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Ni la lluvia pudo frenar una de las grandes tradiciones de Melilla

El Corpus Christi celebrado ayer en Melilla dejó una imagen que difícilmente olvidarán quienes la vivieron. La jornada estuvo marcada desde primera hora por unas condiciones meteorológicas adversas que hicieron temer por la suspensión de una de las celebraciones religiosas más importantes del calendario local. La lluvia y la incertidumbre acompañaron durante horas a organizadores, participantes y fieles, pendientes de una decisión que obligó a actuar con cautela y responsabilidad.

Finalmente, la procesión pudo salir a la calle. No lo hizo en las condiciones habituales que suelen acompañar esta festividad, pero sí con el mismo significado y con la voluntad de mantener viva una tradición profundamente arraigada en la ciudad. El Santo Sacramento recorrió las calles del centro en una jornada poco común, demostrando que existen celebraciones capaces de sobreponerse a las dificultades cuando hay un firme compromiso por preservarlas.

Especialmente destacable fue la respuesta de la ciudadanía. A pesar de las inclemencias meteorológicas, centenares de melillenses acompañaron un año más al cortejo procesional, confirmando el arraigo que el Corpus Christi conserva en Melilla. La lluvia no impidió que numerosos vecinos quisieran estar presentes en una celebración que forma parte de la historia y de la vida religiosa de la ciudad. Su presencia constituyó una de las imágenes más significativas de la jornada.

También merece reconocimiento el esfuerzo realizado por quienes hicieron posible la salida. La organización tuvo que adaptarse a unas circunstancias cambiantes y complejas, manteniendo la prudencia necesaria sin renunciar a la celebración. El resultado fue un Corpus diferente, condicionado por el tiempo, aunque desarrollado con dignidad, respeto y solemnidad.

En una época en la que muchas tradiciones afrontan dificultades para mantener su vigencia, el Corpus de este año ha puesto de manifiesto que determinadas manifestaciones conservan una notable capacidad de convocatoria y una profunda conexión con la ciudadanía. Más allá de las creencias individuales, esta celebración forma parte del patrimonio cultural y social de Melilla.

La lluvia acabó otorgando un carácter singular a esta edición. No será recordada por unas condiciones favorables, sino por la capacidad de adaptación demostrada por todos los implicados y por la fidelidad de quienes decidieron acompañar la procesión pese a las dificultades.

El Corpus Christi de este año deja una enseñanza sencilla pero valiosa: las tradiciones no se mantienen únicamente por costumbre, sino por el compromiso de quienes creen en ellas y las sostienen generación tras generación. Y este domingo, bajo la lluvia, Melilla volvió a demostrarlo.

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