El Teatro Kursaal-Fernando Arrabal ha acogido en las tardes de ayer viernes y este sábado el espectáculo 'Flamenco pa' ti'. Una poderosa representación escénica que ha desgranado el origen diverso de este arte universal a través de una fusión de música, danza y teatro.
Este espectáculo ha sido organizado por la Consejería de Cultura, Patrimonio Cultural y del Mayor del Gobierno de la Ciudad Autónoma con motivo del Día Mundial de la Danza y se ha enmarcado dentro del ciclo Danzoria, una propuesta anual de las compañías locales Mirrolde Teatro, Ballet Colores y Zíngaros del Rif.
Además, Flamenco pa' ti ha contado con la integración de los artistas invitados Estefanía Saavedra, Yiya Carmona, Teresa Huici y Antonio Amaya ‘El Niño Amaya’.
Sobre el escenario, hasta una veintena de bailarinas y músicos en directo han ofrecido un viaje artístico que ha conectado culturas, emociones y tradición, permitiendo al público —aficionado o no al flamenco— disfrutar de una experiencia que combina cante, baile y guitarra.
No sólo los profanos en el flamenco, sino que los amantes de este arte y de la cultura en general han podido disfrutar de toda una muestra de este emocionante viaje histórico a través del cante, el baile y la guitarra que ha conectado culturas, emociones y tradición.
Viaje profundo
Este espectáculo ha hecho un recorrido por la genealogía mestiza del flamenco, desvelando un entramado de influencias que van mucho más allá de una única raíz. A la tradición gitana se sumaban los campesinos andaluces, las huellas árabes y sefardíes, las aportaciones africanas o incluso las conexiones con otras danzas indias y una fusión con el jazz.
El montaje ha contado con la dirección de Miguel Escutia, el texto de Sonia Rubiano, la dirección y adaptación musical de Mario Fernández y la dirección coreográfica de Merche Hurtado. Sobre el escenario, la propuesta ha reunido a una veintena de bailarinas, músicos en directo y un elenco ampliado con artistas invitados, cuya participación ha reforzado la dimensión musical y escénica del montaje.
Un lenguaje en constante transformación que ha hablado también del mestizaje social y cultural de siglos de historia y que ha tenido en Melilla un fiel reflejo.
El espectáculo ha incorporado una narración en la que se desgranaban episodios históricos, como el inicio de la diáspora del pueblo gitano, la gran redada, la expulsión de los hebreos y moriscos de la península o la esclavitud africana, entre otras.
Sobre el escenario, esa complejidad se tradujo en una propuesta que exige precisión y escucha constante. La danza —y el flamenco en esta ocasión— se ha revelado como una disciplina de enorme exigencia técnica, en la que el cuerpo debe dialogar de forma permanente con la música en directo. El ritmo, lejos de ser estático, se transforma en función de la interpretación musical, obligando a bailarinas y músicos a coordinarse en tiempo real.
También se han proyectado ambientaciones sonoras, proyecciones visuales y la presencia de un “duende” que ha actuado como figura simbólica y vehículo narrativo desde lo corporal, sin necesidad de palabra. Una narrativa sensorial que ha dado buena cuenta de la complejidad de esta propuesta escénica.
Con esta iniciativa, Melilla ha vuelto a sumarse a una celebración internacional que pone en valor el talento local y refuerza el compromiso institucional con la cultura, consolidando una cita ya habitual en el calendario cultural de la ciudad.
Danzoria
Este ciclo ha ido creciendo edición tras edición hasta consolidarse como una de las propuestas más singulares del panorama cultural melillense. Desde su nacimiento en 2022, el proyecto ha apostado por un lenguaje híbrido en el que la danza, la música y el teatro dialogan de forma constante, situando a la danza como núcleo vertebrador de la propuesta y motor de cada montaje, dotándola de un lugar central dentro de la creación escénica.
A lo largo de sus distintas ediciones, Danzoria ha transitado por territorios diversos: desde un recorrido por la historia de la danza hasta los bailes populares de España, pasando por la relación entre pintura y movimiento o el vínculo entre literatura y coreografía. Ese camino compartido no solo ha ampliado los horizontes temáticos del ciclo, sino que también ha permitido a las tres entidades implicadas - Ballet Colores, Mirrolde Teatro y Zíngaros del Rif- consolidar herramientas de trabajo cada vez más desarrolladas, elevando progresivamente el nivel de exigencia entre las partes y reforzando la cohesión de sus propuestas escénicas.
Flamenco
El flamenco es una expresión artística resultante de la fusión de la música vocal, el arte de la danza y el acompañamiento musical, denominados respectivamente cante, baile y toque.
Se encuadra en el triángulo geográfico que forman las minas de la Unión de Murcia, las dehesas y hogares de Extremadura o los campos, marismas y ciudades de toda Andalucía, considerada la cuna de este arte.
Aunque se han publicado numerosos estudios y teorías sobre su origen, éste sigue siendo incierto. Lo que sí conocemos es que responde al mestizaje presente en el sur de la península ibérica a lo largo de los siglos, donde la música arábigo-andaluza convivía con el sistema musical judío y las canciones populares mozárabes, y a lo que se unen las propias del pueblo gitano.
Su popularidad crecería desde el siglo XVIII hasta llegar a ser una de las manifestaciones culturales españolas más conocida por todo el mundo. La unión del cante como expresión vocal de gran personalidad, del baile como técnica compleja de expresión corporal con el uso de manos, pies y rostro y del toque como armonía melódica en forma de guitarras, castañuelas o cajas, hacen del flamenco una manifestación cultural única y múltiple, mostrado por los más de 50 palos o estilos que se le asocian.
El flamenco es sentimiento, identidad e industria. Se expresa tanto de modo privado como público, asociado a ceremonias, espectáculos o simple pasatiempo. Su comunidad, cada vez más numerosa, ha perpetuado su transmisión gracias a las peñas flamencas e incluso vínculos familiares y dinastías de artistas, que han transmitido la potencia creadora y la raíz folclórica del flamenco como base de sus vidas, dedicada al arte y a las costumbres que se derivan de él.
Día Mundial de la Danza
El Día Internacional de la Danza fue instituido en 1982 por la Unesco a propuesta del Comité Internacional de la Danza del Instituto Internacional del Teatro (ITI), fijándose el 29 de abril en homenaje al nacimiento del coreógrafo francés Jean-Georges Noverre (1717-1810), considerado uno de los grandes renovadores del ballet moderno.
Desde entonces, esta jornada se celebra en numerosos países con el objetivo de difundir el valor de la danza como disciplina artística y herramienta de expresión universal, promoviendo actividades culturales y mensajes anuales firmados por figuras destacadas del sector.








