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Mimi y su llave mágica abren las puertas de la lectura a decenas de niños melillenses

La iniciativa infantil 'Pequeños lectores, grandes aventuras' en la Biblioteca Pública transformó el espacio en un escenario de búsquedas, cuentos y creatividad compartida

por Alejandra Gutiérrez
07/06/2026 14:55 CEST
Mimi y su llave mágica abren las puertas de la lectura a decenas de niños melillenses

Mimi, la duendecilla de la Biblioteca, interpretada por Sania Mohamed, durante los talleres infantiles de la Feria del Libro. -Cedida por Mohamed-


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Hay lugares que durante unos días dejan de ser únicamente lo que son para transformarse en algo completamente distinto. La Biblioteca Pública de Melilla ha vivido este fin de semana una de esas transformaciones silenciosas que solo son posibles cuando la imaginación toma el control del espacio. Allí donde habitualmente reinan el estudio, la consulta y la lectura individual, han aparecido risas infantiles, preguntas cargadas de curiosidad y pequeños grupos de niños recorriendo las estanterías en busca de pistas. Durante tres jornadas, el edificio se ha convertido en el escenario de una aventura colectiva en la que los libros han dejado de ser simples objetos para convertirse en puertas abiertas a mundos imaginarios.

Desde el pasado viernes, coincidiendo con la programación de la Feria del Libro de Melilla, decenas de niños y niñas de entre 5 y 11 años han participado en el proyecto 'Pequeños lectores, grandes aventuras', una propuesta diseñada para acercar la lectura a la infancia desde una perspectiva participativa, creativa y lúdica. Lejos de plantear una relación pasiva con los libros, la iniciativa ha invitado a los menores a convertirse en protagonistas de las historias, a crear sus propios relatos y a descubrir que la lectura puede ser también una experiencia compartida, llena de emoción, sorpresa y descubrimientos.

Detrás de esta iniciativa se encuentran Sania Mohamed y Nasia, monitoras de Novedades Melilla y responsables de un proyecto que comenzó mucho antes de que los primeros niños cruzaran las puertas de la biblioteca. Semanas de preparación, planificación y diseño de actividades han dado forma a una propuesta que busca acercar la lectura a los más pequeños desde una perspectiva diferente, alejada de la obligación y vinculada a la emoción, el juego y la creatividad. Ambas han sido las encargadas de desarrollar una programación que durante tres días ha transformado la Biblioteca Pública en un espacio donde cada libro podía esconder una pista y cada objeto convertirse en el inicio de una nueva historia.

La responsable de conducir a los participantes por ese universo ha sido Mimi, una duendecilla de biblioteca creada como hilo conductor de toda la experiencia. A través de este personaje, Sania Mohamed y Nasia diseñaron una historia dividida en tres jornadas que permitía mantener viva la expectación de los niños desde el viernes hasta el domingo. Cada día aportaba nuevas pistas a un misterio que giraba en torno a una llave mágica y un cofre repleto de sorpresas, generando una intriga que acompañaba a los participantes incluso cuando abandonaban la biblioteca al final de cada sesión.

La historia comenzaba con la búsqueda de una llave capaz de abrir un misterioso cofre. A partir de ahí, los pequeños debían seguir diferentes pistas repartidas por la biblioteca para localizar los objetos escondidos por Mimi  -interpretada por Sania Mohamed-. Una pluma, una estrella y un mapa formaban parte de un recorrido narrativo que culminaba con el descubrimiento de una palabra muy especial: lectores. El mensaje que encerraba el juego era sencillo, pero poderoso. La verdadera magia no residía en los objetos encontrados ni en el cofre que lograban abrir, sino en quienes leen, imaginan y son capaces de dar vida a nuevas historias a través de los libros.

Sin embargo, uno de los aspectos más interesantes de la actividad era que los niños no se limitaban a escuchar cuentos. También tenían la oportunidad de crearlos. Cada elemento descubierto durante la búsqueda se convertía en una excusa para que los participantes desarrollaran sus propias narraciones. Un dragón podía dar lugar a una aventura fantástica. Una corona abría la puerta a castillos imaginarios. Otros objetos despertaban recuerdos de películas, personajes o libros que los menores conocían y que servían como punto de partida para nuevas historias improvisadas sobre la marcha.

Las monitoras explican que precisamente ahí radicaba uno de los objetivos fundamentales del proyecto. No se trataba únicamente de fomentar la lectura, sino también de estimular la creatividad y la capacidad de expresión de los participantes. Cada niño encontraba una forma diferente de interpretar los objetos que aparecían en el cofre y de convertirlos en relatos propios. Algunos inventaban aventuras completamente nuevas. Otros recurrían a historias que ya conocían. Lo importante era que todos participaban y descubrían que ellos también podían convertirse en narradores.

