Las olas de calor son cada vez más frecuentes, más intensas y más prolongadas. Lo que hace apenas unas décadas se consideraba un episodio excepcional se ha convertido en una situación habitual durante los meses de verano. Ante este escenario, organismos sanitarios y entidades sociales insisten en la necesidad de adoptar medidas preventivas para evitar problemas de salud asociados a las altas temperaturas.
Con este objetivo, Cruz Roja ha puesto en marcha una nueva edición de su campaña de sensibilización "Caliente, Caliente. Frío, Frío", una iniciativa destinada a concienciar a la población sobre los riesgos del calor extremo y promover hábitos saludables que permitan reducir sus efectos negativos.
Aunque cualquier persona puede verse afectada por las altas temperaturas, existen colectivos especialmente vulnerables. Entre ellos destacan las personas mayores, los niños, quienes padecen enfermedades crónicas, las personas sin hogar y los trabajadores que desarrollan su actividad al aire libre.
Los expertos advierten de que la prevención es la mejor herramienta para evitar complicaciones que, en algunos casos, pueden llegar a ser graves.
¿Por qué el calor afecta más a niños y mayores?
Las personas mayores y los niños comparten una característica que los convierte en grupos especialmente sensibles al calor: su organismo tiene mayores dificultades para regular la temperatura corporal.
En el caso de los mayores, el envejecimiento provoca cambios fisiológicos que alteran los mecanismos naturales de regulación térmica. Además, la sensación de sed disminuye con la edad, por lo que muchas personas mayores no perciben la necesidad de beber agua aunque su cuerpo la esté reclamando.
A ello se suman otros factores como enfermedades cardiovasculares, diabetes, patologías respiratorias o determinados tratamientos farmacológicos que pueden aumentar el riesgo de sufrir deshidratación o golpes de calor.
Los niños, por su parte, presentan una mayor vulnerabilidad porque su sistema de regulación de la temperatura todavía está en desarrollo. Además, suelen perder líquidos con rapidez cuando juegan o realizan actividad física y, en muchas ocasiones, no identifican los primeros síntomas de deshidratación.
Por este motivo, los especialistas recomiendan una vigilancia constante durante los días de temperaturas elevadas.
La deshidratación, un riesgo silencioso
Uno de los principales peligros asociados al calor es la deshidratación, que se produce cuando el organismo pierde más líquidos de los que recibe.
Las primeras señales suelen ser discretas: sensación de sed, cansancio, irritabilidad, sequedad de boca o una disminución de la cantidad de orina. Sin embargo, si no se actúa a tiempo, pueden aparecer síntomas más preocupantes como mareos, taquicardia, confusión, apatía e incluso pérdida de conciencia.
En los niños pequeños, algunos signos de alerta son el llanto sin lágrimas, los labios secos, la somnolencia excesiva o la falta de ganas de jugar.
Los expertos recomiendan ofrecer agua de forma frecuente, incluso cuando no exista sensación de sed. En situaciones de deshidratación leve, el agua sigue siendo la mejor alternativa. Cuando la pérdida de líquidos es mayor, las soluciones de rehidratación oral pueden resultar especialmente útiles.
Cómo reconocer un golpe de calor
El golpe de calor constituye la situación más grave relacionada con las altas temperaturas y requiere atención médica urgente.
Se produce cuando la temperatura corporal supera los 40 grados y el organismo deja de ser capaz de enfriarse por sí mismo.
Los síntomas más habituales incluyen piel caliente y seca, ausencia de sudoración, dolor de cabeza intenso, dificultad para respirar, náuseas, vómitos, mareos, confusión, desorientación y, en los casos más graves, pérdida de conocimiento.
Ante una situación de este tipo, los especialistas recomiendan llamar inmediatamente al 112 y trasladar a la persona afectada a una zona fresca y ventilada.
Mientras llegan los servicios sanitarios, se debe aflojar la ropa, aplicar paños húmedos o compresas frías en cuello, ingles, axilas y cabeza e intentar reducir la temperatura corporal progresivamente.
