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Arnau Pérez acerca dos seres llegados de otro mundo para recordarnos cómo vibrar juntos

El coreógrafo e intérprete catalán presentará el próximo 20 de junio en la Plaza de Armas una pieza inspirada en un carnaval ancestral de Chile que recupera el baile en pareja como espacio de conexión entre los cuerpos

por Alejandra Gutiérrez
12/06/2026 10:14 CEST
Arnau Pérez acerca dos seres llegados de otro mundo para recordarnos cómo vibrar juntos

Arnau Pérez y Nicolás Martínez interpretando Vibra!. -Cedida por el coreógrafo-


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Dos figuras blancas, sin rostro y aparentemente llegadas de otro mundo, irrumpirán el próximo 20 de junio en la Plaza de Armas para recordar algo que durante generaciones formó parte de la vida cotidiana y que hoy parece haberse diluido entre nuevas formas de relacionarnos. A las 21:10 horas, dentro de la programación del I Festival Nacional de Danza Contemporánea de Melilla (MED), Arnau Pérez y Nicolás Martínez presentarán Vibra!, una propuesta de danza contemporánea que convierte el encuentro entre cuerpos en el centro de una experiencia concebida para ser compartida con el público.

La pieza llega a Melilla manteniendo intacto el espíritu con el que fue concebida. Arnau Pérez la plantea como un regreso a la danza en pareja, a ese baile agarrado que acompañó durante décadas a padres y abuelos y que formaba parte de una manera concreta de relacionarse entre los cuerpos. No se trata de una mirada nostálgica al pasado, sino de una reflexión sobre cómo han cambiado los vínculos y la forma en que compartimos los espacios comunes. Sobre el lugar de representación aparecen dos seres sin identidad reconocible, ocultos bajo máscaras y trajes acolchados blancos que cubren por completo sus cuerpos. Llegados de un universo desconocido, avanzan a través de distintos ritmos mientras buscan encontrarse y sincronizarse.

Todo ocurre acompañado por un dispositivo sonoro que genera sorpresa e incertidumbre y que termina guiando a los intérpretes hacia una conexión cada vez más profunda. La experiencia, sin embargo, no se limita a quienes bailan. Concebida para espacios no convencionales, Vibra! necesita de las personas que la rodean para completarse. La voluntad de la obra es que público e intérpretes compartan una misma energía y terminen formando parte de una vibración colectiva que transforma el lugar donde sucede y deja en él una huella emocional que permanece más allá de la representación.

Esa necesidad de implicar a quienes observan forma parte de la esencia del proyecto. Pérez insiste en que la pieza solo adquiere sentido cuando el espacio, los bailarines y el público comienzan a vibrar al unísono. Cada representación es diferente porque depende de las personas que la habitan, de la energía que circula entre ellas y de la forma en que el entorno responde a lo que ocurre. Más que una obra cerrada, Vibra! funciona como una experiencia compartida que deja un testigo emocional en cada lugar por el que pasa.

El origen de la creación se encuentra a miles de kilómetros de Melilla. En 2023, durante una estancia profesional en Chile, Arnau Pérez viajó hasta Arica, una ciudad situada junto a la frontera con Perú y a las puertas del desierto de Atacama. Allí descubrió el carnaval andino más importante de la región, una celebración ancestral que terminó marcando el origen de esta obra. Lo que observó durante aquellos días fue cómo la danza y la música iban apoderándose poco a poco de toda la ciudad. Las comparsas, los ritmos y los cuerpos en movimiento impregnaban calles y plazas hasta desembocar en una explosión colectiva durante las jornadas centrales del carnaval. Aquella imagen de una comunidad conectada a través de la vibración compartida terminó convirtiéndose en la semilla de Vibra!.

De regreso a España, esa experiencia comenzó a transformarse en una propuesta artística que buscaba capturar precisamente esa capacidad de la danza para modificar los espacios y las personas. El creador suele explicar que la obra posee una dimensión que trasciende a quienes la interpretan. Por eso los personajes carecen de identidad concreta y aparecen ocultos bajo sus voluminosos trajes blancos. No representan a individuos específicos, sino una energía colectiva que viaja de un lugar a otro y que invita a quienes la reciben a participar de ella.

 

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Con el paso del tiempo, la pieza también ha seguido evolucionando. Además de la versión concebida para espacios urbanos, Arnau Pérez ha desarrollado una adaptación para escenario dirigida especialmente al público adolescente. Aunque cambia el formato, la esencia permanece intacta. Los personajes continúan siendo los mismos y la intención sigue pasando por generar una vibración común capaz de conectar con espectadores de distintas edades y contextos.

