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Inicio » Sociedad

Un total de 53 familias utiliza el punto de encuentro y de mediación

por Redacción El Faro
24/01/2012 23:30 CET
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Se trata de un servicio de la Consejería de Educación ubicado en la Carretera Alfonso XIII · El objetivo es que la situación familiar se normalice y los progenitores puedan realizar las visitas a sus hijos sin tener que recurrir a este programa.

El punto de encuentro y mediación es un servicio dependiente de la Consejería de Educación y Colectivos sociales hacia el que se derivan desde los juzgados y servicios sociales los diferentes casos de familias que viven en Melilla cuyos progenitores están separados y a los que se le asigna un protocolo de visita que no se estaba cumpliendo o que tiene características especiales. Actualmente hay 43 familias que utilizan este punto de encuentro y son un total de 57 los menores a los que afecta este tipo de medidas.
Este programa se creó en la ciudad en 2006, año en el que tan solo fue utilizado por una o dos familias. Así, en 2008 se contaba con 23, aunque sólo utilizaban este servicio diez de ellas. La demanda de la intervención de las profesionales que están en este punto de encuentro ha ido aumentando cada año. Un total de 98 familias residentes en Melilla ha utilizado este programa siendo quince las que entraron el pasado año.
De las familias que se atiende en la actualidad, la madre tiene la custodia en un 82% de los casos  y el padre un 9%, siendo el sistema de acogida otro 9% de las custodias de los menores.

Los tipos de visita

El cometido del punto de encuentro es llevar a cabo los regímenes de visita estipulados por un juez y también los casos que se derivan desde Bienestar Social del área del menor, como en los casos de acogida de niños. Así, una persona por voluntad propia no puede solicitar el servicio que abre todos los días en horario de mañana y tarde.
Este servicio se centra en que se cumplan los tres regímenes de visita que hay estipulados, como son los de recogida y entrega, es decir, el progenitor que no tiene la custodia recoge a los menores en este lugar y cumple con el horario que estipule el juez en la sentencia; la visita con permanencia, que impide al progenitor no custodio llevarse al menor del centro y que tiene una duración máxima de 90 minutos por día; y las visitas tuteladas, que son iguales que las de permanencia en todo, salvo que una de las profesionales de este centro siempre está presente. Este último tipo se realiza cuando uno de los progenitores tiene problemas de adicción, por ejemplo.
Del total de las 43 familias que utilizan el punto de encuentro,  33 de ellas están en el sistema de recogida y entrega, cinco en tutelada, cuatro en permanencia y una que está en periodo de adaptación. En este sentido, se trata de una familia que tiene uno de los tres tipos de régimen, pero que por características del niño se va aplicando poco a poco y antes de realizar la visita marcada en la sentencia del juzgado. Este tipo de casos tienen que ver con que el menor no haya tenido contacto con su progenitor no custodio durante un largo tiempo y sea necesario realizar este acercamiento poco a poco.
Este año se ha programado un total de 2.232 visitas, siendo 1.892 de recogida y entrega; 186 de permanencia y 54 tuteladas. Del total, se han hecho 1.609, porque el resto se ha suspendido por distintos motivos, ya sea por un acuerdo entre las partes o por enfermedad, por ejemplo.

Los objetivos del centro

Los casos que se derivan desde Bienestar Social son, normalmente, de familias que tienen un acogimiento, es decir, que se haya retirado a los progenitores la custodia de los menores y que estén en un sistema de acogida en otra familia o en otra parte de la misma familia, como los abuelos. Aunque este tipo de caos son la minoría con respecto a los que llegan del juzgado.
Cuando los padres llegan al punto de encuentro se les explica que se trata de un servicio o programa transitorio. Así, no son muchas las familias que acaban resolviendo sus diferencias y llevan a cabo el sistema de visitas sin la ayuda de la intervención de las profesionales de este centro. Muchos son los progenitores que se acomodan a esta mediación y ven el uso de este servicio como algo normal en sus vidas. Sin embargo, el objetivo final es que se normalice la situación de las familias y que sean responsables para hacer la visita por su cuenta.
El punto de encuentro cuenta con cuatro profesionales, dos psicólogas, una trabajadora social y una educadora. Es un equipo multidisciplinar formado por  la psicóloga y coordinadora del servicio, Laura Román Pérez; la educadora social, María Victoria Caño Valderrama; la psicóloga Isabel María Montis Val; y la trabajadora social Araceli Fontcuberta Ramírez.
Está ubicado es en la carretera de Alfonso XIII y en este centro trabajan por equipos y turnos, siendo el martes cuando realizan la reunión general  para abordar los casos en los que están trabajando.

