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El barrio Falda de Camellos, la Melilla que no sale en las fotos

Los vecinos cuentan las historias que se esconden detrás de sus 214 escalones: Testimonios que revelan una comunidad tranquila y unida, pese a las averías constantes y la evidencia de abandono

por Carmen González
14/11/2025 21:47 CET

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Subir los 214 escalones que conectan el barrio de El Tesorillo con el Barrio de La Victoria, atravesando la ladera del Cerro de Camellos, no es solo un ejercicio físico. Es un recorrido que transporta al visitante a un rincón donde la historia, la geografía y la vida cotidiana se mezclan en un paisaje que muchos desconocen pero que los vecinos sienten como parte inseparable de su memoria. Los peldaños, numerados en cuenta atrás para que quien ascienda sepa cuánto le queda, marcan el inicio de un viaje hacia un barrio con personalidad propia.

Falda de Camellos está asentado sobre la loma del Cerro de Camellos, uno de los cerros clásicos que rodean la antigua Melilla. Las calles y viviendas, adaptadas al desnivel natural del cerro, parecen sostenerse entre terrazas que mantienen la topografía original. Es un barrio donde la ciudad no ganó terreno a la naturaleza, simplemente aprendió a convivir con ella.

Un barrio que se reconoce a sí mismo

Si algo repiten los vecinos es que Falda de Camellos se define por su gente. “Aquí nos conocemos todos”, explica un residente. “Si alguien viene de fuera, lo sabemos al instante. No a malas, sino porque estamos pendientes unos de otros”.

La unión vecinal es la mayor fortaleza del barrio. En verano, los bancos se llenan de conversaciones que se prolongan hasta altas horas de la noche. Las calles apenas registran tránsito, salvo por quienes viven allí o quienes usan las escaleras para conectar con La Victoria. “Es muy tranquilo”, asegura una vecina joven. “Aquí podemos estudiar, descansar. No hay ruidos, no hay conflictos”.

Incluso los estudiantes recién llegados coinciden. La vida en Falda de Camellos es calmada y segura. “Se vive muy bien”, dicen. “Si hay algo malo es tener que subir y bajar siempre las escaleras. Pero en general, estamos encantados con el barrio y sobre todo con los vecinos”.

Sombras que acompañan al barrio

Pero el barrio también arrastra problemas históricos. La falta de mantenimiento es la queja más constante. Tuberías que se rompen, colectores antiguos, apagones frecuentes cuando llueve, muros con desconchones, coches a toda velocidad y grafitis por casi todas partes.

“Los barrios estamos discriminados”, asegura un vecino. “En el centro, cualquier problema se arregla de inmediato. Aquí podemos pasar días sin luz o con cortes de agua”. La indignación es compartida por quienes han visto pasar décadas y pocas mejoras.

La limpieza es otro problema. Escalones descuidados, muros con grafitis que datan de 2007 dan la sensación de abandono. Las colonias de gatos también contribuyen a la percepción de descuido, sobre todo en la parte baja de la ladera.

Tránsito de paso, barrio de vida

Aunque se siente escondido, Falda de Camellos está estratégicamente ubicado. La escalinata que conecta El Tesorillo con La Victoria es un paso obligado para quienes tienen que subir a la parte alta de Melilla. Este tránsito no genera grandes problemas, aunque a veces trae discusiones o ruidos de visitantes que no forman parte de la comunidad.

El vial construido sobre parte de la escalera, para permitir el paso de coches, ha modificado la tranquilidad en algunos tramos. Las señales de velocidad no siempre se respetan, y el tráfico de motos rompe, ocasionalmente, la calma cotidiana del barrio.

Aun así, la sensación general es de seguridad. Falda de Camellos es un barrio residencial donde predomina la vida tranquila y la convivencia pacífica.

La transformación silenciosa

Quienes han vivido allí desde niños recuerdan un barrio muy distinto al actual. Las casas mata, pequeñas y humildes, dominaban la ladera. Con el tiempo, muchas fueron reformadas o reemplazadas por construcciones más modernas. “La mía era una casa mata normal y corriente. La reformamos entera. Y así hicieron muchos vecinos”, relata un residente veterano.

Hoy sobreviven pocas viviendas originales, aunque algunas permanecen como testigos silenciosos de otra época. Las reformas han mejorado la comodidad, pero ciertos tramos del barrio aún muestran el paso del tiempo y la necesidad de intervenciones urgentes.

Una comunidad que sostiene lo que las instituciones no alcanzan

Falda de Camellos es un barrio que se mantiene gracias a sus vecinos. Las infraestructuras muestran desgaste, pero las relaciones humanas permanecen sólidas. La cercanía, la vigilancia mutua y la solidaridad entre residentes definen la vida diaria y permiten que el barrio funcione a pesar de las carencias.

Los testimonios revelan un barrio con identidad propia, donde la convivencia prevalece sobre los problemas estructurales. Aquí la historia se cuenta en cada escalón, en cada muro y en cada encuentro entre vecinos.

Quizá por eso Falda de Camellos es la Melilla que no sale en las fotos. No aparece en los folletos turísticos, no presume de modernidad inmediata, pero es un lugar donde la vida cotidiana se siente, se comparte y se protege.

Subir —o bajar— los 214 escalones que conectan El Tesorillo con La Victoria no es solo un esfuerzo físico es una manera de adentrarse en un barrio que resiste, día tras día. Un barrio que demuestra que la verdadera Melilla no está en las fotos que la Ciudad publicita, sino en quienes luchan por mantenerla viva y donde la comunidad es más fuerte que cualquier abandono.

Tags: Noticias de Melilla

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