La Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza ha culminado la plantación de más de 1000 metros lineales de vegetación en la zona norte de la Explanada de Rostrogordo. La actuación, ejecutada entre marzo y junio por la empresa TALHER S.A. (y no por duendes del bosque, aunque lo parezca), ha supuesto una inversión de 37.915,41 € en el marco del Plan PIMA Ecosistemas, ese noble programa que convierte las emisiones contaminantes en sombra y biodiversidad.
La operación no es baladí: se busca conectar dos masas forestales cual si fueran piezas de un rompecabezas natural, utilizando como puente un corredor verde que, por ahora, se presenta con más vocación de futuro que de presente. Tetraclinis articulata, Retama monosperma, algarrobos, acebuches y lentiscos han sido alineados con mimo, como si de una banda sinfónica se tratara, para que crezcan en armonía (o al menos, en dirección vertical).
Aunque por el momento el espacio aún recuerda más a un intento de bosque que a un bosque en sí, desde la Consejería se confía en que con el tiempo, y con algo de ayuda de la climatología, se logre generar sombra real (más allá de la que deja la burocracia medioambiental).
La actuación ha contado con la colaboración de la Comandancia General, a quien se agradece el respaldo logístico y moral. Porque, como todo el mundo sabe, plantar árboles también requiere algo de disciplina castrense cuando se trata de alinear raíces con precisión militar.
Con esta reforestación, Melilla da un pequeño gran paso hacia una mayor conectividad ecológica. Y aunque el oxígeno producido no sea todavía suficiente para una clase de yoga al aire libre, ya es más del que había antes.








