La historia de Natalia es la de una mujer melillense que, de manera desinteresada, lleva más de ocho años dedicando su tiempo, su esfuerzo y hasta sus propios recursos al cuidado de una colonia felina ubicada en el Parque Lobera. Lo hace casi en silencio, con la ayuda ocasional de los operarios que trabajan en la zona, pero siempre con una entrega absoluta. Ahora, el futuro de esos gatos se encuentra en riesgo por las obras que avanzan en el parque, y la única respuesta que ha recibido hasta el momento es que los animales podrían ser trasladados a la perrera municipal. Una posibilidad que la angustia profundamente.
“Yo los quiero mucho, los he esterilizado, los cuido, les doy de comer, limpio los areneros y pago de mi bolsillo al veterinario cuando enferman. No quiero que los metan en una jaula, solo quiero que les den un sitio”, explica con voz entrecortada.
Ocho años de vínculo con la colonia
Natalia comenzó a cuidar de los gatos del Parque Lobera hace ya más de ocho años. Desde entonces se ha convertido en la responsable de su alimentación, su esterilización y su bienestar. Ha montado pequeños refugios para protegerlos del frío y del calor, ha controlado su número mediante capturas y castraciones autorizadas por el Ayuntamiento, y se ha asegurado de que todos los felinos estén identificados con chip.
Sin embargo, lo que parecía una labor altruista pero estable se ha visto de pronto amenazado por la remodelación del parque. Según relata, los operarios le han comunicado que la zona quedará diáfana y que no habrá espacio para los gatos. “Me dicen que van a tirar todo, que no quedará nada, y yo tengo una casita hecha para ellos ahí. No sé qué hacer, en mi casa no puedo meter 20 gatos y tampoco tengo medios para alquilar un lugar donde llevarlos”.
La única alternativa planteada: la perrera
La respuesta que recibió de Sanidad fue que, en ausencia de otro espacio, los gatos serían enviados a la perrera municipal. Una opción que considera inaceptable: “Son gatos ferales, no pueden vivir encerrados en una jaula. Toda su vida en un zulo no sería vida para ellos. Prefiero que sigan en libertad en un sitio seguro antes de condenarlos a eso”.
Natalia recuerda que la Ley 7/2023 de Bienestar Animal reconoce a los gatos comunitarios como animales protegidos y establece que las administraciones deben garantizar su cuidado. “Yo creo que sí se está vulnerando la ley, porque no hay previsión para ellos en las obras. Si yo no entrara gracias a los obreros, no podrían ni comer”, denuncia.
Una propuesta de ubicación
Ante esta situación, Natalia pide que se habilite un lugar alternativo para la colonia. Su propuesta es sencilla: trasladarlos a la parte trasera del Parque Lobera, en la zona del foso. “El foso está bien, está vallado y sería un lugar donde estarían seguros. Incluso el veterinario me ha dicho que allí podrían estar perfectamente”, afirma.
No pide grandes recursos, solo un espacio donde los gatos puedan seguir viviendo y donde ella y otros voluntarios puedan continuar atendiéndolos. “No estoy pidiendo un Hilton, solo un solar pequeñito, vallado, donde puedan estar. Que no sufran, que no acaben en una perrera”.
Entrega personal y económica
El relato de Natalia refleja la enorme carga personal que supone cuidar de una colonia felina sin apoyo institucional. Explica que paga de su bolsillo las consultas veterinarias, los tratamientos, la alimentación y el mantenimiento de la zona. “Si un gato tiene un ojo mal, si lo arañan, si tiene una infección en la piel, soy yo quien lo lleva al veterinario y paga. Si aparecen gatitos abandonados, también los recojo y los atiendo. Es un suma y sigue”.
Además del esfuerzo económico, dedica una gran cantidad de tiempo diario: limpiar areneros, desinfectar la zona, alimentarlos, llevar registros de los animales y asegurarse de que no falte nada. “Es mucho tiempo, pero lo hago porque los quiero y porque si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer?”.
Lo que pide a las autoridades
Natalia reclama que las autoridades actúen con previsión en obras de este tipo y que contemplen un plan para las colonias felinas registradas. “Cuando se hace una obra debería estar previsto un local o un espacio para ellos. Esta colonia está registrada, incluso he recibido permiso del Ayuntamiento para castrar a los gatos. Son del Ayuntamiento, no son míos. Y ahora parece que los van a dejar sin nada”.
A su juicio, es fundamental que las colonias estén legalizadas y cuenten con un espacio seguro. “Lo que queremos es que se registren y se legalicen, que tengan un sitio donde estar y que nos ayuden con ellas. Yo soy voluntaria, no tengo ayuda de nadie, y no puedo sola con todo esto”.
Un mensaje a la sociedad
Por último, Natalia lanza un llamamiento a la ciudadanía y a las asociaciones animalistas: “Hay que proteger siempre a los animales. No se les puede dejar tirados ni mandarlos a una perrera. Ellos sufren frío, calor, persecuciones… Nosotros hacemos lo posible, les damos cobijo, pero no podemos estar 24 horas con ellos. Necesitamos ayuda, necesitamos apoyo”.
Su petición es clara y sencilla: un lugar digno para que los gatos de la colonia puedan seguir viviendo, lejos del riesgo de ser encerrados en jaulas. “Solo quiero un sitio. Da igual dónde sea, con tal de que esté vallado y puedan estar allí. No estoy pidiendo nada más”.









Para lobo feroz
Natalia tiene una colonia reconocida y está autorizada según la ley 7 año 2023 a dar de comer a esos gatos
Bastante es que se gasta su dinero en cuidarlos
A la gente que los moleste se tendrán que aguantar que ya bastante hace esterilizandolos para controlar la colonia
Seguro que los humanos ensucian y molestan más que los gatos
Ánimo Natalia
Natalia, es bello tener amor por lo animales ,pero los vecinos y paseantes de la calle Calle Cándido Lobera se quejan y con razón de sufrir la superpoblación de los felinos:,pulgas,defecaciones,…
Y qué personas bien intencionadas alimenten a los felinos a pesar de estar penado por las Ordenanzas Municipales