Francisco Santolaya, presidente del Consejo General de la Psicología de España, y Adolfo Alcoba, decano del Colegio Oficial de la Psicología de Melilla
La sede del Ilustre Colegio de Médicos de Melilla ha sido el lugar escogido para la presentación de la “Guía práctica de Terapia Cognitivo-Conductual para el insomnio crónico”. La cita ha tenido lugar el viernes 29 de mayo a las 19:00 horas.
El proyecto ha sido impulsado por una plataforma de sociedades científicas, entre las que se encuentran la Alianza por el Sueño, el Consejo General de la Psicología de España, la Sociedad Española de Sueño y la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo.
Es una guía pionera en España que constituye un modo de proceder para personas que padecen insomnio, estableciendo así que la terapia cognitivo-conductual es el medio más eficaz para paliar esta problemática. Un enfoque integral que abarca también los hábitos, pensamientos y factores que lo desencadenan. El tratamiento se adapta al paciente, con un estudio previo para comprender bien cada caso.
Las fases de aplicación son las siguientes: evaluación, educación, cambios en hábitos, trabajo sobre pensamientos y seguimiento. Asimismo, se contempla un abordaje individual, en grupo e incluso online. Está demostrado que, a largo plazo, suele ser más efectivo y seguro que recurrir por inercia a la medicación (aunque, a veces, sea necesaria).
Adolfo Alcoba Luque, psicólogo clínico, decano del Ilustre Colegio Oficial de la Psicología de Melilla y vocal del Consejo Superior de la Psicología de España (COP), ha señalado que es la primera guía que se elabora en España. “Hemos implementado una guía para que los clínicos tengan un documento que sea eficaz, tenga una validez científica y se pueda aplicar en las consultas de forma práctica y diaria”, ha añadido el profesional de la psicología.
El decano del Ilustre Colegio ha explicado que en España se combinan dos factores de gran seriedad: la alta prevalencia de problemas de sueño en la población adulta —un 43 % padece algún síntoma de insomnio— y que el 14 % padece insomnio crónico. Sin dejar de mencionar el elevado consumo de hipnóticos sedantes o benzodiacepinas.
La primera fase de evaluación consiste en registrar el motivo de la consulta: “No descanso, no duermo bien, me despierto mucho, tengo mucha somnolencia…”. Normalmente, esta información se recoge en la atención primaria. El siguiente paso sería medir cuáles son los pensamientos negativos del paciente, para realizar después un seguimiento diario del sueño. Entonces, se van aplicando puntos específicos de la guía y técnicas que revisan la parte cognitiva y conductual.
Los pensamientos ocupan una parte importante de este proceso. “Mañana no voy a poder dormir, no voy a rendir, me voy a encontrar fatal…”. Se produce una activación fisiológica y cognitiva que dificulta el descanso. Para reducir la ansiedad, enseñan técnicas de relajación y de desviación de la atención a enfoques diferentes. Por último, se introducen pautas para mejorar la higiene del sueño.
Son muchos los factores que provocan alteraciones en el sueño, empezando por la forma de vivir de la sociedad actual. “Un 20 o 30 % tiene un trabajo nocturno, que trastoca mucho los ritmos circadianos del sueño”, ha comentado Alcoba Luque. “Cuando la persona debe dormir, trabaja”.
La ansiedad, los cuadros depresivos o la apnea del sueño condicionan también el descanso. Los hábitos que tenemos en el momento de irnos a dormir son determinantes, como las pantallas, que producen justo el efecto contrario. “En vez de inducirte a dormir, lo que hace es que te activa”. Las consecuencias pueden ser físicas, psicológicas, laborales y hasta sociales, como sucede con los accidentes de tráfico por problemas de sueño.
De este modo, la "Guía práctica de Terapia Cognitivo-Conductual para el insomnio crónico" tiene varias líneas estratégicas. Una de ellas es un plan educativo y preventivo para corregir las malas prácticas con el sueño, y la otra sería el tratamiento con terapia cognitivo-conductual para casos diagnosticados.
Se tienen en cuenta las comorbilidades con otras enfermedades, por lo que cada persona recibe un tratamiento específico para su situación. Según el vocal del (COP), en los años 50 empezaron a hacerse los primeros estudios sobre la medicina del sueño, que se fueron mejorando en las décadas siguientes, avalados por una mayor evidencia científica.
La intervención terapéutica no quiere decir que, en algunos casos, no sea necesaria la medicación. La plataforma de sociedades científicas cree que esta primera guía mejorará en buena medida la calidad del sueño de las personas y su funcionalidad en el día a día.
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