La llegada de la Cuaresma supone cada año una invitación a la pausa, al recogimiento y a la reflexión interior para miles de cristianos. Este 2026, el tiempo litúrgico cuaresmal comenzará el miércoles 18 de febrero, con la celebración del Miércoles de Ceniza, una jornada cargada de simbolismo que da inicio a los cuarenta días de preparación para la Semana Santa y la Pascua.
En Melilla, ciudad profundamente vinculada a la tradición cofrade, este periodo se vive de manera intensa tanto a nivel personal como colectivo. Las hermandades afinan su preparación espiritual y organizativa, conscientes de que la Cuaresma no es solo antesala de las procesiones, sino un tiempo de conversión y renovación de la fe.
En este contexto, El Faro de Melilla ha conversado con Carlos Rubiales, cofrade y director de Cruz de Guía, quien ha reflexionado sobre el significado de la Cuaresma, el valor del Miércoles de Ceniza y el papel que desempeñan las cofradías en este tiempo litúrgico.
Vivencia personal
Para Carlos Rubiales, la Cuaresma debe vivirse desde la coherencia con lo que marca el calendario litúrgico. A nivel personal, asegura que este tiempo es, ante todo, una preparación interior que todo cristiano está llamado a realizar.
“Yo la vivo según lo que es el tiempo litúrgico, es decir, como una preparación, con la oración, con los sacramentos, con el sacramento de la reconciliación, de la eucaristía y con un profundo recogimiento, preparándome para la Semana Santa”, explica.
Esta vivencia no se limita a una serie de actos externos, sino que implica una actitud consciente de introspección, silencio y revisión de vida, algo que cobra especial importancia en una sociedad marcada por la prisa y la saturación constante.
Miércoles de Ceniza
El Miércoles de Ceniza es uno de los días más significativos del calendario cristiano. Con la imposición de la ceniza, los fieles recuerdan su condición humana y la necesidad de conversión. Para Rubiales, su significado es claro y profundamente espiritual.
“Es el inicio de la Cuaresma, donde uno se reconoce pecador, donde uno se reconoce débil ante el Señor y donde lo principal es ese gesto de conversión al imponer la ceniza en la cabeza”, señala.
La ceniza, símbolo de lo efímero, invita a detenerse y reflexionar sobre el rumbo de la propia vida. “Es una parada necesaria en la vorágine diaria para preguntarnos qué estamos haciendo mal y qué estamos haciendo bien”, añade, subrayando la dimensión introspectiva de este día.
Valores y actitudes
La Cuaresma es tradicionalmente un tiempo para reforzar valores esenciales del cristianismo. En este sentido, Carlos Rubiales destaca la conversión como eje central del camino cuaresmal.
“Lo que te dicen al imponer la ceniza lo resume todo: conviértete y cree en el Evangelio. Es la conversión, la lectura pausada del Evangelio y ver cómo Cristo prepara su vida para el momento crucial de la Pasión y Muerte, pero también para la Resurrección”.
Este proceso implica un compromiso personal con la oración, la caridad y la escucha atenta de la Palabra, entendiendo la Cuaresma no como un tiempo de tristeza, sino como una oportunidad para crecer espiritualmente.
La preparación
Mientras los fieles viven la Cuaresma desde lo personal, las cofradías afrontan además una intensa labor organizativa. La Cofradía de la Castrense, al igual que el resto de hermandades melillenses, ya se encuentra inmersa en los preparativos de la Semana Santa.
“Todas las cofradías ya están trabajando para hacer que la Semana Santa luzca lo mejor posible”, afirma Rubiales.
Retiros espirituales, triduos, cultos y momentos de oración forman parte de una preparación que va mucho más allá del aspecto estético de las procesiones. El objetivo es transmitir un mensaje de fe a través de lo que Rubiales denomina “el mensaje plástico” que las estaciones de penitencia llevan a las calles.
Junta de Gobierno
Dentro de las hermandades, la Junta de Gobierno desempeña un papel clave durante la Cuaresma. Su función no se limita a la organización, sino que tiene una clara dimensión pastoral y espiritual.
“La Junta de Gobierno tiene que incentivar esa devoción y llevar adelante todos los preparativos, siempre con la colaboración del resto de los cofrades”, explica el cofrade.
Este trabajo conjunto busca fortalecer el sentimiento de hermandad y favorecer la participación activa de los hermanos en los cultos y actos cuaresmales.
Objetivos cuaresmales
Preguntado por los objetivos concretos de la cofradía para esta Cuaresma, Rubiales lo tiene claro: no hay grandes cambios, pero sí una renovación constante del compromiso.
“Los objetivos son los mismos de todos los años: esa preparación interior para que luego salga lo mejor de cada uno y que las procesiones, los oficios del Jueves y Viernes Santo y la Vigilia Pascual se celebren con toda la solemnidad que merecen”.
La constancia y la fidelidad a la tradición se convierten así en pilares fundamentales del camino cuaresmal.
Participación de los hermanos
En un contexto social marcado por la comunicación digital, las cofradías también han sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Las redes sociales se han convertido en una herramienta clave para fomentar la participación.
“Hoy día tenemos muchas herramientas, sobre todo las redes sociales, donde se comunica todo lo que se va a hacer para que el mundo esté informado”, señala Rubiales.
A partir de ahí, la participación queda en manos de cada hermano, “desde su libertad, según su tiempo y su disponibilidad”, en un ejercicio de fe vivido de forma personal pero compartida.
Con el Miércoles de Ceniza como punto de partida, la Cuaresma se presenta un año más como un camino de conversión, preparación y esperanza. Un tiempo en el que Melilla, a través de sus cofradías y fieles, se dispone a vivir intensamente el misterio central de la fe cristiana: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.








