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Inicio » Cultura y Tradiciones

Helena Segura Alemany transforma el cuento '¿Qué hace un dragón enamorado?' en emociones ilustradas

Su trazo colorista, expresivo y dinámico conecta infancia, maternidad y vocación artística en cada página

por Alejandra Gutiérrez
25/01/2026 13:55 CET
Helena Segura Alemany transforma el cuento '¿Qué hace un dragón enamorado?' en emociones ilustradas

Helena Segura Alemany realizando una dedicatoria personalizada de su libro a un niño. -Cedida-


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Desde muy pequeña, Helena Segura Alemany tuvo claro que quería dedicar su vida al arte. “Cuando era niña y hojeaba libros, soñaba con pintar historias, con crear personajes”, recuerda desde Canaria, su actual residencia. Mientras otros compañeros aún no sabían a qué se dedicarían, ella, a temprana edad, visualizaba una profesión construida en base a imágenes, expresiones y colores.

Con el apoyo de sus padres, aunque no exenta de advertencias de su entorno sobre la supuesta falta de salidas laborales, Helena Segura apostó por el arte. Tras obtener sobresalientes en el Bachillerato Artístico, se matriculó en la Facultad de Bellas Artes de Granada, donde pronto se vio interesada por la animación. Allí vivió un punto de inflexión gracias a su profesor de dibujo técnico, Juan Beltrán, quien supo ver en sus ilustraciones una sensibilidad especial a través de la expresividad de las facciones de los personajes que dibujaba.

Beltrán fue quien la animó a unir la emoción y la técnica, y también quien la invitó a conocer de cerca el autismo. A partir de ese impulso nació su tesina final, una investigación en la que abordaba la relación entre ilustración, comunicación emocional y autismo. Esa experiencia marcaría su forma de mirar y de dibujar: con atención al gesto, al rostro, al matiz expresivo que detalla con profundidad en sus ilustraciones infantiles.

Con el tiempo, y ya como madre, su inspiración encontró nuevas raíces. Su hijo Jorge aprendió a leer con Las divertidas aventuras de las letras, de Pilar López Ávila. Fue precisamente a través de ese vínculo lector como Segura se acercó a la escritora, a la que contactó por Instagram para agradecerle lo que sus libros habían significado en casa. La respuesta fue inesperada y emocionante: López no solo le contestó, sino que la invitó a conocerse en persona. Poco después, le propuso ilustrar ¿Qué hace un dragón en invierno?. “Fue mágico”, resume Segura. Y lo fue porque no solo cumplía un sueño profesional, sino porque cerraba un círculo; Ilustrar un libro de la autora favorita de su hijo no era un encargo más: era un gesto profundamente personal.

Tras este primer trabajo conjunto, llegó ¿Qué hace un dragón enamorado?. Para abordar cada proyecto, Helena Segura comienza por leer el cuento detenidamente. “Cuando leo un texto, empiezo a imaginarlo como si fuera una película de animación”, explica. Piensa cada doble página como una secuencia visual, y a partir de ahí construye los bocetos. La ilustradora lleva siempre una libreta encima: dibuja en casa, en clase, en cualquier momento libre. Después traslada esas ideas al entorno digital, trabajando con una tablet y el programa Procreate. Un hábito que esta melillense trata de trasladar a sus alumnos de secundaria, a través del cual sus alumnos llegan a clase con diferentes dibujos que mostrarle.

Su estilo personal en este cuento se caracteriza por la expresividad de los personajes, que cobran vida gracias a sus gestos exagerados y posturas dinámicas. “Me pongo en su piel. A veces una emoción no se entiende del todo hasta que le das más intensidad al trazo, a la mirada, al movimiento”, explica. Sus escenas, basadas en el estilo clásico que durante décadas han inundado cuentos infantiles, no son planas, sino que destacan su presencia sobre el fondo a través de la definición de sus trazos, del color y las texturas. La perspectiva también juega un papel esencial, permitiéndole colocar al lector dentro del espacio, jugando con el punto de mira, según lo requiera la acción, así como le inspire a la propia obra cada escena.

El color es otro de los lenguajes comunicativos fundamentales en sus ilustraciones. Para Helena Segura, no es solo un aspecto estético; es emoción. Elige paletas vibrantes, tonos que atrapan, combinaciones que crean atmósfera mágicas que atraen al lector y lo llevan a un mundo de fantasía. “A los niños les entra por los ojos. El color es lo primero que les engancha”, sostiene. No obstante, esta ilustradora colorista aprecia también las obras infantiles en las que la gama cromática es reducida y los toques de color aportan destaques y contrastes significativos.

