La colonia de gaviota de Audouin de Melilla vive su mejor momento. La ciudad alberga ya entre 1.200 y 1.500 ejemplares de esta especie protegida, una cifra histórica que sitúa a la ciudad como uno de los principales enclaves de reproducción de España y, sin duda, el más importante del mar de Alborán. Detrás de estos datos se encuentra un trabajo silencioso y constante de seguimiento científico que, desde hace más de una década, lidera Francisco J. Pérez, coordinador de SEO/BirdLife en Melilla y único anillador científico de la ciudad.
"Hemos seguido haciendo estudios, control y marcaje por anillamiento de una especie protegida y emblemática de la ciudad, como es la gaviota de Audouin. Llevamos haciéndolo desde 2015", explica Pérez. En los primeros años, el trabajo dependía de grupos de anilladores llegados desde la península, ya que Melilla no contaba con especialistas acreditados. La situación cambió en 2021, cuando Pérez obtuvo la titulación especializada. Desde entonces, el seguimiento se realiza íntegramente con un equipo local.
La labor comienza con el censo de la población reproductora. El objetivo es conocer cuántos adultos crían en la ciudad y evaluar el éxito de la temporada de reproducción. La gaviota de Audouin, recuerda el ornitólogo, es una especie singular: no nidifica en entornos urbanos, no genera molestias a la población y busca siempre espacios periféricos y marinos para establecer sus colonias. Aunque puede observarse durante todo el año en Melilla, es en primavera y verano cuando elige la ciudad para reproducirse.
El segundo paso del trabajo científico consiste en el anillamiento de los pollos nacidos. Cada ejemplar recibe dos marcas: una anilla metálica con una numeración alfanumérica, equivalente a un documento de identidad único, y otra de PVC que puede leerse a distancia. Gracias a este sistema, los investigadores obtienen información de enorme valor sobre los movimientos de la especie. "Uno de los pollos que anillamos en 2021 fue observado cinco meses después en Gambia por un ornitólogo francés", señala Pérez. Cada avistamiento permite reconstruir las rutas de dispersión de estas aves y, al mismo tiempo, aporta herramientas para diseñar medidas de conservación mucho más precisas.
La historia de la gaviota de Audouin en Melilla es relativamente reciente. La especie comenzó a criar en la ciudad en 2015 con apenas tres parejas, seis ejemplares en total, instalados en el dique sur. Desde entonces, la colonia se ha ido desplazando por distintos puntos, ocupando espacios como la zona de áridos del vertedero, el ZEC -Zona de Especial Conservación- de Aguadú, el cuartel M-1 y, desde hace dos años, las instalaciones militares del polvorín.
Precisamente en este último emplazamiento se ha producido la gran sorpresa de la temporada. Tras no poder acceder el año pasado por tratarse de una instalación de seguridad, el equipo científico ha podido entrar este año gracias a la colaboración del Centro de Educación Ambiental de Melilla (CEAM), la Comandancia General de Melilla (COMGEMEL) y la Unidad de Servicios de Base (USBAD). "Ha sido fundamental poder trabajar allí porque se ha demostrado que la colonia era mucho mayor de lo que esperábamos", afirma.
Los resultados han superado todas las previsiones. El récord anterior de anillamientos rondaba los 80 pollos. Este año se han marcado 140 ejemplares. Además, la población reproductora ha crecido de forma extraordinaria, pasando de unas 200 o 400 parejas estimadas en temporadas anteriores a unas 600 o 700 parejas de adultos.
Las cifras convierten a Melilla en uno de los principales bastiones de la especie en España. La gaviota de Audouin es una especie mediterránea y aproximadamente el 90 % de su población mundial se reproduce en territorio español. Históricamente, uno de sus grandes núcleos estuvo en las Islas Chafarinas, pero el abandono del caladero de pesca español provocó una redistribución de la especie hacia otros puntos del litoral. Uno de esos destinos ha sido precisamente Melilla, donde la colonia no ha dejado de crecer desde 2015.
Pese a la relevancia de estos datos, Francisco J. Pérez lamenta la escasa implicación institucional este último año a diferencia de la vinculación de forma activa que la Administración venía manteniendo desde el 2015 para con el estudio y la conservación de esta especie protegida. Recuerda que SEO/BirdLife Melilla mantiene un acuerdo de colaboración con la Ciudad Autónoma para la protección de la avifauna local, un convenio sin dotación económica que contempla la cooperación en materia de investigación, divulgación y facilitación de los trabajos de campo. El acuerdo nació precisamente con el objetivo de reforzar el conocimiento científico sobre las aves de la ciudad y respaldar proyectos como el seguimiento de la gaviota de Audouin.
Una situación que considera especialmente grave al existir un plan de conservación específico para la especie y unas obligaciones de seguimiento científico por parte de la Administración. Este contexto no impide, sin embargo, reconocer la colaboración de otras entidades. Pérez agradece especialmente el apoyo del CEAM, de la COMGEMEL y de la USBAD, cuya implicación ha permitido continuar con el seguimiento y obtener unos datos que serán incorporados a bases de datos internacionales y presentados en el próximo Congreso de Ornitología Ibérica que se celebrará en Granada.
El trabajo de campo tampoco sería posible sin el equipo que acompaña al anillador melillense. Junto a él participan el ornitólogo Diego Jerez, especialista en censos de aves; Alicia Castillo, coordinadora de la Asociación Herpetológica Española en Melilla; Marina Blasco, del Centro de Educación Ambiental; y los colaboradores Beatriz Moya y Alfonso Salazar.
Más allá de los números, Francisco J. Pérez insiste en la importancia de divulgar el valor de una especie tan desconocida como singular. La gaviota de Audouin, también conocida como gaviota de pico rojo, es ligeramente más pequeña que la gaviota patiamarilla. Presenta un plumaje más claro, un pico de color rojo oscuro y unas patas grisáceas. Pero la principal diferencia está en su comportamiento.
"No es una gaviota acostumbrada al ser humano", explica. No anida en terrazas, no se alimenta de basura y tampoco muestra la agresividad que caracteriza a otras especies de gaviotas urbanas. Incluso cuando los investigadores manipulan a los pollos para anillarlos, los adultos se mantienen a distancia sin atacar.
Paradójicamente, esa naturaleza más salvaje es también una de sus debilidades. La gaviota patiamarilla encuentra en las ciudades lugares de nidificación y abundantes recursos alimenticios proporcionados por la actividad humana, una ventaja competitiva de la que carece la gaviota de Audouin. De ahí la necesidad de estudiar sus poblaciones y adoptar medidas específicas de protección.
Mientras la colonia melillense continúa creciendo y consolidándose como un referente para la conservación de la especie, Francisco J. Pérez tiene claro el objetivo: seguir recopilando datos y trabajando para garantizar el futuro de una de las aves más emblemáticas del Mediterráneo. Una pequeña joya biológica que ha encontrado en Melilla uno de sus últimos grandes refugios.








