Los menores de La Purísima exigen 10 euros por el final del Ramadán y protagonizan un motín

Lanzaron piedras y destornilladores, hirieron a cuidadores, bloquearon la Dirección y amenazaron de muerte al responsable del centro

Un motín protagonizado por unos 30 menores en el centro de acogida de La Purísima ha vuelto a poner en evidencia la situación crítica que vive este dispositivo de atención a menores en Melilla. Los hechos ocurrieron el pasado viernes, cuando los jóvenes exigieron 10 euros como gratificación por el final del Ramadán. La negativa a dicha petición derivó en una escalada de violencia de extrema gravedad.

Los menores, visiblemente alterados, adoptaron una actitud agresiva al no obtener la gratificación solicitada. Según fuentes del centro, los menores bloquearon el acceso a la Dirección y comenzaron a lanzar piedras y objetos contundentes, como destornilladores, contra el personal. La situación alcanzó un nivel de violencia tan elevado que los trabajadores de primera acogida quedaron retenidos. Fue necesaria la intervención de compañeros para evacuar al responsable de Dirección, quien fue amenazado de muerte y posteriormente presentó denuncia ante la Guardia Civil.

Tras forzar las puertas del recinto, los jóvenes salieron al exterior y continuaron el ataque desde fuera, lanzando más piedras contra el personal. La rápida intervención de la Guardia Civil logró dispersar al grupo, aunque los insultos y amenazas persistieron. El incidente dejó varios trabajadores heridos y daños materiales significativos.

“Estamos expuestos cada día a situaciones de este tipo y no contamos con medios ni respaldo institucional”, señalan trabajadores del centro, que insisten en que la violencia no es un hecho aislado, sino algo que se repite con preocupante frecuencia.

De forma recurrente se producen este tipo de circunstancias, muchas de las cuales se frustran por la  rápida actuación del personal, pero que evidencian ya el nivel de tensión y conflictividad creciente en el centro. Esta acumulación de incidentes se da en un contexto de sobrecarga crónica del sistema, falta de recursos y plantillas que se consideran insuficientes para el volumen y perfil de menores acogidos.

A esta situación se suma ahora la publicación del nuevo pliego de condiciones del contrato de seguridad, que contempla una reducción del número de vigilantes en el centro, según han denunciado varias organizaciones sindicales. Una medida que ha sido recibida con alarma.

“Llevamos mucho tiempo solicitando material antidisturbios para hacer frente a estos motines, pero los responsables hacen caso omiso”, denuncia Raúl Siles, trabajador del sector. “En la reunión con el consejero de Seguridad Ciudadana pedimos que se exigiera expresamente ese material, y se han limitado a poner un ‘si procede’. Esa ambigüedad demuestra la falta de empatía hacia nuestro colectivo”, señala.

Desde el equipo profesional insisten en que siempre se ha actuado con vocación, respeto y espíritu de reinserción hacia los menores. Pero cuando se cruzan límites como los vividos en este motín, se requiere una actuación firme por parte de las administraciones y dotar al sistema de los recursos humanos y materiales necesarios para garantizar la seguridad.

El anuncio del Gobierno de la nación sobre un nuevo acuerdo en materia de menores migrantes prevé un aumento del número de menores acogidos en la ciudad. Se calcula que podrían llegar a la ciudad unos 34 jóvenes migrantes para ser llevados al centro de La Purísima.

“No tiene sentido que, justo cuando se prevé ese aumento, se reduzca el número de vigilantes en La Purísima. Lo lógico sería reforzar el dispositivo, no debilitarlo”, subraya Siles.

El personal recuerda que su labor no es la de reprimir, sino la de educar y proteger. Pero necesita garantías mínimas para poder desarrollar su trabajo en condiciones dignas. “No podemos permitir que los trabajadores del centro se conviertan en el blanco de la frustración de estos jóvenes. No somos su enemigo, ni su saco de boxeo: somos quienes velamos por su bienestar, y merecemos seguridad, respeto y condiciones laborales adecuadas”, concluye.

Mientras tanto, el centro continúa operando con una sensación generalizada de abandono institucional, en medio de un clima de tensión creciente que amenaza con cronificarse si no se adoptan medidas urgentes.

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