Si la persona está consciente, se le puede ofrecer agua en pequeñas cantidades.
Consejos para proteger a las personas mayores
Las recomendaciones para las personas mayores comienzan por una correcta hidratación. Los especialistas aconsejan beber agua de forma regular durante toda la jornada, aunque no exista sensación de sed.
También es importante adaptar la alimentación a las condiciones climáticas. Las comidas ligeras y ricas en agua, como frutas y verduras, ayudan a mantener una correcta hidratación y facilitan la digestión.
Otra medida fundamental consiste en evitar actividades físicas intensas durante las horas de mayor calor. Siempre que sea posible, los paseos o tareas al aire libre deben realizarse a primera hora de la mañana o al caer la tarde.
La ropa también desempeña un papel importante. Las prendas ligeras, holgadas y de colores claros favorecen la ventilación corporal y reducen la sensación térmica.
Además, es recomendable evitar la exposición directa al sol entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde, el periodo en el que se registran las temperaturas más elevadas.
Los niños necesitan una vigilancia constante
Durante el verano, los menores suelen pasar más tiempo al aire libre, lo que aumenta su exposición al calor.
Por ello, es fundamental que beban agua con frecuencia, especialmente durante los juegos o actividades deportivas. Los padres y cuidadores no deben esperar a que los niños pidan agua, sino ofrecérsela de manera periódica.
La protección solar también resulta imprescindible. El uso de crema de protección alta, gorras o sombreros y ropa ligera ayuda a reducir los efectos de la radiación solar.
Los expertos aconsejan evitar juegos prolongados bajo el sol durante las horas centrales del día y buscar espacios con sombra siempre que sea posible.
Las piscinas, playas y zonas recreativas acuáticas son una alternativa para combatir el calor, aunque siempre bajo supervisión adulta y manteniendo una correcta hidratación.
La importancia de mantener espacios frescos
Las viviendas pueden convertirse en refugios frente a las altas temperaturas si se adoptan algunas medidas sencillas.
Mantener las persianas bajadas durante las horas de mayor insolación, ventilar la casa a primera hora de la mañana o durante la noche y utilizar ventiladores o sistemas de climatización contribuye a reducir la temperatura interior.
Los expertos recomiendan permanecer en las estancias más frescas del hogar y evitar el uso innecesario de electrodomésticos que generen calor.
En el caso de personas mayores que viven solas, familiares y vecinos pueden desempeñar un papel importante realizando llamadas o visitas periódicas para comprobar su estado.
Especial atención a quienes trabajan al aire libre
La nueva campaña de Cruz Roja pone también el foco en los trabajadores expuestos al sol durante largas jornadas.
Personal de la construcción, jardinería, limpieza, reparto o mantenimiento se enfrenta diariamente a condiciones que incrementan el riesgo de sufrir deshidratación o golpes de calor.
Por ello, se recomienda realizar pausas frecuentes en zonas de sombra, beber agua regularmente, utilizar ropa transpirable y proteger la cabeza mediante gorras o sombreros.
Asimismo, resulta aconsejable adaptar los horarios de trabajo para evitar, siempre que sea posible, las horas de mayor intensidad térmica.
Un problema de salud pública que exige prevención
Durante 2025, Cruz Roja atendió a cerca de 62.300 personas, principalmente mayores de 65 años, mediante llamadas de seguimiento, visitas domiciliarias, acompañamiento y acciones informativas destinadas a prevenir los efectos del calor.
La organización recuerda que la prevención continúa siendo la medida más eficaz frente a las altas temperaturas. Mantener una correcta hidratación, evitar la exposición solar prolongada, adaptar las actividades diarias y prestar especial atención a los colectivos más vulnerables son acciones sencillas que pueden marcar la diferencia.
En un contexto en el que las olas de calor son cada vez más frecuentes, proteger a niños y mayores se convierte en una responsabilidad compartida. La vigilancia, la anticipación y el sentido común siguen siendo las mejores herramientas para afrontar un verano seguro y saludable.








