En las instituciones se lee al pueblo. La expresión, la de ambos, van al unísono cuando se recuerda que unas están al servicio del otro y este, desde el respeto, tiene como misión protegerlo. La función de las Fuerzas Armadas es coadyuvar en nuestra defensa y facilitar nuestro estilo de vida.
En momentos de la singularidad del actual, de agitación social y moral por graves acontecimientos diversos, alza el valor el ejemplo de las instituciones, en este caso la castrense, en su reflejo como espíritu sereno, firme y abierto. También como recuerdo de su razón de ser y que no es otro que combatir a favor de las libertades y los derechos de una nación, nos trae el efecto de cierto sosiego y distensión.
Verdad es que su expresión gana en decibelios y brillo en el recuerdo de efemérides, hechos históricos o la sencilla y compartida semana de celebración del Ejército cuando ya el verano apremia y aprieta a la primavera. Pero es tan verdad como su silente evolución firme, disciplinada y dispuesta siempre para hacer valer su carácter humanitario y de empatía, especialmente en los momentos de mayor necesidad. De un Día de las Fuerzas Armadas del pasado año hasta este actual, la “gota fría” del levante español, la DANA, lo puso de manifiesto y con honor.
Nuestras Fuerzas Armadas, el Ejército, junto a la Guardia Civil que por su naturaleza militar comparte estructura, formación y régimen, se parecen a la gente, porque es la gente quien le da cuerpo y alma. En el cabe todo, toda la diversidad de opiniones y de opciones de vida bajo el cumplimiento del deber, el respeto por las normas y la lealtad a España, su génesis.
Parte de su cometido es la preparación para el combate, pero su espíritu radica en el mantenimiento de la paz, de ahí, de su contrato con ella, pese a tantos truenos de guerra injusta que suenan, desde hace décadas numerosas misiones repartidas por zonas de conflictos conservan la huella de hombres y mujeres de España en su aportación para un mundo más sereno y justo. La vocación castrense, aderezada por la marcialidad, uniformidad, jerarquía y liturgia, es más que nada la formación de valores para el noble cometido de servir.
No es una institución perfecta, ninguna lo es, ya que su capital social es humano, hombres y mujeres por encima de las herramientas para su labor. La reafirmación de su presencia y esencia, legendaria y paralela a la historia de un lugar, como lo es el nuestro, España, con la dosis de excelencia y el aroma de los ritos y tradiciones, son un antídoto frente al descreimiento en los pilares de cualquier sociedad que aspira y esperance en persistir en libertad y con la racional modernidad.
Bajo un orden, una Comandancia, sus mandos y subordinados, hay una panoplia de historias individuales, pero con un solo objetivo. Ese objetivo es compartido por todo un pueblo, son todos en uno, una sola sociedad, una sola nación, una sola comunidad diversa, un solo pueblo. A caballo entre acontecimientos que acongojan y dan buena cuenta del desvarío humano en pleno siglo XXl, este gesto de la tradición, como es el Día de las Fuerzas Armadas, es sin duda un soplo de aire fresco de que toda y única comunidad de ciudadanos, respira.
La gente, la común y la menos común, se lee en sus tradiciones y en sus instituciones que, como no, necesitan siempre mejoras laborales, sociales y, así, estar a la par de los tiempos y su progreso. Pero la base sólida está, los cimientos de su identidad firmes y su acervo, que como tal es del conjunto, se protege, fortalece y se expresa.








