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Sonatas para (el triste) otoño (IV)

25 años de La Algaba

por Antonio Gutiérrez
19/10/2025 08:00 CEST
Sonatas para (el triste) otoño (IV)

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Queridísimos;

¿De qué escribir hoy? ¿Volvemos a contemplar de nuevo el chafarrinón grotesco en el mural patrio? Cuando digo chafarrinón, es por no decir mancha, borrón, manchurrón, deshonra, descrédito...

¿Asistiremos de nuevo al sainete que Abalos, Begoña, Koldo, y demás familiares y afectos tienen montado con los jueces?

¿Deberemos escuchar, otra vez, a la ex alcaldesa de Puertollano, sedicente ministra de Vivienda, que en Melilla no se inaugura ningún piso, o vivienda sin su presencia?

¿O acaso también hemos de ver cómo la ex alcaldesa de Puertollano continúa demostrando que, o bien desconoce cuáles son las causas de la actual crisis del sector inmobiliario o bien obvia con fines partidistas, que la responsabilidad de los altos precios de los pisos recae, principalmente, en el Gobierno y su política en materia de vivienda?

¿Hemos de asistir, como si nada, a la amenaza proferida por la referida a la presidenta de la comunidad de Madrid, de que aplicaría el artículo 155 de la Constitución para intervenirla?

¿Y qué decir de la sedicente ministra de Sanidad dando idas y venidas con el "blindaje" de la ley del aborto o de sus ocurrencias, sobre el destino de orangutanes, gorilas y otros simios y antropoides?

Mejor no despejar los interrogantes, porque el despeje sería peor que los que hacía Telechia, ardoroso defensa del Real Betis Balompié, cuyos despejes del balón no eran precisamente su fuerte.

¿Entonces? Pues entonces hay que rebobinar e ir 25 años casi atrás y escuchar otra vez aquel "Clarín, revista hablada de toros", que emitía Radio Nacional con Fernández Román al frente y escuchar aquel 22 de octubre de 2000, la voz trémula del locutor preguntar "¿Cómo?  ¿Qué está usted diciendo maestro"?, cuando el gran Romero le anunció su retirada para siempre del mundo del toro.

Digo que hay que irse allá, porque el domingo pasado Morante, se quitó la coleta (que no cortó), en las Ventas, después de poner aquello boca abajo.

De aquel cartel de La Algaba, Curro y Morante, quedan recuerdos y esencias del barroco arte de torear.

Decía Emilio Vara el otro día y así lo dejó escrito en el papel de estraza de "Casa Moreno", gloriosa taberna cabe el Arenal sevillano, donde recalo en cuanto puedo, que "Morante es tan grande, que ha decidido ser un mito sin que lo mate un toro en la plaza". Como Curro, añado yo que soy currista de estricta observancia.

Ahora con la ida de Morante de la Puebla, hemos disfrutado con análisis sesudos y como diría Navarro Antolín en el "Diario de Sevilla", hemos digerido los inevitables pregones trufados de lenguaje maximalista y afectado. Es lo natural. Hay muchos cultivadores de ripios en esto y en los pregones de la Semana Santa.

Yo, que prefiero ser barroco a parco de expresión, voy, sin embargo, ahora, en este recuerdo de aquella tarde del 15 y de tantas tardes gloriosas y benditas, a quedarme con los gestos del maestro, sobriedad en el gesto y en la regla, que han hecho que la Fiesta Nacional se haya venido arriba, pese a el fuego graneado de los francotiradores de la frustración y el resentimiento. Así: llenar dos veces en un día las Ventas, el lunes 13 a su conjuro ausente, la Maestranza, dar facilidades para que retransmitan festejos de primer nivel....

Aún resuenan la trompetería de los parabienes, repaso a la trayectoria-¡como sí hiciera falta! - lamentos, miedo al futuro sin la presencia del maestro... ¡yo que se!

Pero como siempre, los taberneros de Sevilla dan con el "quid". Nos decía Carlos Navarro Antolín, que don Mariano García, dueño del restoran "Donald", calle Canalejas (¡que arte de ensaladilla!), pintaba en Radio Sevilla el otro día esta media verónica: "No podemos ser egoístas y querer ver siempre el genio de Morante. Quienes quieren al toreo, deben ver la persona que hay detrás del genio y respetar sus decisiones ". Ooooleee.

Si. ooooleee, porque faltaba esa mijita de humanización del héroe, faltaba ese"cirineo" que ayudase mentalmente aquel calvario, de aquella eterna y agónica salida a hombros, de aquel colapso en la calle de Alcalá, de aquel beso a la bandera del hotel, -frenesí glorioso -, ya, con la noche caída como una bandada de vencejos como la que ronda la Maestranza a partir del quinto toro, cada tarde de toros con derecho a Giralda.

Jose Bergamín nos apunta en su "Obra Taurina", que Ignacio Sánchez Mejías, que fue famoso por su muerte y romance lorquiano, decía que "que lo más peligroso que se puede hacer en el toreo, es hacer trampas". Bergamín, con su pizca de mostaza añadía: "y lo decía él que las hacía todas e inventó muchas más"...

Por eso yo siempre he sido partidario, -si partidario-de los maestros que la plebe denomina "artistas", en un desesperado e inútil intento de contraponer estilo y valor.

Ahí están las cogidas de Morante, las cicatrices de Curro, las rodillas molidas de Paula, los huesos rotos de Antoñete....

Todo mito, todo héroe taurómaco, se enfrenta siempre con la soledad; Manolete, Belmonte (llevado este al extremo, del tiro que resonó en su finca y se lo llevó para siempre), José, Curro, ahora Morante. Ahora que para soledad soledad, la de Rafael "el Gallo", que no se debió enterar que había estallado la Guerra de España, pues cuando ya se llevaban más de cuatro meses de contienda preguntó a un amigo:

"Oye tito ¿qué es lo que pasa con tantos soldados"?

Dos solitarios de aquel cartel del festival de Andex en la Algaba: Curro resistiendo los derrotes de la enfermedad; Morante a cuesta con ella por encima de frenesís, de óles, de ditirambos e incluso de las ufanías de las tardes gloriosas.

Por eso yo me he ido hoy al recuerdo de aquel cartel de La Algaba de hace 25 años, en vez de hacerle propaganda a los filibusteros, a los pillastres y a los maleantes. Ahí quedó.

El que quiera más que venga mañana.

Que no le falte agua al elefante.

 

 

Tags: abortorecuerdo

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