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Militares

Servidores públicos a disposición de una sociedad cada día más abierta, diversa y exigente

por Antonio Ramírez
08/01/2024 06:48 CET
Militares

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Recién celebrada la Pascua Militar, festividad mayor de una institución básica y querida por la ciudadanía, acompaña recordar que más allá de su salvaguarda de la nación, de España, ostenta un papel primordial en la cohesión social. Servidores públicos a disposición de una sociedad cada día más abierta, diversa y exigente. Y esta “plurisensibilidad”, que grandes virtudes acarrea, arrastra también sus defectos y hace que su tratamiento sea más complejo. Afectos y desvaríos que, en gran parte, la salud de las instituciones son capaces de ajustar.

La familia militar es hoy en día variopinta y así mismo está en el camino de la igualdad desde que hace 35 años se inició la incorporación de la mujer a la profesión castrense. Si es un crisol, lo es tanto como la propia conformación de la generalidad a la que sirve. La exigencia necesaria de la disciplina y el celo por el cumplimiento del deber ha sabido el Ejército y la Guardia Civil ligarlos y conciliarlos con el respeto a las diferentes creencias, tradiciones y procedencias y que son portadas como señas de identidad, por quienes componen esta gran familia de servidores públicos, sin detrimento a la función encomendada y voluntariamente aceptada en beneficio de todos.

Esto, que forma parte de su valor, es especialmente reseñable en un territorio periférico del mapa español, como lo es Melilla, ejemplo de diversidad donde la tolerancia, esa que no hay que darla de antemano como intocable ni presupuesta, se gana día a día. La historia española del lugar está profundamente entrelazada con la historia militar del conjunto de España.

Algunas de sus unidades son de las más antiguas de España y, adaptadas a la modernidad y las exigencias de un presente tan inquieto y un futuro tan abierto, forman parte de una Comandancia General que suma entre sus haberes el respeto común hacia ella y la efectividad de su encomienda, así como el acierto en la relación con y entre otras instituciones, un catalizador desde la prudencia y discreción del espíritu militar. Presumible y merecidamente pronto su titular ascenderá y dejará, no solo el recuerdo de la labor bien hecha y los afectos que aquí quedarán, sino una suma de recursos para las alforjas del proseguir. Así lo hizo también su predecesor y así quedó y quedará en la memoria. Son mandos ejemplares en estos últimos años.

De las Academias Militares salieron y salen nombres de otros cuerpos uniformados y de Seguridad del Estado. Esa impronta castrense recibida es traducida en la función y la disciplina que fecunda siempre en el compromiso de la vocación y responsabilidad.

De la vocación y responsabilidad del Ejército brota, también, la voluntad decidida y efectiva en primera línea frente las emergencias y ante la fatalidad como en tantas y aquellas misiones en el exterior que requieren un intento de aportación en el mantenimiento de la paz, una paz tan amenazada hoy en día.

Los cambios profundos de una España hacia lo que es hoy, constitucional y democrática; el fin del servicio militar obligatorio, la creación de la tropa y marinería profesional o nuestra pertenencia activa a la OTAN fueron hechos que marcaron un reto al Ejército y al que supo estar y alcanzar con solvencia.

Abriendo, como lo hacen, al conocimiento de la gente de la cultura militar y su singladura a lo largo ya de siglos, sus ritos y liturgias, recuerdan la entrega de muchos militares al destino común de España y de cualquier lugar de ella, su aportación y compartición a las circunstancias de toda índole; a los anhelos y los retos que en todo pueblo vibran. Por ello, con motivo de la efemérides castrense, debe recordarse de la imprescindibilidad de las instituciones y de las personas que hacen de ellas esa cualidad.

Tags: Colaboración

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