Juan Heredia Urbano todavía conserva muy viva la emoción de la tarde que protagonizó este miércoles en la Feria del Libro de Melilla. No habla únicamente de una actividad concurrida, ni de una firma de ejemplares que se prolongó hasta las nueve de la noche, ni siquiera de los más de 70 niños que se acercaron con sus familias para participar en su taller. Lo que permanece en su relato es una sensación más profunda: la de haber sentido, por primera vez, un reconocimiento pleno en su propia ciudad.
El escritor melillense participó en la Feria del Libro con una propuesta dinámica, familiar y muy participativa en Las Pérgolas de la Imaginación. Allí reunió a niños, lectores, familiares y amigos en torno a su universo literario infantil, un proyecto que ha construido durante los últimos años desde la fantasía, la educación emocional, los valores y una sensibilidad muy ligada a su trayectoria como maestro de Educación Especial.
“Para mí ha sido todo un honor que me hayan invitado para hacer este taller para el público infantil y para toda la familia”, explica Heredia. Pero el significado de la jornada fue mucho más allá de la programación. “Después de cuatro años de experiencia como escritor, sentí por primera vez un reconocimiento oficial a nivel de mi ciudad, un reconocimiento real. Sentí que todo el trabajo que he estado realizando, todo el esfuerzo y todo lo que hay detrás, que mucha gente no sabe lo que implica publicar cinco libros y estar en editoriales importantes, merecía la pena”.
Ese reconocimiento, asegura, lo vivió rodeado de sus seres queridos, de compañeros de profesión, de familias y de niños que ya forman parte de su camino como autor. Heredia habla de ellos con una gratitud constante. Los menciona como lectores, pero también como parte esencial de la energía que lo empuja a continuar. Muchos ya acuden a sus talleres sin necesidad de una llamada previa, reorganizan sus actividades para asistir y le preguntan por sus próximos libros. Esa respuesta, confiesa, le confirma que su trabajo está llegando.
La literatura infantil no apareció en su vida como una decisión repentina, sino como una prolongación natural de algo que siempre había estado ahí. Heredia recuerda que desde joven sintió la necesidad de escribir, de regalar cartas a sus seres queridos cuando ocurría algo importante, de llevar un diario y de expresar a través de las palabras aquello que no siempre encontraba otra forma de salir. Esa sensibilidad, explica, estaba unida a su vocación docente y a su forma de entender la infancia.
El primer momento en el que tomó conciencia de que podía desarrollar esa faceta llegó durante sus estudios universitarios. En uno de los trabajos de la carrera tuvo que escribir un cuento y, a partir de ahí, entendió que aquella inclinación podía acompañar su vida profesional. Al principio no lo veía como una profesión, sino como un hobby, una forma de expresión personal. Sin embargo, siguió escribiendo hasta que logró estabilizarse como maestro.
Fue en 2019, cuando obtuvo su plaza fija, cuando decidió dar un paso más. “Ahí dije: ahora sí creo que tengo la tranquilidad para dedicarme profesionalmente, para formarme, indagar y ver cómo poder publicar”, relata. A partir de ese momento comenzó a ordenar sus manuscritos, a registrarlos y a enviarlos a distintas editoriales. En 2021 recibió las primeras respuestas positivas. Entre esos textos estaban Paeztro, un pez maestro y La avispa Teva, dos obras fundamentales en el inicio de su trayectoria.
El proceso editorial, recuerda, fue intenso. Varias editoriales mostraron interés casi al mismo tiempo, algo poco habitual para un autor que todavía no era conocido. Heredia cree que la diferencia estuvo en el enfoque de sus obras: no eran cuentos infantiles concebidos solo desde la narración, sino proyectos con una dimensión emocional, educativa y pedagógica. Finalmente, La avispa Teva se publicó en abril de 2022 y Paeztro llegó después, en diciembre de ese mismo año.
Aquellos primeros pasos también estuvieron acompañados de una estrategia personal en redes sociales. Heredia cuenta que trabajó mucho para construir una comunidad de seguidores y lograr cierta presencia a nivel nacional e internacional. Antes del lanzamiento de La avispa Teva, llegó a reunir a miles de seguidores y consiguió que la portada de la obra fuera compartida desde diferentes lugares del mundo. Para él, aquella respuesta fue una señal de que el proyecto podía crecer más allá de Melilla.
La raíz de sus libros, sin embargo, no está en una estrategia, sino en las personas. Heredia afirma que su inspiración nace de la familia, de los vínculos y de una forma muy particular de mirar a quienes lo rodean. “Yo siempre digo que creo mucho en la luz de las personas, en el interior de las personas. Me gusta conocer a cualquier persona desde el interior, no desde una apariencia”, señala. A partir de esa mirada construye personajes, mundos y símbolos.
Su hermana inspiró La avispa Teva. Su madre, María del Pilar, está en el origen de Marypí. Un viaje para ir al cielo. También Paeztro, basado en una historia propia del escritor. Su hijo Jamie, aunque todavía no cuenta con un libro específico, aparece como símbolo en todas sus obras. Heredia explica que intenta captar aquello que cada persona le transmite y convertirlo en una historia que pueda servir también a los demás. “Mi inspiración parte del amor absoluto. Intento transformar lo que cada persona me inspira en algo que pueda ayudar y educar de algún modo”, resume.
Esa intención educativa es una de las claves de su literatura. Heredia no concibe sus álbumes ilustrados como cuentos aislados, sino como mundos integrados dentro de un proyecto mayor al que llama Mi Universo de Fantasía. En cada obra crea un espacio propio: el mundo del poder femenino en La avispa Teva, el mundo coralino de la sensibilidad en Paeztro, el mundo de los corazones bonitos en El hada de los niños especiales, el mundo de la vida eterna en Marypí y el universo vinculado a la simpatía con arte en El mono Kalé.