La ambientación desempeñó un papel fundamental para alimentar esa sensación de aventura. Los objetos aparecían ocultos entre los libros y las estanterías, obligando a los niños a recorrer distintos rincones de la biblioteca mientras seguían las pistas de Mimi. En determinados momentos, las luces se reducían para reforzar la atmósfera de misterio y aumentar la emoción de la búsqueda. El edificio se transformaba entonces en un escenario completamente diferente al habitual, donde cualquier rincón podía esconder una sorpresa y cualquier estantería podía contener la clave para resolver el enigma.

Pequeños lectores, grandes aventuras

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La conexión emocional que los participantes establecieron con el personaje fue una de las grandes sorpresas del fin de semana. Según relatan las monitoras, muchos niños regresaban cada día preguntando qué había hecho Mimi durante la noche. La idea de que la duendecilla permanecía sola en la biblioteca cuando ellos se marchaban alimentaba todavía más la fantasía. Algunos llegaban convencidos de que había seguido escondiendo pistas o preparando nuevas aventuras entre los libros mientras las puertas permanecían cerradas.

Ese vínculo se reflejaba también cuando llegaba la hora de regresar a casa. Sania Mohamed y Nasia reconocen que uno de los momentos que mejor resume el éxito de la actividad era precisamente cuando los padres acudían a recoger a sus hijos y estos no querían marcharse. Muchos pedían quedarse un poco más para seguir jugando, continuar la búsqueda o simplemente permanecer junto a Mimi. Para las organizadoras, esa reacción constituye el mejor reconocimiento posible al trabajo realizado durante semanas.

La respuesta del público ha sido constante durante todo el fin de semana. En algunas sesiones llegaron a reunirse entre veinte y veinticinco niños, una cifra que demuestra el interés que despiertan este tipo de propuestas entre las familias melillenses. Además, numerosos participantes repitieron en varias jornadas para completar la historia y descubrir cómo concluía el misterio planteado desde el primer día.

Pero más allá de la participación, las monitoras destacan especialmente la actitud mostrada por los menores. Las actividades generaban conversaciones espontáneas entre ellos, intercambios de opiniones y momentos de lectura compartida que contribuían a reforzar la comprensión lectora. Los niños formulaban preguntas, comentaban las historias escuchadas y compartían interpretaciones con sus compañeros, convirtiendo la lectura en una experiencia colectiva en lugar de una actividad individual.

La propia biblioteca ayudaba a que todo fluyera de manera natural. Rodeados de libros y en un entorno especialmente preparado para el aprendizaje y la lectura, los participantes encontraban un espacio cómodo para desarrollar las actividades. Las monitoras consideran que el edificio reúne las condiciones ideales para este tipo de propuestas, tanto por la disposición del mobiliario como por el ambiente que se genera alrededor de los libros y la cultura.

Además, la experiencia ha servido para responder a una demanda que muchas familias venían planteando desde hace tiempo. Durante el desarrollo de las actividades fueron numerosos los padres que se acercaron para interesarse por futuras iniciativas similares e incluso por los próximos talleres y campamentos organizados por Novedades Melilla. El interés mostrado confirma que existe una importante necesidad de espacios donde los menores puedan relacionarse, desarrollar su creatividad y disfrutar de alternativas de ocio vinculadas a la cultura y la lectura.

En un momento en el que las pantallas ocupan buena parte del tiempo libre de muchos niños, propuestas como 'Pequeños lectores, grandes aventuras' reivindican el valor de la imaginación compartida. No como una alternativa excluyente, sino como una oportunidad para descubrir nuevas formas de divertirse, aprender y relacionarse con los demás. Porque durante estos tres días los libros han sido mucho más que páginas encuadernadas. Han sido cofres del tesoro, escondites, mapas secretos y puertas hacia mundos creados por los propios participantes.

Este domingo, Mimi volvió a recorrer los pasillos de la Biblioteca Pública y las actividades creativas volvieron a proliferar sobre las mesas de la zona infantil. Volvió con sus enigmas, sus objetos mágicos y sus historias inacabada; con su vestuario de fantasía creado específicamente para la ocasión de forma artesanal por Nasia. Y una vez más consiguió que decenas de niños comprendieran algo que los lectores descubren desde muy pequeños: que los libros no solo se leen. También se exploran, se imaginan y se viven. Esta tarde continúa la actividad entre las 17 y las 20 horas.

Tags: Biblioteca Pública de Melillagrandes aventurasNovedades MelillaPequeños lectores

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