensualmente y aumentaba en caso de abandonar el trabajo. Los investigadores identificaron 11 víctimas y detuvieron a siete personas.

En Palencia, otra presunta organización explotaba laboralmente a hombres marroquíes en un obrador de pan. Según la Policía, habían viajado desde Marruecos tras obtener contratos a cambio de cantidades de hasta 15.000 euros y después trabajaban hasta 12 horas al día, de lunes a domingo, sin descanso ni vacaciones. En esta operación fueron liberadas dos víctimas y detenidas cuatro personas.

Deuda y la vulnerabilidad

Cruz Roja Española atendió durante los seis primeros meses de 2026 a 1.339 personas en situaciones de trata y explotación. El 76 % de las atenciones correspondía a situaciones compatibles con trata, el 82 % de las personas atendidas eran mujeres y el 93 % de quienes estaban afectados por trata o explotación sexual eran migrantes.

La organización destaca el aumento de la preocupación por la trata laboral y señala entre los perfiles atendidos a personas procedentes principalmente de Nepal e India que iniciaron su proyecto migratorio con la intención de trabajar y mejorar las condiciones de vida de sus familias. Algunas asumieron importantes deudas para financiar el viaje. Tras llegar a Europa, determinadas ofertas laborales que prometían estabilidad acabaron dando paso a condiciones muy alejadas de las anunciadas. La falta de redes de apoyo, el desconocimiento del idioma, la dependencia para el alojamiento o el transporte y la presión para devolver las deudas pueden aumentar su vulnerabilidad frente a la explotación.

Los equipos de Cruz Roja han detectado situaciones compatibles con jornadas superiores a diez horas diarias, salarios inferiores a los establecidos legalmente, ausencia de alojamientos dignos, dependencia de quienes controlan el trabajo o los desplazamientos y episodios de violencia y extorsión económica. La organización reclama una Ley Integral contra la Trata y la Explotación que garantice una protección especializada y homogénea en todo el territorio.

Tags: Día Mundial contra la TrataFIETFiona Bellshawtrata de personas

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