Detrás de esa estructura hay un proceso que él define como una profesionalización de la literatura infantil en la cual está decido a quedarse. No basta, dice, con tener sentimientos o saber escribir. También hacen falta técnica, conocimiento del público infantil, capacidad de síntesis y conciencia de que en un álbum ilustrado la imagen complementa al texto. Cada palabra debe estar adaptada, cada frase debe cumplir una función y cada ilustración tiene que formar parte del sentido global de la obra.
Por eso, Heredia se implica de forma muy directa en el trabajo con los ilustradores. Explica que en sus contratos deja claro que necesita mantener un vínculo estrecho con ellos durante el proceso creativo, porque para él cada personaje debe tener una identidad única. No quiere una avispa, un pez o un mono genéricos, sino figuras reconocibles, con un sello propio y una simbología coherente con el mundo al que pertenecen.
El autor reconoce que este trabajo exige mucho tiempo y una gran coordinación, pero también asegura que el resultado compensa el esfuerzo. Los colores, los objetos, las guardas, las escenas, los pequeños detalles visuales y hasta las actividades vinculadas a cada libro responden a una intención. “Todo tiene un porqué”, insiste. Esa búsqueda de coherencia convierte cada álbum en una pieza literaria, emocional y educativa.
La actividad celebrada en la Feria del Libro permitió ver esa filosofía en acción. Los niños participaron en un taller dinámico que incluyó el universo de El mono Kalé. Los pequeños respondieron preguntas, dibujaron, colorearon y se sumaron a distintas dinámicas del método educativo creado por Heredia, como el Gypsy Pasaporte, la Gypsy Bandera, el Gypsy Juramento y la Gypsy Relajación o Viaje Interior. La literatura se convirtió así en una experiencia colectiva, en una forma de jugar, aprender y compartir.
La jornada también tuvo momentos de una enorme carga personal. Uno de ellos fue el homenaje a su madre, María del Pilar, coincidiendo con su cumpleaños y con la presencia de Marypí en la actividad. Los niños y las familias participaron en la sorpresa, con tarta, velas y un “Cumpleaños Feliz” que convirtió la escena en uno de los instantes más emotivos de la tarde. También apareció su hermana Eva, inspiración de La avispa Teva, reforzando ese vínculo entre la obra literaria y la vida familiar del autor.
Para Heredia, estos momentos no son anecdóticos. Forman parte de la esencia de su escritura. Sus libros nacen de personas concretas, de vivencias reales y de emociones que después se transforman en fantasía. Esa mezcla entre realidad íntima y mundo imaginario es, precisamente, lo que permite que sus historias conecten con los niños y también con los adultos.
El escritor defiende que la literatura infantil puede interesar al público adulto cuando no se queda en la superficie. Sus cuentos, afirma, buscan generar sensibilidad, aprendizaje y conversación. No solo pretenden entretener, sino abrir preguntas, provocar reflexiones y ofrecer herramientas a familias y docentes. De ahí que sus obras cuenten también con guías educativas y materiales para trabajar comprensión lectora, inteligencia emocional y valores, desde un enfoque integral con epicentro en la infancia.
La respuesta del público en la Feria reforzó esa convicción. Heredia recuerda la imagen de las mesas llenas, los niños participando, las familias emocionadas y la firma avanzando casi sin descanso. La afluencia fue tal que tuvo que adelantar la firma y continuar hasta que el personal técnico comenzó a cerrar el espacio. “Termina todo y es como que hago un flash de tanto cariño y tanto amor transmitido a cada niño, a cada lector”, cuenta.
Ese vínculo con los lectores pequeños es, para él, uno de los mayores motores de su carrera. Cuando los niños lo paran por la calle, cuando le preguntan cuándo va a escribir otro libro o cuando acuden de nuevo a sus talleres, siente que el esfuerzo tiene sentido. Reconoce que dedicarse a la literatura infantil es un camino difícil, con mucha competencia y con barreras editoriales importantes, pero también cree que su proyecto está encontrando su lugar.
En ese camino, algunos hitos recientes han reforzado su confianza. Marypí. Un viaje para ir al cielo ha alcanzado la sexta edición nacional y se ha situado como una de las obras más destacadas de su editorial. El hada de los niños especiales ha llegado a una segunda edición. Además, Heredia ha sido invitado a espacios como la Feria del Libro de Madrid y recuerda con especial emoción su experiencia en la Feria de Sevilla, donde compartió espacio de firma con una de las autoras más prestigiosas en la literatura infantil Susanna Isern.
Aun así, habla de estos logros sin perder de vista lo que queda por alcanzar. Quiere que su obra sea cada vez más reconocida a nivel nacional y confía en que su Universo de Fantasía pueda seguir creciendo. También avanza que habrá novedades vinculadas a una posible adaptación teatral de Marypí, aunque todavía no puede revelar los detalles.
“Me siento muy agradecido y con muchísimas ganas de seguir escribiendo y creando”, afirma. Después de la tarde vivida en Melilla, esa gratitud parece haber adquirido una forma concreta: la de los niños sentados frente a él, los libros abiertos, las familias acompañando, las dedicatorias una tras otra y la sensación de que la fantasía, cuando nace de la luz interior de las personas que nos rodean y se trabaja con amor a la infancia, puede educar, emocionar y dejar una huella duradera.








