La actualidad informativa estuvo marcada ayer lógicamente por el discurso de investidura de Rajoy, “valiente y enjundioso” en palabras del diputado nacional por Melilla, Antonio Gutiérrez, y suficientemente claro respecto de los derroteros por los que va a sucederse el futuro Gobierno del nuevo presidente de la Nación.
La reducción del déficit público como primer mecanismo para cumplir con la ley de estabilidad presupuestaria, junto a otros anuncios, que auguran recortes en todos los órdenes salvo en las pensiones y los servicios básicos, entre los que se incluyen Sanidad y Educación, conforman las líneas maestras de un futuro Gobierno que se enfrenta a un año crítico, de escaso crecimiento económico y duros ajustes si se quiere reactivar la economía y crear empleo.
Ayer, tras el discurso de investidura, las principales críticas demandaban mayor concreción. No obstante, resulta ocioso decir que un discurso no es un programa de actuaciones concretas y medidas. Aún así, Rajoy, que hoy será proclamado nuevo presidente del Gobierno de España, marcó distintos plazos, a partir del primer decreto de medidas económicas urgentes y prórroga de los actuales presupuestos generales del Estado que se dictará el próximo 30 de diciembre. Rajoy quiere una sanidad pública más igualitaria en todo el territorio español; una educación más completa; un sector financiero más sólido y una reforma de la Administración Pública que elimine la duplicidad de organismos . Su discurso no representa ninguna novedad, se ajusta a lo prometido por el PP en su programa electoral para las generales del 20N. Ahora sólo hace falta que eche a andar, porque como dijo el nuevo presidente el “panorama no puede ser más sombrío”.







