El Faro de Melilla ha conversado con dos melillenses que han recibido la Medalla de Oro, el máximo reconocimiento que concede la Ciudad Autónoma: el dibujante y pintor Carlos Baeza, galardonado en 2022, y el facultativo especialista en Radiología Enrique Remartínez, premiado en 2024. Ambos comparten no solo la emoción de haber sido distinguidos, sino también una profunda conexión con Melilla, que impregna sus vidas y carreras.
Un galardón inesperado y emotivo
Carlos Baeza recuerda con precisión el momento en que recibió la noticia de su distinción: “La verdad es que fue un orgullo que me dieran la medalla, y más cuando no lo sabes. No te lo esperas. Que te elijan… en este caso fue el gobierno local, pero lo hacía en representación de la ciudad, y eso te enorgullece".
El pintor melillense se encontraba trabajando en su estudio cuando sonó el teléfono. “Estaba pintando y recibí una llamada de la consejera de Cultura. Fue en la época de Elena Fernández Treviño. Me dijo que solo faltaba la aprobación por parte del Pleno, que sería unánime, porque no había ningún tipo de oposición. Me dio un alegrón enorme”, relata.
También Enrique Remartínez fue sorprendido por la llamada, en su caso procedente del presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda.
“Primero me sorprendí, porque no esperaba yo que a mí me dieran ninguna medalla de nada. Me emocioné, claro. Me dio mucha alegría que pensaran en mí para esas cosas, y más teniendo en cuenta que es la distinción más grande de la ciudad".
El doctor, que se encontraba a punto de viajar a un congreso, reconoce que por poco no pudo asistir al acto: “De milagro no me fui, estuve a punto”. Añadió que también fue importante para él saber que el reconocimiento fue aprobado por unanimidad. “Eso se agradece. Que no haya ningún político al que le siente mal que te la den, aunque la proponga otro partido, eso es de valorar”, subrayó.
Un vínculo indisoluble con Melilla
Ambos galardonados coinciden en que la Medalla de Oro refuerza aún más su conexión con la ciudad. En el caso de Carlos Baeza, la distinción consolidó una relación emocional ya muy profunda: “Ya era difícil elevar ese vínculo. Gran parte de mi trabajo está centrado en Melilla. Esto me vincula aún más con la ciudad, como parte de su historia, quizás suene grandilocuente, pero como un personaje de su historia reciente".
Enrique Remartínez se expresa con una naturalidad rotunda al hablar de su ciudad: “Melilla y yo somos lo mismo. Nací en Melilla, he vivido aquí toda la vida y no cambio ni de barrio. Lo tengo muy claro. Soy muy de Melilla. Me siento reconocido por mi gente y por mi ciudad.”
Retos personales y profesionales
Al hablar de desafíos, Carlos Baeza distingue entre lo personal y lo profesional.
“A nivel personal, el mayor reto ha sido sacar adelante a mi familia. Y a nivel profesional, sin marcarme grandes metas, creo que he alcanzado cierto reconocimiento local, que para mí es muy importante".
Baeza destaca también la proyección de su obra a través de las redes sociales, que le ha permitido tener una conexión directa con el público. “Sé por Instagram y Facebook que cuento con un reconocimiento popular bastante grande, que me hace sentirme muy satisfecho de mi trabajo”, afirma.
Además, recuerda con especial cariño su faceta como docente: “Esa etapa la doy por cumplida, ya jubilado. Creo que la desempeñé con honestidad. Formé a 34 generaciones de alumnos, que luego también se han desarrollado profesionalmente. Eso me llena de satisfacción.”
Por su parte, Remartínez no identifica un gran reto puntual, pero sí una sucesión de desafíos diarios en su práctica médica: “Cada paciente que entra es un desafío. Hay enfermedades raras, cosas que no conocemos, y hay que estudiar mucho. La gente se cree que los médicos lo sabemos todo, pero no es así".
Y añade una reflexión honesta y cruda sobre su profesión: “Luchamos contra lo inevitable, que es que se nos muere la gente. Fracasamos siempre, porque se nos muere todo el mundo. Pero por lo menos, intentamos marear un poco la perdiz. Lo importante es hacer un diagnóstico correcto para que se le pueda tratar bien".
Una medalla compartida con la ciudadanía
Tanto Baeza como Remartínez coinciden en que el valor de esta distinción va más allá del reconocimiento personal. Para ambos, supone una forma de devolver a Melilla todo lo que la ciudad les ha dado a lo largo de sus vidas.
Baeza lo expresa con orgullo, al sentirse parte de la historia local a través de su obra. Remartínez, por su parte, agradece que la distinción sea “por unanimidad” y que “la gente reconozca tu labor”.
Dos perfiles distintos, dos trayectorias, una misma ciudad. La Medalla de Oro que lucen en sus trayectorias no solo representa un honor institucional, sino un lazo emocional con Melilla que ambos artistas —uno del arte de pintar y dibujar y otro de la ciencia médica— llevan marcado en su identidad.








