La calle Cándido Lobera se ha convertido esta mañana en un pequeño espacio dedicado a la naturaleza. Zona Centro Melilla ha celebrado este sábado la actividad ‘Descubre el Mundo Animal’, una propuesta de educación ambiental en la que los más pequeños pueden conocer de cerca aves rapaces y serpientes de la mano del Centro de Educación Ambiental de Melilla (CEAM).
La actividad se ha desarrollado entre las 11:30 y las 13:00 horas y ha reunido a más personas de las previstas inicialmente. Así lo explica Marina Blasco, técnico cetrera del Centro de Educación Ambiental de Melilla, que reconoció que la respuesta del público ha sido una sorpresa.
“Ha venido un montón de gente, no esperábamos tanta”, señaló. Para el equipo del centro, la acogida ha sido “un placer” y una oportunidad para acercar a los niños a los animales de una forma diferente.
El objetivo era sencillo. Que los pequeños pudiesen acercarse a la fauna y a la naturaleza, pero hacerlo de una manera dinámica, entretenida y, sobre todo, segura. Para ello, CEAM ha llevado hasta Cándido Lobera varios ejemplares de aves rapaces y serpientes que se iban mostrando de forma progresiva.
“Los vamos rotando”, explicó Blasco. La idea era que los asistentes pudiesen conocerlos, observarlos y aprender algunas de sus características. También hubo juegos, fichas y materiales para que la actividad no se limitase a mirar.
Una de las aves que más llamó la atención fue Garfio, un águila Harris de apenas tres meses y medio. Es la primera vez que sale y, según explicó Blasco, está empezando a conocer el mundo. El animal estaba acompañado por Jorge, otro de los integrantes del Centro de Educación Ambiental.
También estuvo presente un halcón peregrino. El ejemplar ha trabajado en el control de fauna en el aeropuerto de Málaga. Blasco explicó que es capaz de alcanzar velocidades de hasta 300 kilómetros por hora y recordó que se trata del animal más rápido del mundo. Su hábitat está relacionado con zonas rocosas y entre sus presas se encuentran las palomas.
Otro de los protagonistas fue un autillo cariblanco, una especie de búho. La actividad permitió explicar a los niños algunas de las diferencias entre búhos, lechuzas y cárabos. Una de las más visibles está en la forma de la cabeza. Los búhos cuentan con las conocidas como falsas orejas, mientras que las lechuzas y los cárabos tienen la cabeza completamente redonda.
Blasco también explicó una curiosidad sobre la visión de estas aves. “Los búhos y lechuzas no ven bien de cerca”, apuntó. Por eso pueden realizar determinados movimientos con la cabeza para conseguir enfocar mejor.
El cuarto ejemplar era un cernícalo americano. Una especie pequeña que permite ponerla en relación con las que también pueden encontrarse en Melilla, como el cernícalo vulgar o el primilla.
Pero no solo hubo aves. La otra parte de la actividad estuvo protagonizada por las serpientes del maíz. Son ejemplares americanos, no venenosos y que también tuvieron una de sus primeras experiencias ante tanta gente.
Las serpientes que lleva CEAM son manipuladas habitualmente por el personal del centro. Actualmente miden alrededor de 80 centímetros y la más grande pesa unos 90 gramos. Pueden llegar a alcanzar los dos metros de longitud.
Su nombre está relacionado con el entorno en el que viven. Las serpientes del maíz habitan en campos de maíz y utilizan su coloración para camuflarse.
Además de observarlas, los asistentes pudieron conocer de cerca otros elementos relacionados con estos animales. Sobre la mesa había mudas de serpiente que se podían tocar para comprobar su textura. También había plumas y distintos materiales educativos.
Los niños tuvieron a su disposición puzles para montar un búho real, un halcón peregrino o una serpiente del maíz. Había también fichas de identificación y material sobre las aves rapaces, sus garras, su nacimiento o algunas de sus principales características.
La actividad buscaba, así, que el contacto con los animales vaya acompañado de información. Y siempre desde el respeto.
Blasco insistió en que los ejemplares que se muestran han sido criados en cautividad. “No son cogidos del campo”, explicó. El propósito es que los asistentes puedan verlos, conocerlos y aprender cómo se comportan y cómo conviven con nosotros en la naturaleza.
Durante la actividad también se dieron indicaciones para acercarse a los animales. En el caso de las aves, la recomendación fue clara. Tocarlas siempre con cuidado por la espalda y no intentar agarrarlas. “Siempre desde el respeto”, recalcó Blasco.
Una mañana diferente en pleno centro de Melilla. Aves rapaces, serpientes, juegos y material educativo para aprender algo más sobre la fauna. Y, sobre todo, para que los más pequeños puedan ponerle cara a animales que muchas veces solo conocen a través de los libros, las pantallas o las historias.








