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La enseñanza: su evaluación

por Álvaro Cordón
15/12/2010 22:35 CET

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Recientemente ha salido a la luz pública el Informe Pisa 2.009, en el que se recogen los datos que constatan la comprensión lectora, habilidades matemáticas y conocimientos en ciencias naturales. Todos estamos con la atención puesta en los conocimientos, en el fracaso de su adquisición, en la insuficiencia de la comprensión lectora y en el estudio comparativo entre países y comunidades.
Visto el desaguisado, se proponen una serie de actuaciones, entre las que destacan: a) Equidad en la admisión de alumnos con dificultades. b) Garantizar el rendimiento óptimo de los estudiantes.  c) Innovación educativa.  d) Revitalización de la escuela pública para que sea atractiva para los padres y que devolución a la sociedad de su confianza en la escuela.
Siendo estos resultados indicativos de una situación deteriorada, sobre todo en algunas latitudes,
dentro de ámbito educativo, se hecha en falta un estudio serio y fundamentado de las causas últimas que han propiciado las conclusiones a las que hemos llegado y la persistencia de éstas en el tiempo.
Si analizamos con detenimiento los datos obtenidos, se deduce que sólo se miden habilidades y conocimientos de los alumnos que han participado en las pruebas llevadas a cabo, pero en ningún momento se analizan aspectos esencialmente educativos. No se analiza el comportamiento de tales estudiantes, ni se tiene en cuenta sus actitudes personales respecto a convicciones, ideales, metas sociales, identidad personal y colectiva, relaciones familiares, amistosas y sociales, confianza en el futuro, respeto a sí mismo y a los demás, implicación y conciencia social, influencia del entorno, etc.
No podemos engañarnos, las consecuencias son resultado de unas causas que las desencadenan.
Un sistema educativo sin fundamentos educativos se convierte en un sistema disgregador, negativo,  inoperante y su desarrollo sólo puede aportar frustración, apatía, abandono de los estudios, etc.
España se encuentra entre los países que han obtenido los peores resultados dentro del informe Pisa, y dentro de ella, nuestra comunidad, Andalucía, se encuentra a la cola.
Cuando esto ocurre, es inadmisible que se empiece a mirar hacia cualquier punto que pueda servir para ocultar responsabilidades directas, para desviarlas hacia el profesorado, los medios, deficiencias en los alumnos, inmigración, diferencias entre centros públicos y privados, procedencia...
¿Por qué no se evalúa al propio sistema? ¿Por qué no se evalúa su incidencia en el devenir diario de los centros, en los comportamientos conflictivos, en actitudes de desafecto social...?
¿Se ha tenido en cuenta la incidencia del alcohol, la droga, los desajustes familiares, la falta de respeto, el ejemplo de algunos medios y poses políticas, tienen en los malos resultados educativos?
Un sistema que descuida cuestiones que son fundamentales tales como:
a) Plantearse a quién se va a educar, qué necesidades afectivas tiene, desde su nacimiento hasta su incorporación a la escuela, el futuro educando. Si un niño no se siente querido y guiado dentro de su ámbito familiar (distinto a ser consentido y malcriado), es fácil que no se adapte bien a la escuela.
b) Dar al profesorado la consideración y la autoridad profesional que debe tener y procurarle una formación acorde con su cometido, sobre todo en aspectos didácticos, pedagógicos y educativos.
c) Promover la colaboración y el entendimiento entre profesorado, padres y alumnos, y eludir las interferencias e injerencias que pueden desvirtuar el desarrollo de la labor educativa.
d) Cualesquier circunstancia o procedimiento contrario al sentido común y buen hacer educativo.
En todo caso, siempre es tiempo de rectificar y de encauzar en otra dirección el camino que llevamos. La educación merece toda nuestra atención, la de todos. Ya hemos comprobado el alto precio que hay que pagar, cuando nos equivocamos a la hora de educar.

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