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Inicio » Editorial

La cuenta de resultados de Cristóbal Sánchez

por Redacción El Faro
07/04/2014 00:30 CEST

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Las matemáticas no han dicho aún su última palabra, pero es tan improbable que peligre la permanencia como que finalmente se consiga una plaza para disputar la Copa del Rey.

En cualquier caso, a estas alturas de la temporada ya está claro el nuevo fracaso de Cristóbal Sánchez al frente de la Unión Deportiva Melilla. El equipo, desde que Tébar dejó el banquillo y Sánchez llegó al palco, es una máquina de generar desilusión y decepción. Ocurrió cuando los jugadores actuaban según las indicaciones de Cano y no había cortapisas económicas. Y vuelve a suceder ahora con Moya en el banquillo, que abandonará en breve por “motivos personales” y sin ningún éxito deportivo. El presidente del club, Cristóbal Sánchez, puede argumentar que ha cumplido con las indicaciones financieras de la Ciudad, pero sería engañar porque ése no era el único objetivo a cumplir esta temporada. Ningún encargado o delegado de una empresa de multiservicios tendría asegurado su puesto si con más de 1.500.000 euros hubiera sido incapaz de cumplir algún objetivo más allá de los imprescindibles para justificar una gestión honrada. Cristóbal Sánchez puede argumentar que está satisfecho si, como aseguran desde la Consejería de Fomento, Juventud y Deportes, ha seguido las indicaciones que recibió a principio de temporada. Pero también debe explicaciones a la grada, donde una inmensa mayoría de asientos vacíos cada partido son la prueba más evidente de que la UD Melilla no despierta ningún interés. Mientras en la Consejería Cristóbal Sánchez recibe palmaditas, en el Álvarez Claro los aficionados dan la espalda al equipo. La temporada está a punto de llegar a su fin y otro año más los jugadores no verán importunadas sus vacaciones por los play-offs de ascenso. Desde la época de Tébar en el banquillo y de Francisco Molina en el palco, los aficionados no saben qué es sentir la emoción por la posibilidad del ascenso. Ahora el sentimiento que impera es el de la decepción, la desidia y la indiferencia. La única preocupación del principal dirigente del club parece ser no importunar a quien es su sostén económico, cumplir con los objetivos financieros y no enturbiar la relación para que lo que en verdad importa, lo que da de comer, lo que justifica que Cristóbal Sánchez esté al frente de la UD Melilla y que continúe recibiendo el viento a favor en su actividad profesional. Nada importa cuando el objetivo que realmente preocupa es garantizarse la prosperidad propia. Es indiferente si la grada está cada semana más vacía, si el desánimo cunde en el equipo y se adueña de la afición, si no hay proporcionalidad entre el esfuerzo económico y los éxitos deportivos. El interés particular prima sobre el general. Y esto es especialmente sangrante en una ciudad con las necesidades de Melilla, donde se hace un gran esfuerzo financiero cada año para financiar a un equipo que pasee el nombre de nuestra tierra por el resto del país y que le dé prestigio ante el resto del país. Sin embargo, el resultado es una decepción semanal tras la que se adivina una irritante falta de implicación. La UD Melilla necesita el empuje de alguien que sólo mire por el progreso del club, que no anteponga sus intereses particulares a los generales de los aficionados y de la ciudad, que sienta con preocupación la desilusión que genera cada tropiezo del equipo. Quienes sufrimos las derrotas del Melilla y nos alegrábamos con sus éxitos, necesitamos que al frente del club esté alguien que sienta los colores y que además muestre el mismo interés por la prosperidad de la cuenta corriente de la UD Melilla que por la de cualquiera de las empresas que gestiona.

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