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Los jesuitas critican el “hostigamiento” a los subsaharianos en el Gurugú

por Silvia Perdiguero
22/07/2014 11:06 CEST
Los jesuitas critican el “hostigamiento” a los subsaharianos en el Gurugú

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En su informe ‘Vidas en la frontera sur’ afirman que las redadas por parte de los gendarmes marroquíes son frecuentes y cuanto más jóvenes son con “más saña” golpean a los inmigrantes.

El informe ‘Vidas en la frontera sur. Migrantes forzosos y refugiados en Marruecos y acceso a territorio español’ conocido la pasada semana denuncia el “hostigamiento” al que someten los gendarmes marroquíes a los subsaharianos que malviven en los asentamientos en el monte Gurugú. Una delegación del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) y el Servicio Jesuita a Refugiados Europa (SJRE)  visitó recientemente Melilla y la zona marroquí circundante. En el informe denuncian no solamente las duras condiciones en las que viven los inmigrantes en los bosques del Gurugú sino que las redadas de las Fuerzas de Seguridad marroquíes, además de frecuentes, destacan por “la saña” con la que los agentes golpean a los subsaharianos.
A estas conclusiones llegan a través de sus experiencias en Melilla y en el monte Gurugú y de las entrevistas mantenidas con algunos de esos inmigrantes que malviven esperando su oportunidad para entrar en territorio español. Los propios subsaharianos les explican que los que viven en los asentamientos del monte Gurugú son los que no tienen recursos, pues los que pueden reunir algo de dinero es para costear su ‘pase’ a Europa en una patera.

Violencia en las redadas
Los jesuitas reflejan en su informe que, según algunos testimonios, se llegan a producir tres redadas al día. “Cuando lo hacen, las personas migrantes se dispersan con rapidez, muchas veces dejando atrás sus efectos”. Por ello, se dan casos en los que los inmigrantes pierden sus pasaportes o bien son los gendarmes marroquíes los que se los “roban, al parecer para venderlos”. Además, en las redadas queman mantas, plásticos y otros efectos, según el informe.
En base a esos mismos testimonios, SJM y SJRE apuntan que “cuando las fuerzas auxiliares aprehenden a alguien (durante las redadas) refieren la saña con la que golpean, en relación proporcional con la juventud de los miembros de las fuerzas auxiliares, que va de la mano con su arrogancia”. Esta situación sumada a las malas condiciones de vida en los asentamientos en el monte Gurugú, las inclemencias meteorológicas y la “constante preparación y planificación de tácticas de salto a la valla”, provocan cuadros de “ansiedad y estrés” entre los inmigrantes.
En el informe, también recogen las lesiones, muchos casos graves, que sufren los subsaharianos tras las intervenciones policiales en el monte Gurugú. “Muchos de los migrantes sufren lesiones graves, otros dan cuenta de dolores de cabeza o de estómago”. En Marruecos, los inmigrantes tienen acceso gratuito a la atención sanitaria, pero no a los tratamientos y a los medicamentos. En este aspecto, estas entidades jesuitas destacan la labor que realiza la Delegación diocesana de Migraciones de Tánger en Nador.
La delegación de SJM y SJRE visitó el hospital público Hassani de Nador y allí se entrevistaron con tres inmigrantes que habían vivido en los asentamientos del monte Gurugú. “Todos ellos mostraban graves lesiones, por ejemplo, heridas en la cabeza y brazos rotos.  “Cuando se da de alta a estos inmigrantes normalmente retornan al bosque y esperan una nueva oportunidad para entrar en Europa o para ir a Casablanca o Rabat en busca de apoyo de las comunidades de su misma nacionalidad instaladas allí”, explica el informe.

Y después de las redadas... a Rabat y vuelta al Gurugú

El informe de el Servicio Jesuita a Migrantes y el Servicio Jesuita a Refugiados Europa destaca que si bien la política migratoria marroquí no ha abandonado “una política de seguridad basada en la represión” sí que se ha modulado desde que en septiembre del año pasado se inició el proceso de regularización de inmigrantes en Marruecos.
Ahora los subsaharianos que son detenidos frente a la valla de Melilla y Ceuta ya no son trasladados a Oujda para ser expulsados en la frontera con Argelia. Ahora son llevados a Rabat y abandonados a su suerte, generalmente, en la misma estación de autobuses “sin recursos y sin asistencia”. La sede de Cáritas en la capital marroquí hace meses que ‘cerró’ sus puertas al verse desbordada y no poder atender a todos los inmigrantes que acudían a ellos. Pero muchos de los inmigrantes que son llevados desde Melilla y Ceuta a Rabat, vuelven a las inmediaciones de ambas fronteras para intentar nuevamente ‘saltar’ a territorio español. Sin embargo, el informe ‘Vidas en la frontera sur’ recoge el testimonio de la Delegación diocesana de Migraciones que afirma que “también son conducidos ‘forzosamente’ a Rabat personas heridas en el intento de salto de la valla (de Melilla) sin previa cura”.

Las duras condiciones de vida ‘en el bosque’ del monte Gurugú

El informe ‘Vidas en la frontera sur’ elaborado por ambas entidades jesuitas reflejan los testimonios de los inmigrantes que han vivido o viven en los asentamientos del monte Gurugú.
“La dureza de las condiciones de vida en el bosque”, afirman, incluso cuando no hay redadas, son extremas. “Están muy pobremente equipados. Muchos de ellos sólo tienen chanclas, chándal y ninguna prenda de abrigo. Para alimentarse, aprovechan los días de zoco (miércoles y sábado): Recogen los desperdicios comestibles cuando se levantan los puestos. También cazan conejos y jabalíes. Para beber compran agua potable en las tiendas”.
Además, del “hostigamiento” que sufren por parte de los gendarmes marroquíes, redada tras redada, los inmigrantes padecen la hostilidad de la sociedad marroquí, aunque en los últimos meses “ha mejorado”, según algunos testimonios de inmigrantes.

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