Procedimiento con las familias

Los casos llegan del juzgado o muchas veces son los progenitores con la sentencia los que llegan antes, aunque siempre piden la notificación al juzgado correspondiente.  
En primer lugar, se realiza una entrevista por separado a los padres para saber la historia familiar y los problemas que se pueden dar a la hora de realizar la visita. Así, se intenta empatizar con ellos porque muchos no saben  dónde van a traer a sus hijos y es importante que se relajen y que sepan que en este centro van a ayudarles a superar su problema.
Si los niños han tenido contacto con el progenitor que no tiene custodia, no hace falta entrevistarlos a priori, pero si llevan mucho tiempo sin verle sí es preciso. De esta forma, las profesionales del punto de encuentro ven cuáles son sus ideas y pensamientos y se les explica el funcionamiento de este servicio.
Caño Valderrama comentó que también hay que entender que la mayor parte de los padres no solicitan estos servicios, por lo que siempre cuentan con que uno de los progenitores muestra cierto rechazo y numerosas reticencias a  la hora de utilizar este servicio.

Los menores

Este programa es utilizado por una gran variedad de perfiles de familias, progenitores con estudios, con alto o bajo poder adquisitivo, de cualquier religión y estatus social.
Los menores cuentan desde meses de vida hasta los quince años, aunque la mayor parte de los niños de este servicio tienen entre siete y ocho años.
Caño Valderrama y Ramón Pérez comentaron a El Faro que hace unos años tuvieron el caso de una visita en la que el menor tenía a penas unos meses. Así, se indicó que el mayor temor de la familia que tiene la custodia es que la otra parte no sepa cuidar bien del pequeño, por lo que al principio, se hace un periodo de adaptación para que se acostumbre el bebé al padre no custodio y se compruebe que puede, por ejemplo, cambiar un pañal o darle de comer correctamente.  
Con este tipo de casos, las visitas son de unos minutos al principio antes de aplicar el sistema determinado por el juez en la sentencia.  
“Lo que se mira es que el menor esté bien”, indicó Caño Valderrama.
También se han encontrado con menores que no querían hacer la visita y con los que no se ha podido intervernir, aunque esta casuística ha sido poco frecuente.
Por otro lado, comentaron que hay pocos adolescentes utilizando este programa porque si tiene mucha negativa, el juez no los incluye en el régimen de visita. Por ejemplo, hace un tiempo contaron con una familia de la que sólo se hacían las recogidas y entregas del hermano menor, ya que el mayor se negaba a ir con su progenitor.
En los menores que más se muestra rechazo son los que perdieron el contacto con el progenitor durante mucho tiempo y han vivido el drama de la separación, aunque también influye la relación de los padres.
Las profesionales de este programa dan unas pautas a las familias sobre lo que tienen o no que hacer con los niños para facilitar que el régimen de visita se cumpla con normalidad, aunque no siempre encuentran la disponibilidad de las dos partes para hacer esto correctamente.
“Es muy importante la colaboración de los padres y que asuman que los menores necesitan contactar con las dos partes”, señaló Caño Valderrama, añadiendo que “ellos rompen su relación, pero esos niños deben seguir teniendo comunicación con la otra familia”.
También se encuentran con los casos de padres que están en el régimen de visitas tuteladas o de permanencia y que no pueden llevarse a sus hijos a ver a sus abuelos y el resto de la familia, ya que es un servicio exclusivo para la persona que tiene derecho a la visita y que está establecido en la sentencia del juez. No pueden entrar ni hijos de otro matrimonio, ni hermanos o abuelos.  
Por otro lado, indicaron que sí que hay abuelos que realizan las visitas en este centro, pero eso se debe a que son ellos los que están incluidos en la sentencia del juzgado.

Un espacio que se queda pequeño

El centro del punto de encuentro y mediación familiar cuenta tan sólo con un despacho que comparten las cuatro profesionales, dos salitas y un cuarto de baño, por lo que se queda pequeño, sobre todo, los domingos.
El punto de encuentro estaba antes en el Mantelete, en una oficina diáfana donde no había intimidad para las familias y, en este sentido, se ha mejorado mucho según indicaron las técnicos de este servicio, pero sigue siendo pequeño para las familias en el fin de semana, ya que se juntan muchos niños y sus maletas. Como cada juzgado establece un horario se encuentran con muchas familias que coinciden a la hora de utilizar este espacio. Además, sería conveniente tener una puerta de entrada y otra de salida para evitar que por diferentes circunstancias, los progenitores se encuentren.

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