La paz mundial se ha deteriorado. A fecha de abril de 2026, el mundo enfrenta graves conflictos armados, destacando la guerra entre Israel y Hamás/Irán en Oriente Próximo, la invasión rusa de Ucrania y los conflictos en Sudán, Yemen, Myanmar y Siria. En su último viaje, el Papa habló del uso de la religión con fines políticos y económicos.
El Faro de Melilla entrevista al historiador Onésimo Díaz sobre la paz, una paz que debe nacer en el corazón de cada persona. Díaz es autor de una trilogía de historia reciente: Historia de Europa en el siglo XX a través de grandes biografías, novelas y películas (2008), Historia de España en el siglo XX a través de grandes biografías, novelas y películas (2010), Historia del mundo en el siglo XX a través de grandes biografías, novelas y películas (2014), De León XIII a León XIV: qué ha hecho la iglesia por el mundo desde 1878 hasta la actualidad, es su última publicación.
-Las primeras palabras del pontificado de León XIV fueron dedicadas a la paz. El Papa lleva en el corazón la precariedad de la paz en el mundo. ¿Podría ahondar en este tema?
-Desde el comienzo de su pontificado, León XIV ha situado la paz como tema central, no como algo retórico ni secundario. Por ejemplo, en su primer mensaje tras la elección dijo: La paz sea con todos vosotros, dirigida a todos los pueblos, para que la paz de Cristo resucitado toque a todos los pueblos y se manifieste como una paz desarmada y desarmante.
Pienso que cuando se mira el contexto internacional —con múltiples conflictos abiertos, tensiones geopolíticas, sistemas que marginan a los pobres—, la paz no es algo dado ni seguro. La paz en el mundo actual es frágil, se quiebra con facilidad y se ve afectada por el odio, por la injusticia, por la desigualdad, por el miedo al diferente. La precariedad de la paz está manifestada en varios sentidos: los conflictos que no cierran, las sociedades en tensión y las estructuras políticas y económicas que dificultan una paz auténtica. Para León XIV esta delicada situación supone una llamada a la acción y también a la conversión, empezando por la conversión personal. De hecho, el Papa pidió a todos los católicos un día de ayuno y oración por la paz en el mundo.
-Rusia y Ucrania, Israel y Hamás, Yemen, Siria... son algunos de los conflictos abiertos en el mundo. Usted como historiador y sacerdote ¿Está preocupado?
-Un historiador ve que muchos de estos conflictos tienen raíces profundas: memoria, heridas antiguas, traumas nacionales, rivalidades geográficas, intereses económicos o políticos, identidades religiosas o étnicas. Como sacerdote, además de la dimensión histórica existe la dimensión cristiana, que es muchísimo más importante: el sufrimiento de personas inocentes, los desplazamientos, los huérfanos, la pobreza que se agrava, la pérdida de confianza y de esperanza. Todo esto me lleva todos los días en la Eucaristía a rezar por la paz y a pedir a otras personas que se unan a esta intención prioritaria del papa.
León XIV ha manifestado explícitamente su dolor por Ucrania, Gaza y otros lugares. Ha pedido alto al fuego y ha insistido en una paz auténtica, justa y duradera. Para el historiador, la paz nunca se logra de una vez y requiere voluntad política, social y espiritual. Como sacerdote, creo que la dimensión espiritual es clave: sin perdón y sin misericordia es muy difícil reconstruir la paz.
-¿Cuál es el papel del creyente en los conflictos?
-El creyente tiene varios roles fundamentales. Lo primero es la oración y ofrecer pequeños sacrificios a Dios: fuerza espiritual que cambia al que reza y lo abre al perdón. En segundo lugar, la solidaridad: acompañar a las víctimas, escuchando y ayudando. En tercer lugar, promover el diálogo y la reconciliación, buscando puentes en lugar de aceptar la enemistad.
Me parece que León XIV ha llamado a los creyentes a ser “servidores de paz desarmada y desarmante”, y a construir puentes. Este mensaje debería animar también a las personas de buena voluntad que no son católicas, pero que comparten el ideal de conseguir la paz en el mundo, como en el siglo pasado difundieron Gandhi o Mandela.
-El Papa habla del perdón como modo de alcanzar la paz. ¿Podría ampliar esta idea?
-El perdón es una dimensión esencial en cualquier proceso de paz verdadero. Libera al corazón del resentimiento, permite la reconciliación y abre espacio para la confianza. Es un gesto espiritual y ético de humildad y paradójicamente fortaleza. Se complementa con la justicia: no hay perdón sin verdad ni justicia sin misericordia. Puede ser individual, comunitario y social, necesario en sociedades marcadas por heridas históricas. León XIV ve el perdón como parte indispensable del anuncio evangélico de la paz.
-¿Cómo ser sembradores de paz? ¿Qué puede hacer cada uno en su pequeño mundo?
-Cada persona puede aportar, entre otras cosas, cultivar la paz interior mediante el perdón y la oración. Evitar la palabra cargada de connotaciones violentas y fomentar un lenguaje constructivo. Practicar actos de misericordia con los necesitados. Promover la verdad y la educación. Participar en iniciativas sociales y políticas de justicia. Unirse a la oración y ayuno por la paz. Por último, ser puentes en la diversidad cultural y religiosa.
Así, incluso en el ámbito más pequeño, se puede irradiar paz y contribuir a una sociedad más reconciliada. Me parece que los cristianos tenemos una bonita tarea de sembrar paz y esperanza en un mundo cada vez más violento y polarizado.
-De León XIII a León XIV: qué ha hecho la iglesia por el mundo desde 1878 hasta la actualidad, es su última publicación. Un pregunta crucial para comprender la historia reciente…
-Es un libro que invita a mirar los últimos ciento cincuenta años desde la perspectiva del magisterio, la acción y la influencia cultural de los papas. Recorro en este libro los grandes debates que han marcado la modernidad: la democracia y dictaduras, libertad, derechos humanos, guerras mundiales y procesos de paz, educación, ecología, educación, papel de la mujer, cultura popular y los dilemas sociales que siguen vivos.








