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Otoño en gris

Por Antonio Ramírez
21/09/2025 10:32 CEST
Otoño en gris
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Es el continuo retornar, la vuelta de casi todo, el adiós de lo intenso y el anuncio de un invierno que aunque llegue, presumiblemente tardará. Es el otoño, estación y factor que atenúa tanto, que acorta el día en beneficio de la noche; que aboca la rutina a tantos hogares y vida en común que se desperezan del sopor del estío y todos sus condicionantes.

Es el regreso para recargar la realidad y que esta deambule con autoridad y sin tregua porque aunque el ambiente estacional mengue, otras circunstancias se acentúan. Y se acentúa, puede que más que nunca, el ardor político en clara divergencia con las necesidades reales de la gente y en la imprescindible humanidad. Es un momento en el que la persecución de la futilidad de la memoria se afana con ahínco.

Porque no se debe olvidar que hacer tabla rasa contra un pueblo en la búsqueda de culpables del terror o por el sencillo y letal motivo racial llevándose por delante de manera sistemática, entre otras inocencias, la infancia y la vida de los más pequeños y débiles, ya tuvo cruel protagonismo en la Historia y es igualmente terror, si acaso, más injusto aún. Terror sujeto a intereses políticos, económicos, territoriales o de simple supremacismo. Terrible.

Hoy, un episodio de errancia humana en un camino lleno de sufrimiento y muerte tiene lugar para recordar cuán distantes están los polos políticos en el mundo institucional que nos atañe. Gaza pone al descubierto en qué orden de prioridades están los valores humanos más inalienables, en qué lugar se defienden y con qué intención se utilizan para defender o estrategias de partido y, por ello, de la ideología que la sustentan. Los cálculos de un poder que se ansia suplantan al recuento de la cruenta desgracia de un número de vértigo de personas.

La tragedia y el horror tendrán consecuencias, sin duda, heridas abiertas o cicatrices que se resistirán a desaparecer. Las primeras en quienes lo sufren ahora y en la extensión que les quede de vida. Las segundas, en quienes fueron lo suficientemente indiferentes o, incluso, contrarios, a reconocer este nuevo fracaso de la Humanidad. Nada de profecía tiene esto, sino la constatación de hechos que la Historia arrojó en otros episodios de criminal y generalizada “razzia oficial”. El odio siempre cosecha odio.

Impera el ruido por encima de las palabras quietas para no llamar a la conciencia –cuando se tiene, claro- que, aún cuando sean discordantes, pueden llegar a algún estuario de acuerdo. Y que, pese a que fuese débil, produce más que el diálogo a tortas. Y aunque los acuerdos y la imprescindible mínima sintonía en la protección de esa escala de principios y valores como base del “convivir” no lleguen a solucionar problemas de un ámbito supranacional, quedará, al menos, la sensación de la voluntad y la opinión expresada común no decepcionan a la vida de las personas en situación límite y cerca del abismo de su ocaso.

Los gobiernos o los partidos que los sustentan no son la generalidad de la gente, ni su conciencia e intereses son los mismos que ella o, al menos, poco coincidentes, con los de esa generalidad. Tampoco, visto lo cual, esos valores son los que incitan a esa máxima en política sobre que quienes la ejercen y tienen responsabilidades deben parecerse lo más posible a la gente. Estamos, quizás, en una inmejorable oportunidad.

Por el contrario suelen ser iracundos portavoces quienes por encargo -es bueno dudar de su convicción real que suele a menudo expresarse en privado-, con lenguaje disperso, a veces evasivo, otros histriónico, trazan una capa de niebla con tal de mantener en fragor del enfrentamiento, la polarización e incuso la radicalidad política. Otoño en gris.

Tags: grisotoño

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Comments 1

  1. Zacarias comentó:
    hace 1 año

    Es bueno dedicarle un pensamiento a la reflexión.

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