Aunque la técnica empleada en este cuento es digital, Segura imita técnicas tradicionales como la acuarela o las ceras, para conservar esa calidez de lo hecho a mano. Unos materiales que emplea también en otros proyectos marcados por los pinceles, las aguadas y la espontaneidad del trazo manual analógico. Proyectos en los que también aparecen la vitalidad del color, tal vez como una marca personal que aporta la artista a cada una de sus obras, sin importar la técnica o el soporte sobre el que trabaje. “Me dicen mucho que les gusta cómo mezclo los colores, cómo los hago convivir sin que se peleen”, destaca.

A esa riqueza cromática se suman las texturas, las cuales Segura considera clave para dotar de vida a sus ilustraciones. Usa pinceles digitales que simulan papel rugoso, acuarela húmeda o trazos de cera. Esas texturas aportan volumen, ritmo y movimiento. “Me gusta que se note el trazo. Una superficie perfecta no transmite nada. Pero una con textura sugiere que algo se mueve, que algo está pasando”, explica. En sus dibujos, una cola de dragón ondula, una lágrima resbala con peso, una flor parece latir. Todo se mueve, todo vibra.

Esa atención al detalle también se refleja en el diseño narrativo del libro. Por ejemplo, las guardas —las páginas que abren y cierran el cuento— incluyen pequeñas animaciones visuales: un dragón que estornuda, una princesa que reacciona. Y, a propuesta del editor, hay también páginas en blanco y negro que los niños pueden colorear. “Me pareció una idea preciosa. Los lectores participan, dejan su huella en el libro, y eso lo convierte en un recuerdo único”, describe Segura.

 

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Además de ilustradora, Segura es profesora de Educación Plástica y Visual en Secundaria. Para ella, ambas facetas están íntimamente conectadas. En clase anima a sus alumnos a crear, a contar historias visuales, a perder el miedo al error. “Muchos llegan diciendo ‘yo no sé dibujar’, y se sorprenden al ver lo que son capaces de hacer cuando conectan con una emoción”. Utiliza ejercicios donde sus estudiantes trabajan perspectiva, composición y personajes, a veces vinculados a fechas especiales o temáticas emocionales. “Les enseño que ilustrar es una forma de pensar”.

Aunque ha abrazado el formato digital, Segura no ha dejado atrás las técnicas tradicionales. Le encanta pintar con acuarela al natural, especialmente en la playa, donde además utiliza agua de mar para dar vida a sus paisajes, permitiéndole una conexión literal con el entorno. Lo artesanal sigue siendo parte de su creación artística valorando cada mancha, cada imperfección.

En paralelo, participa en proyectos culturales y solidarios. Uno de los más especiales ha sido Cocodrilo sueña, un cuento destinado a la infancia cubana, cuyas ilustraciones han sido impresas en camisetas y materiales educativos. También trabaja con el escritor melillense Israel Campos en futuros libros, y mantiene colaboraciones en Valencia. La diversidad de formatos y públicos le permite experimentar, crecer y seguir aprendiendo.

Pero en este camino artístico también ha encontrado sombras. Segura se muestra crítica con el uso de inteligencia artificial en el campo de la ilustración. “Hay autores que usan IA para ilustrar libros. Aprietan un botón y tienen una imagen. Pero eso no es ilustrar. No hay proceso, no hay emoción”. Asegura que, aunque se disimule, el resultado se percibe frío, carente de intención. Frente a eso, ella reivindica el valor del trazo humano. “Una ilustración digital hecha a mano, por muy moderna que sea, tiene detrás horas de trabajo, de decisiones conscientes, de sentimiento”. Celebra que algunas editoriales ya estén rechazando proyectos generados con IA, y confía en que tanto autores como lectores aprendan a diferenciar lo auténtico de lo artificial. “El público tiene derecho a saber qué está viendo. Una historia contada con imágenes reales se nota”, apuntilla.

Helena Segura Alemany continúa construyendo su camino como ilustradora con la misma pasión que cuando era niña. En cada dibujo que realiza hay una parte de su imaginario, de su inspiración y de su dedicación artística. Como los personajes que presenta en este cuento en los cuales habitan emociones representadas a través del lenguaje visual de las expresiones faciales y corporales que trabaja con ahínco. O en las dedicatoria que realiza con rotuladores Posca a quien le pide una dedicatoria, que ella hace con agradecimiento pero también con personalidad propia, pareciendo que se tratase de ilustraciones impresas. Pero no, son dedicatorias únicas y espontáneas. Y es ahí, en ese lugar indivisible entre texto e imagen, donde Segura ha encontrado su voz como narradora visual.

Tags: ¿Qué hace un dragón enamorado?Helena Segura Alemany

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