La emblemática Plaza de España de Sevilla, uno de los enclaves más visitados y fotografiados de la capital andaluza, es también un recorrido visual por la geografía de España tal como se concebía en 1929. Con sus 48 bancos cerámicos dedicados a cada una de las provincias españolas de entonces, el conjunto ofrece una representación territorial que deja fuera a dos ciudades con gran relevancia actual: Ceuta y Melilla.
Estos bancos, dispuestos en forma de semicírculo y situados en la base del edificio principal que abraza la plaza, están decorados con vistosos azulejos que muestran mapas, escudos heráldicos y escenas históricas o costumbristas de cada territorio. Fueron elaborados con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929 y constituyen un homenaje artístico a la unidad y diversidad del país.
Sin embargo, Ceuta y Melilla no aparecen en esta composición cerámica. ¿Por qué? La razón es histórica: en aquella época no eran consideradas provincias. La división administrativa de España que se tomó como referencia fue la establecida en 1833 por Javier de Burgos, que organizó el territorio en 49 provincias. No obstante, solo 48 fueron representadas en la plaza, excluyendo así a estas dos ciudades del norte de África.
Este hecho ha despertado curiosidad entre muchos visitantes que, al recorrer los bancos, notan la ausencia de ambas ciudades. Aunque hoy gozan del estatus de ciudades autónomas, con un reconocimiento político-administrativo importante dentro del Estado, en 1929 su situación era muy diferente. Su exclusión no se debió a un descuido ni a una discriminación, sino a una realidad territorial y jurídica distinta a la actual.
En contraste, Sevilla es la única provincia que cuenta con dos bancos cerámicos en la plaza. Uno de ellos representa a la provincia como las demás, mientras que el segundo está dedicado específicamente a la ciudad de Sevilla. Este doble reconocimiento tiene su explicación en el papel que jugó la capital andaluza como sede de la Exposición Iberoamericana, que motivó la construcción de la plaza y de todo el entorno del parque de María Luisa.
Los bancos fueron elaborados por reconocidos talleres de cerámica sevillanos y constituyen un ejemplo destacado del estilo regionalista. Cada uno combina elementos arquitectónicos y pictóricos que los convierten en una auténtica galería al aire libre. Con el paso del tiempo, el conjunto ha adquirido un importante valor patrimonial y artístico, y está protegido como parte del patrimonio histórico de la ciudad.
La ausencia de Ceuta y Melilla se convierte así en un reflejo de cómo el contexto histórico puede marcar la presencia o ausencia de territorios en espacios emblemáticos. No es el único caso peculiar: también hay representaciones de regiones como Galicia, que se incluyó como unidad cultural e histórica, o de las islas canarias, que aparecen representadas aunque no con el criterio provincial actual.
Hoy en día, tanto Ceuta como Melilla figuran plenamente en los mapas administrativos de España, tienen representación parlamentaria y gozan de instituciones propias. Pero su falta de presencia en la Plaza de España sigue siendo una anécdota histórica que, sin alterar su estatus actual, ofrece una lección sobre la evolución territorial del país.
Así, la Plaza de España no solo es un lugar de valor arquitectónico y turístico, sino también un documento físico de cómo se concebía el país en un momento concreto. La omisión de Ceuta y Melilla no responde a criterios actuales, sino a una configuración administrativa ya superada. Una muestra de cómo el arte urbano puede recoger, de forma duradera, la fotografía de una época.









Yo pondría un árbol por cada ciudad...