Desde la Comunidad Musulmana de Melilla observamos con atención y preocupación los acontecimientos que se desarrollan en Venezuela y, en particular, las recientes interpretaciones sobre la posición de la administración estadounidense y las declaraciones del expresidente Donald Trump. Nuestro análisis se apoya en lo expresado por distintos medios de comunicación y analistas nacionales e internacionales, y pretende aportar una lectura realista, alejada de emociones comprensibles pero poco útiles para entender procesos de transición complejos, asi como compartir con la opinión pública dicho contenido.
Hay una pregunta incómoda, pero brillante, que muchos se hacen:
¿por qué se negocia con figuras del chavismo y no con quienes representan la oposición democrática?
La respuesta, aunque duela, exige abandonar cualquier romanticismo político.
Porque el poder real, hoy por hoy, sigue estando en manos del chavismo armado y estructurado, no en la oposición civil.
Y en transiciones duras no se negocia primero con quien tiene la razón moral, sino con quien tiene la capacidad real de apagar o avivar el incendio.
No se trata de afinidad ideológica ni de simpatía política. Se trata de utilidad estratégica.
Delcy Rodríguez representa, para Estados Unidos y otros actores internacionales, tres elementos clave en una fase inicial de transición:
Ministerios, empresas públicas, PDVSA, puertos, bancos y estructuras del Estado siguen bajo control chavista. Sin esa maquinaria funcionando, un país se paraliza en cuestión de días.
Fuerzas armadas, servicios de inteligencia y grupos de control territorial. Delcy no gobierna sola, pero coordina y comunica con quienes sí tienen capacidad coercitiva.
Información, desmovilización, órdenes ejecutivas, firmas y garantías mínimas de cumplimiento.
Negociar con ella no es una concesión moral, es una decisión fría basada en la realidad del poder.
¿Por qué María Corina Machado no está en esta fase?
Aquí la verdad resulta especialmente dolorosa, pero necesaria:
En una fase de choque, estos factores pesan más que la legitimidad democrática, los votos o el respaldo popular.
Además, para el chavismo duro, María Corina Machado representa una amenaza existencial. Introducirla ahora bloquearía cualquier negociación inmediata y cerraría las mínimas vías de contención.
Edmundo González es una figura respetable y necesaria, pero cumple otro rol:
No es, sin embargo, un operador de poder en una fase de crisis. Su papel encaja mejor en etapas posteriores, no en el momento de apagar el incendio.
La historia demuestra que las transiciones políticas profundas suelen desarrollarse en tres fases claras:
Fase 1 – Control del caos
Se negocia con quienes tienen armas, capacidad de generar violencia y conocimiento del terreno. Aquí entran figuras como Delcy Rodríguez, no por afinidad, sino por necesidad.
Fase 2 – Reacomodo del poder
Comienzan a incorporarse civiles, técnicos y actores políticamente “aceptables”. En esta etapa podrían entrar Edmundo González y otros referentes.
Fase 3 – Legitimación democrática
Llegan las elecciones, la narrativa democrática y figuras como María Corina Machado. Pero esto ocurre al final del proceso, no al inicio.
Creer que, tras la caída de un régimen, “automáticamente gobiernan los buenos”.
No es así.
Primero gobiernan quienes pueden evitar que el país se queme.
Después, quienes pueden administrar.
Y finalmente, quienes pueden representar legítimamente al pueblo.
Nada de lo anterior significa que María Corina Machado esté fuera del juego político. Al contrario:
Introducirla prematuramente sería como convocar elecciones en medio de un incendio forestal.
Si la transición avanza, María Corina Machado probablemente no será la negociadora, pero sí la legitimadora y, posiblemente, quien capitalice políticamente el proceso en una etapa posterior.
La verdadera alarma solo aparecería si se la excluyera por completo del futuro político del país.
Desde la Comunidad Musulmana de Melilla defendemos la democracia, la legalidad internacional y la dignidad de los pueblos, pero también creemos que la paz y la estabilidad exigen análisis serenos, realistas y responsables, aunque resulten incómodos.
Nuestra lectura estratégica no pretende ofrecer seguridad ni certeza absoluta. Es únicamente eso: nuestra lectura final, basada en el análisis de los hechos, los equilibrios de poder y la experiencia histórica de otros procesos similares,así como el resumen de los profesionales y comentaristas tanto nacionales como internacionales.
Si la transición avanza:
Si, por el contrario, se la excluye por completo del escenario futuro, ahí sí estaríamos ante una señal de alarma real, pues ninguna transición sostenible puede consolidarse negando la representación política y social de una parte mayoritaria del país.
Hoy se habla con Delcy.
Mañana se hablará con los civiles.
Pasado mañana, con el país entero.
Porque la historia, nos guste o no, nunca empieza donde uno quiere, sino donde la realidad lo permite.
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