El consejero de Medio Ambiente, Daniel Ventura, ha respondido a las críticas de la asociación Guelaya Ecologistas en Acción, que anunció su intención de denunciar a la Ciudad Autónoma por unas supuestas podas de arbolado en distintos puntos de la ciudad.
Ventura quiso dejar claro, desde el primer momento, que cualquier entidad o persona está en su derecho de acudir a la Guardia Civil o a la Fiscalía si considera que se está actuando de forma incorrecta. “Me parece bien que lo hagan”, señala, subrayando que es un derecho legítimo.
Ahora bien, el consejero insiste en que la actuación del Gobierno local no se basa en decisiones políticas, sino en informes técnicos. Según explica, el Ejecutivo no interviene directamente en la gestión del arbolado sin el respaldo de especialistas. “No hacemos nada que no vaya con un informe técnico”. Es decir, las decisiones no las toma un político de forma arbitraria, sino que están avaladas por criterios profesionales.
Ventura defiende que lo que se realiza en la ciudad no son podas agresivas como las que, según recuerda, se hacían años atrás. Aquellas intervenciones dejaban los árboles muy recortados, homogéneos, en formas cuadradas o redondas. Ahora, asegura, ese modelo ya no se aplica.
Lo que se hace actualmente es lo que denomina “apantallamiento”. Se trata de actuaciones puntuales sobre ramas que pueden suponer un riesgo real. Por ejemplo, cuando el arbolado invade ventanas de viviendas, fachadas, alumbrado público o señales de tráfico. También en casos en los que una rama pueda provocar un accidente a un peatón. En esos supuestos, el criterio técnico ordena intervenir para evitar daños.
El consejero insiste en que esta forma de actuar no es opcional, sino que viene marcada por la normativa. Y recuerda que la empresa encargada del mantenimiento del arbolado, parques y jardines tiene precisamente la función de mantener el espacio público en condiciones adecuadas de seguridad y conservación.
Ventura defiende que estas actuaciones son puntuales y justificadas, y rechaza que se trate de podas indiscriminadas. “Es totalmente falso”, afirma en relación a las acusaciones de Guelaya.
Por otro lado, el consejero aprovechó para referirse a un problema que considera serio en la ciudad: la proliferación de gaviotas y la gestión de los gatos. Según explica, la costumbre de alimentar gatos en la vía pública está generando efectos no deseados en el equilibrio del entorno urbano.
Sostiene que esa alimentación no solo afecta a los propios gatos, sino que también favorece la presencia de ratas, cucarachas y otros insectos, además de atraer a las gaviotas. En este punto, recuerda que el gato mantiene su instinto cazador aunque esté alimentado. “Aunque estén alimentados, cazan por instinto”.
También apunta a consecuencias sobre la fauna en determinadas zonas verdes de la ciudad como el Parque Forestal. Según su explicación, especies como patos, gallinas o conejos han visto reducida su presencia, en parte por la acción de depredación de los gatos.
Ventura concluye que respeta las ideas de Guelaya, pero no comparte lo que considera “manipulación” o “mentira” en sus acusaciones. Reitera que todas las actuaciones municipales están respaldadas por informes técnicos de especialistas de la consejería y de la empresa encargada del servicio, cuyo coste asumen los ciudadanos.
Y vuelve a insistir en que denunciar es legítimo, pero que las afirmaciones sobre podas agresivas no se ajustan, según su versión, a la realidad de lo que se está haciendo en la ciudad.









Este impresentable es un peligro para Melilla.
El arboricidio de Melilla: Desidia política y soberbia técnica
El Gobierno de la Ciudad Autónoma de Melilla vuelve a demostrar su absoluto desprecio por el patrimonio natural de la ciudad, amparando una campaña de podas y talas salvajes que atenta directamente contra la biodiversidad urbana. Bajo el mandato del consejero de Medio Ambiente, Daniel Ventura —cuya gestión se revela cada día más ecocida e incompetente—, Melilla asiste a la mutilación sistemática de su arbolado en plena temporada de cría de aves, vulnerando sin pudor la Directiva Europea de Aves (2009/147/CE) y la Ley estatal de Biodiversidad.
La respuesta de Ventura ante las denuncias de Guelaya Ecologistas en Acción no es solo una muestra de cinismo político, sino un insulto a la inteligencia de los melillenses. Escudarse en supuestos "informes técnicos" para justificar el destrozo de árboles sanos es una cobardía administrativa: un informe no puede estar jamás por encima de la ley ni de la ética ambiental.
Las tres claves de una gestión nefasta
Ecocidio en época de cría: Ejecutar podas drásticas y desmoches destructivos en primavera destruye nidos, mata polluelos y vulnera la legislación europea de protección de la avifauna. No es mantenimiento; es destrucción activa de la fauna urbana.
Cortinas de humo ridículas: En un ejercicio de distracción grotesco, el consejero pretende desviar el foco de su nefasta gestión del arbolado mezclando churras con merinas, culpando de forma absurda a los gatos ferales y a las gaviotas para no asumir su total falta de planificación.
Soberbia autoritaria frente al ecologismo: Actuando como un vehemente sabelotodo, Ventura tacha de "mentirosos" a los colectivos sociales que defienden la ciudad. Su incapacidad para aceptar la fiscalización ciudadana retrata a un político desbordado que prefiere el cemento y la motosierra al diálogo y la sostenibilidad.
Conclusión: La motosierra como única política verde
La realidad de Melilla es insostenible: un gobierno local que confunde la seguridad urbana con el arrasamiento verde y un consejero, Daniel Ventura, que pasará a la historia local por anteponer la motosierra a la ciencia botánica y al respeto legal. Las denuncias no solo son legítimas, sino un deber ciudadano urgente para frenar el desmantelamiento ecológico de una ciudad que merece gestores a la altura de sus retos ambientales, y no políticos que gobiernan de espaldas a la naturaleza.
Desde cuándo este hombre se ha preocupado por el medio ambiente.?NUNCA....Y pretende dar lecciones a GUELAYA. que llevan cuarenta años luchando