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Vuelve a escena el sueño del "gran mapa de Marruecos" de los nacionalistas marroquíes

El resurgimiento del discurso del "Gran Marruecos" no solo tiene implicaciones territoriales, sino también diplomáticas y de seguridad

El viejo anhelo del nacionalismo marroquí de expandir las fronteras del país más allá de sus límites reconocidos ha vuelto a tomar protagonismo. El llamado "Gran Marruecos", una construcción ideológica surgida en los años 50 del siglo pasado, reaparece con fuerza en discursos, mapas y gestos simbólicos que ponen en entredicho la soberanía española sobre territorios como Ceuta, Melilla, Canarias y el Sáhara Occidental.

Este concepto fue impulsado por Allal al-Fassi, líder del histórico partido Istiqlal, quien defendía una visión del Marruecos poscolonial que integrara extensos territorios del noroeste de África. En sus mapas, esta nación soñada abarcaba regiones hoy pertenecientes a Argelia, Mauritania y Mali, e incluso el archipiélago canario. Aunque esta idea no forma parte oficialmente de la política exterior del Reino de Marruecos, su persistencia en círculos nacionalistas, educativos y culturales alimenta una narrativa expansionista que genera inquietud más allá de sus fronteras.

La reciente publicación de mapas en medios oficiales, libros escolares y eventos institucionales que incluyen como parte del territorio marroquí regiones bajo soberanía de otros países, especialmente España, ha vuelto a encender las alarmas. A pesar de que el Gobierno marroquí no haya declarado oficialmente una adhesión a esta doctrina, su silencio ante estas representaciones es interpretado como una tolerancia implícita.

El medio 20minutos ha documentado cómo esta idea se reactiva cíclicamente en momentos de tensión diplomática o necesidad interna de cohesión nacional. Así ocurrió durante la crisis migratoria de Ceuta en 2021, cuando Marruecos aflojó el control fronterizo y permitió la entrada masiva de personas, muchas de ellas menores, en un gesto interpretado como represalia por la hospitalización en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

Desde entonces, la relación entre Rabat y Madrid se ha movido en un delicado equilibrio, condicionado también por el giro del Gobierno español al aceptar, en 2022, el plan marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental, rompiendo décadas de neutralidad histórica. Esta decisión, duramente criticada dentro y fuera de España, ha sido leída como una cesión ante la presión marroquí y ha reforzado la posición de Rabat en su pulso por la soberanía del Sáhara.

Ceuta y Melilla, por su parte, siguen siendo dos puntos especialmente sensibles. Marruecos nunca ha reconocido formalmente la soberanía española sobre ambas ciudades autónomas, a pesar de su pertenencia secular al Estado español y su estatus constitucional. En este contexto, cualquier gesto, por pequeño que parezca, adquiere una dimensión geoestratégica significativa.

Canarias también ha sido incluida en algunas de estas representaciones del "Gran Marruecos". Aunque con menor insistencia, su cercanía geográfica ha servido de argumento para sectores que defienden la expansión de la “marroquinidad” más allá de los límites actuales. Estas aspiraciones se presentan disfrazadas de elementos culturales o históricos que, sin base jurídica ni reconocimiento internacional, alimentan una visión revisionista del mapa del norte de África.

El resurgimiento del discurso del "Gran Marruecos" no solo tiene implicaciones territoriales, sino también diplomáticas y de seguridad. La capacidad del país vecino para usar el control migratorio como herramienta de presión ha sido probada en varias ocasiones. Europa, y especialmente España, dependen en gran medida de la colaboración marroquí para contener los flujos migratorios irregulares, una realidad que Rabat ha sabido convertir en una palanca negociadora muy eficaz.

En este contexto, la recuperación del sueño nacionalista de un Marruecos expandido se convierte en un desafío serio para la soberanía española. Mientras la comunidad internacional se muestra cautelosa, Marruecos avanza en la consolidación de su influencia en la región.

El silencio oficial ante las expresiones del "Gran Marruecos" y su normalización en ciertos ámbitos educativos y culturales exigen una respuesta firme por parte de España y sus aliados europeos, que no pueden permitirse mirar hacia otro lado ante una amenaza que, aunque simbólica por ahora, podría adquirir dimensiones más tangibles si no se aborda con determinación.

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