Jessica Gómez Soria tiene un niño de 15 años que estudia Segundo de la ESO en el Miguel Hernández y se resiste a comprarle un teléfono móvil. Sabe que es la excepción, porque a esa edad lo común es que el adolescente ya pase horas y horas con el artilugio en las manos y con la mirada fija en él, pero esta madre pertenece a ese pequeño grupo de progenitores, cada día más amplio, que se niegan en redondo a que la tecnología gobierne la voluntad de su vástago. Y no es fácil tomar una decisión así, pues a la convicción hay que sumarle grandes dosis de coraje.
Le preguntamos, obvio, si el chico todavía le habla y contesta que está claro que está molesto, que se enfada ante tanta negativa. Le replica que todos sus amigos lo tienen hace tiempo, que incluso los profesores le animan a usar una tablet para hacer las tareas, pero ella lo tiene claro pese a los daños colaterales de su opción. “No tiene móvil, y creo que de momento no lo va a tener, porque no tiene la madurez necesaria. Yo le dejo el portátil para que haga las tareas y que luego me lo devuelva”, argumenta sin un resquicio de duda.
Porque Jessica es de esos padres que cada vez alzan más la voz de alarma sobre los perjuicios que la prolongada exposición y uso de las pantallas genera en los menores. “Tener un móvil en la mano es como tener una pistola, puedes matar con las palabras y cometer delitos voluntaria o involuntariamente. En Melilla ha habido casos de chavales que se grababan en momentos íntimos y eso ha corrido como la pólvora”, denuncia.
Como presidenta de la AMPA del CEIP Real, es una voz autorizada para palpar el sentir de los padres respecto a la sobreexposición a la tecnología. Reconoce que cada vez hay más preocupación. Que se ha pasado de una fase, la del covid, en que era positiva al estar los niños en casa como medio para aprender que sustituía a un colegio que permanecía cerrado por el dichoso virus. “Pero eso ya se acabó y los niños han dejado de salir a la calle, no tienen una vida social normal porque cada vez se encierran más. Lo dejan todo de lado por las pantallas, abandonan la escritura tradicional, la biblioteca, etc. Esto de la tecnología es casi enfermizo”.
“Es que hoy en día los padres les compran el móvil a los niños de 9 años o menos y pueden acceder a todo tipo de contenido en la red y no lo sabemos. Aumenta el consumo de pornografía en los jóvenes, la ludopatía, sacan peores notas porque se pasan media noche jugando a los videojuegos o hablando con los amigos cuando deberían estar dormidos. Y encima tú no tienes la seguridad de con quién está hablando, no sabes quién está al otro lado”, replica respecto al daño que hace el mal uso de los medios tecnológicos.
No hay que demonizarla
Todo ello no implica demonizar estos medios sin más, porque sí, en el sistema educativo. Por ejemplo, los ve aconsejables en niños o adolescentes con problemas educativos o de aprendizaje, pero siempre que haya un control de los docentes, que en estos casos lo hay. Precisamente ella tiene un hijo con discapacidad y usa ciertas aplicaciones y pictogramas, siempre bajo supervisión, según narra.
Y pese al control, el peligro siempre está ahí. Jessica es cuidadora en un centro de educación especial y está comprobando cómo los niños con discapacidad están totalmente atrapados en la tecnología y es muy complicado apartarles de las pantallas: “No se las puedes apagar para buscar otros juegos con fichas u otros materiales, se levantan para encenderlas, es dramático. No se ha sabido dar la dosis suficiente”, apostilla.
Además, desde la mayoría de asociaciones de padres de Melilla se está en contra del uso de pantallas en la Educación Infantil, apunta Jessica. Pero, ¿qué pueden hacer las AMPAS ante este problema? Jessica habló con la directora del CEIP Real y con la orientadora para preguntarles por qué tanta tecnología en Infantil, que no es tan compleja como un instituto, y le contestaron que es el propio Ministerio de Educación el que impulsa su uso. No es ninguna sorpresa que a los políticos les encanta publicitar inversión en ordenadores y tablets en los colegios, pero es hora de preguntarse si no se han excedido.
“¿Pero cómo va a usar un niño de Primaria el ChatGPT?, ¿dónde está su esfuerzo, su imaginación?. Y ahora viene la Inteligencia Artificial. Deberían plantearse poner un freno los propios directores, sin que se meta el ministerio”, se cuestiona. También opina ser contraria a que los chicos y chicas presenten las tareas por la plataforma MOODLE porque va a llegar un día en que la caligrafía, la gramática, la ortografía..., sean cosa del pasado. “Los niños no van a aprender todo eso porque lo tendrán todo hecho. Estamos retrocediendo. Se van a convertir en analfabetos”.
Al margen del entorno educativo, también están los casos graves en los que los menores están completamente enganchados, por ejemplo a los videojuegos, con el problema añadido de que para solucionarlo antes hay que reconocer su existencia. “Es que ninguna madre va a reconocer que su hijo está enganchado, al revés, lo justificará. En realidad es un enganche general de la sociedad. Vas a la playa, a cenar, a la calle, y todo el mundo está con el móvil. Estamos en un punto de no retorno, creo, en el que es difícil volver para atrás. ¡Si es que la misma Administración lo tiene todo informatizado!”, exclama.








TACAÑAAAAAAA ,dejate de mentiras miserables , espero que tus hij@s vean este comentario en el futuro.......