Esa búsqueda de cercanía resulta especialmente significativa dentro de la danza contemporánea, un ámbito que el propio creador reconoce que a menudo genera cierta distancia entre el público general. Para Pérez existe una especie de dicotomía dentro de la disciplina. Por un lado, la considera un espacio de enorme libertad donde caben múltiples formas de entender el cuerpo y el movimiento. Por otro, admite que el término contemporáneo suele percibirse como algo complejo o inaccesible. Por eso le gusta definirla como una danza de autor, una forma de expresión en la que cada artista presenta su propia manera de comprender el cuerpo y de relacionarse con el mundo.

Lejos de renunciar a la complejidad, defiende que los creadores tienen la responsabilidad de acercar sus propuestas a la ciudadanía. No necesariamente mediante historias lineales o mensajes cerrados, sino ofreciendo diferentes capas de lectura para que cada espectador encuentre su propia puerta de entrada. A su juicio, las obras breves desarrolladas en espacios urbanos están contribuyendo a derribar barreras porque acercan la danza a personas que quizá nunca se plantearían acudir a una sala para ver una pieza contemporánea. En ese proceso, considera que tanto artistas como público tienen margen para encontrarse a medio camino y construir juntos nuevas formas de entender la experiencia escénica.

La relación de Arnau Pérez con la danza tampoco responde al recorrido habitual de muchos profesionales. Nacido en Blanes (Girona), comenzó a bailar cuando tenía entre 15 y 16 años. Hasta entonces había dedicado gran parte de su tiempo al deporte, aunque la danza siempre había estado presente en su entorno gracias a su hermana menor. Fueron sus padres quienes terminaron animándole a probar suerte después de observar que no podía dejar de moverse en casa. Aquella decisión acabó cambiando por completo su trayectoria.

Sus primeros pasos estuvieron vinculados a la danza urbana, pero la curiosidad por otros lenguajes apareció muy pronto. Empezó a probar distintos estilos y descubrió nuevas formas de entender el movimiento. Apenas dos años y medio después obtuvo una beca que le permitió trasladarse a Madrid para continuar su formación superior. Allí profundizó en la danza contemporánea, la creación y la interpretación, iniciando un camino que acabaría definiendo toda su carrera profesional.

A día de hoy sigue recordando con especial cariño a Silvia, una de sus primeras profesoras, porque nunca separó la formación técnica de la creación artística. Desde el primer momento entendió que bailar y crear formaban parte del mismo proceso. Esa experiencia sigue marcando su forma de trabajar. Para él existen múltiples maneras de conocer el cuerpo y ninguna disciplina posee una verdad absoluta sobre el movimiento. Lo importante es construir una conexión profunda entre mente y cuerpo que permita comprender cómo funciona cada gesto y adaptarse a diferentes lenguajes.

Esa visión también le ha llevado a cuestionar algunas ideas tradicionalmente asociadas a la formación dancística. Frente a quienes consideran que la danza clásica constituye una base imprescindible, Pérez defiende que existen muchos caminos posibles. Más que acumular conocimientos, cree que los bailarines pasan buena parte de su carrera reaprendiendo, dejando atrás hábitos adquiridos para permitir que entren otros nuevos. Una transformación constante que considera esencial para seguir creciendo como intérprete y creador.

Durante los últimos años ha construido una sólida trayectoria internacional. Dirige su propio proyecto escénico, con más de una decena de obras creadas, y ha trabajado como coreógrafo para compañías e instituciones de distintos países, entre ellas Company E en Washington D.C., la Compañía Danza UNA de Costa Rica, la Jove Companyia Gerard Collins, LAB180 o el Conservatorio Superior de Danza de Madrid. Como intérprete ha colaborado con figuras y compañías de referencia como Daniel Abreu, Elías Aguirre, Instituto Stocos, Valencia Dancing Forward o Marcat Dance.

Su trabajo ha sido reconocido en certámenes como Masdanza, el International Solotanz Stuttgart y el Certamen Coreográfico de Madrid. Además, sus creaciones han formado parte de circuitos de referencia como DanzaEscena y Acieloabierto y han podido verse en países como Estados Unidos, Costa Rica, Italia, Alemania, Francia, Japón o Finlandia. También han pasado por festivales y espacios tan destacados como Cádiz en Danza, FEX Granada, Teatros del Canal, Conde Duque, Masdanza o Dansa Metropolitana.

Ahora, por primera vez, su camino lo trae hasta Melilla. Aquí, entre los muros históricos de la Plaza de Armas, dos figuras vestidas de blanco invitarán al público a detenerse durante unos minutos para dejarse atravesar por una energía compartida. Una propuesta que habla de movimiento, pero también de encuentro. De cuerpos que vuelven a acercarse. De personas que descubren que todavía pueden vibrar juntas y conectar sus cuerpos.

Tags: Arnau PérezI Festival de Danza ContemporáneaMelilla en Danza

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