Hay despedidas que también duelen. Y cuando la mascota lleva años en casa, forma parte de la familia. Por eso, Melilla ha dado este miércoles un gran paso para hacer realidad uno de los proyectos que el Gobierno local considera una de sus viejas aspiraciones: la construcción de un cementerio de mascotas.
La primera piedra de esta actuación se ha colocado en la Granja Agrícola. Allí se levantará un espacio pensado para ofrecer a las familias una alternativa cuando llegue ese momento que nadie quiere afrontar. El proyecto cuenta con una inversión de unos 700.000 euros y tendrá una superficie de 1.000 metros cuadrados.
El presidente de Melilla, Juan José Imbroda, ha acudido al inicio de los trabajos. Y lo ha hecho satisfecho. Sobre todo, porque se trata de una iniciativa que llevaba tiempo sobre la mesa y que no ha sido sencilla de sacar adelante.
“Uno de los proyectos estrella de esta legislatura era acometer esto ya por fin, porque era bueno cuidar un descanso, una salida a todos los propietarios de mascotas”, ha señalado Imbroda.
El presidente ha puesto el foco en un cambio que ya se nota en muchas casas. Las mascotas ocupan cada vez un lugar más importante. “Cada día las mascotas están más integradas en la familia y se quieren como a un miembro de la familia”, ha explicado.
Y ahí está el problema. Hasta ahora, cuando una mascota moría, muchas familias no tenían un lugar donde darle un descanso digno. “Las familias se quedaban fatal, porque no tenían sitio para enterrarlos, no tenían un reposo digno”, ha apuntado.
La intención del Gobierno local era solucionar esa situación. De hecho, Imbroda ha recordado que la creación de este espacio estaba incluida en el programa electoral y se planteó como una misión para esta legislatura.
Pero el camino ha sido más largo de lo previsto.
El proyecto salió a concurso en dos ocasiones. Y las dos quedaron desiertas. Es decir, no hubo ninguna empresa que asumiera los trabajos en las condiciones planteadas. Eso obligó a empezar de nuevo cada vez, con todos los trámites administrativos que implica una obra de estas características.
“Imagínense si se saca y después se queda desierto, otra vez empezar de nuevo. Así dos veces”, ha explicado el presidente.
La solución llegó con Tragsa, la empresa pública especializada en este tipo de actuaciones. El Gobierno de Melilla decidió encargarle finalmente los trabajos. La empresa estudió el proyecto, se encargó su ejecución y el contrato se ha cerrado por unos 700.000 euros.
Una cifra superior a la prevista inicialmente. El propio Imbroda ha recordado que el proyecto comenzó con una estimación de unos 400.000 euros. Pero uno de los elementos que más ha complicado la actuación es precisamente el horno incinerador.
No vale cualquiera. Tiene que fabricarse específicamente para este proyecto. Y eso requiere tiempo.
“El problema fundamental que tiene es el horno, el incinerador, que hay que hacerlo específicamente, y eso tiene su complejidad”, ha señalado Imbroda.
El futuro cementerio contará con una planta incineradora. Pero no será solo eso. El proyecto contempla también una zona de descanso y un área de acompañamiento para las familias.
Además, habrá un jardín de los recuerdos. Un espacio donde se podrán enterrar los cofres con las cenizas de las mascotas. Un lugar para volver, recordar y tener un punto físico al que acudir.
Porque ese es, precisamente, uno de los objetivos principales de la actuación. Dar una respuesta a las familias que pierden a un animal que durante años ha estado dentro de casa.
“Si tienen un lugar donde poder ir a visitarlo, visitar el recuerdo, bueno, pues eso era una obligación que hemos querido cumplir”, ha afirmado el presidente.
Los trabajos tendrán una duración aproximada de entre ocho y diez meses. El plazo dependerá, en buena parte, de la fabricación del horno. Tragsa se encargará de la obra y de la instalación de este equipamiento.
Y por fin, después de dos concursos fallidos y meses de trámites, el proyecto empieza a tomar forma.
Imbroda ha reconocido que la actuación “tenía que haber estado hecha hace ya dos años”, pero ha insistido en que los problemas administrativos y la dificultad para encontrar una empresa que ejecutara el proyecto han retrasado su puesta en marcha.
Ahora, la primera piedra marca el comienzo de una iniciativa que, más allá de los 700.000 euros de inversión, pretende cubrir una necesidad que afecta a muchas familias.
“Ya no es por el importe, es por lo que contiene socialmente hablando”, ha resumido Imbroda.
Porque el objetivo no es solo construir un edificio. Es crear un lugar para despedirse. Y, sobre todo, para recordar.








