La reciente advertencia del nuevo secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sobre la inminencia de una amenaza rusa ha reavivado el debate en España sobre la protección de Ceuta y Melilla bajo el paraguas defensivo de la Alianza Atlántica. Durante una intervención en el centro universitario Warsaw School of Economics, Rutte aseguró que “con la última tecnología de misiles que vienen desde Rusia, la diferencia de un ataque a Varsovia o a Madrid es de diez minutos. Así que todos estamos en el flanco oriental: Ámsterdam, Londres e incluso Washington”.
Este mensaje, alineado con la estrategia común de la OTAN y de la Comisión Europea de alertar sobre el riesgo de una agresión rusa, ha generado inquietud en los países del sur de Europa. Según servicios de inteligencia de Alemania y Dinamarca, no se descarta que Rusia lance un ataque contra un país miembro antes de 2030, con el objetivo de probar la solidez del artículo 5 del tratado fundacional, que establece la defensa colectiva ante una agresión externa.
En este contexto, vuelve a escena una cuestión sensible para España: ¿están Ceuta y Melilla cubiertas por el compromiso de defensa automática de la OTAN? El artículo 6 del Tratado de Washington, firmado en 1949, delimita el alcance territorial de la defensa colectiva a Europa, América del Norte, Turquía, los departamentos franceses de Argelia y las zonas del Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer. Ceuta y Melilla, por estar en territorio africano, quedarían fuera de esta protección jurídica automática.
El coronel retirado Enrique Fojón Lagoa, analista del Centro de Seguridad Internacional de la Universidad Francisco de Vitoria y exasesor del Ministerio de Defensa, sostiene que esta exclusión se debe en parte a errores estratégicos cometidos en los años posteriores a la adhesión de España a la OTAN en 1982. “Como no hicimos bien las cosas, dijimos que nunca íbamos a usar Ceuta y Melilla contra Marruecos. Ningún Gobierno español ha tenido una política exterior eficiente”, declaró.
Para Fojón Lagoa, la defensa de las ciudades autónomas depende más de las relaciones bilaterales que de garantías formales. “Yo lo que hago para tener Ceuta y Melilla protegidas es llevarle todos los días la merienda al americano”, comentó de forma coloquial, en referencia a la necesidad de mantener buenas relaciones con Estados Unidos, país clave dentro de la OTAN.
Por su parte, el general Víctor Bados, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos del CESEDEN, matiza que, aunque Ceuta y Melilla no estén explícitamente incluidas en el artículo 6, España sí podría recurrir al artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea, que garantiza la defensa mutua entre los Estados miembros. Además, considera improbable un conflicto en el sur: “Nuestro vecino del sur no va a actuar contra Ceuta y Melilla. España y Marruecos han aumentado sus relaciones internacionales en los últimos años y estamos condenados a entendernos porque hay muchas empresas en común”, afirmó durante una conferencia reciente.
En este mismo sentido se expresó Fernando Gutiérrez, general de brigada y actualmente senador del PP por Melilla, en declaraciones recogidas por El Faro, al subrayar que “Ceuta y Melilla están respaldadas por la UE en el nuevo orden internacional”, lo que refuerza su seguridad, aunque no necesariamente a través del artículo 5 de la OTAN.
El debate, sin embargo, va más allá de lo jurídico y se adentra en consideraciones geoestratégicas. Con la creciente presencia estadounidense en Marruecos, país considerado socio preferente en la región, y las tensiones crecientes en el Sahel, expertos consideran que lo que antes era un flanco sur se está convirtiendo en un frente más dentro del esquema de seguridad europeo.
La base de Rota, en Cádiz, es clave para la presencia militar de EE.UU. en el Mediterráneo y el Atlántico. A pesar de ello, persiste la percepción de ambigüedad sobre el papel que jugaría la OTAN en caso de que la soberanía de Ceuta o Melilla se viera cuestionada o agredida.
La entrada de Donald Trump en la Casa Blanca, el pasado enero, ha contribuido a resucitar estos temores, ante los movimientos hacia un nuevo orden mundial que prioriza intereses nacionales y replantea compromisos internacionales. Europa, incluso, estudia la posibilidad de conformar un ejército propio, lo que plantea nuevos escenarios de seguridad y defensa que, inevitablemente, afectan a las dos ciudades autónomas.
En un momento de alta incertidumbre global, Ceuta y Melilla vuelven a situarse en el centro de una discusión estratégica que aún no tiene respuestas claras. Lo que sí es evidente es que el debate sobre su protección no ha terminado.