Opinión

Sin gente formada para cambiar Melilla

Son muchos los empresarios melillenses que andan a la caza de mano obra profesional. No es sólo una cuestión de sueldos sino de falta de formación

Es un pequeño empresario de Melilla y está preocupado porque lleva mucho tiempo sin descansar. Necesita mano de obra en su panadería no sólo para tomarse un respiro, sino también para poder abrir más horas. Está perdiendo una oportunidad de oro para crecer y no puede aprovecharla porque el trabajador transfronterizo que necesita lleva meses esperando al permiso de trabajo para incorporarse.

Como él, son muchos los empresarios melillenses que andan a la caza de mano obra profesional. No es sólo una cuestión de sueldos sino de falta de formación. No estábamos preparados para que la frontera cerrara por tiempo indefinido y nos habíamos hecho a la idea de que podíamos disponer hasta el infinito de panaderos, albañiles o empleadas domésticas procedentes de Marruecos.

Un año y medio tras el cierre de la frontera, nuestra situación es desesperada. No hay empleados cualificados en esta ciudad para hacer un trabajo que venían desempeñando desde hace años personas de nuestra entera confianza.

Marruecos y España continúan las negociaciones para ver en qué condiciones reabren los pasos fronterizos de Melilla y Ceuta. En junio Rabat sólo contemplaba la posibilidad de abrir para que pasasen trabajadores transfronterizos a Melilla. El tiempo ha demostrado que nuestro Gobierno no aceptó ese trasiego en una sola dirección. Una frontera es frontera no sólo porque divide sino y, sobre todo, porque une.

Si nosotros no podemos salir a Nador, pues evidentemente no hay forma de explicar a la opinión pública que los ciudadanos marroquíes sí pueden entrar a Melilla.

Las posiciones, desde luego, estaban en un punto de no retorno. España habló de pedir visados a los vecinos de Nador y poco después el rey Mohamed VI salió con lo de rebajar las tensiones. Y en esas estamos, alargando el debate de si entramos o no en la Unión Aduanera para no enfadar a Rabat.

Todavía está por evaluar qué impacto tendría la solicitud de visados para entrar a diario en Melilla. Yo creo que recortaría el número de personas autorizadas a entrar en la ciudad y nos blindaríamos como territorio Schengen ante cualquier amago de agresión por parte de Marruecos, ahora que se está armando hasta los dientes con drones y misiles. Nunca voy a entender esa obsesión de los estados pobres por gastarse más en Defensa que en educación, sanidad y servicios sociales.

Pero la pregunta es obligada: ¿estamos preparados para recortar la mano de obra marroquí en Melilla? Muchos se agarran a la tesis de que los empresarios melillenses tiran de transfronterizos para abaratar sus gastos. Basta con ponerse un minuto en la piel de un empresario de esta ciudad que ve cómo le sube el precio de la luz; que tiene que traerse la materia prima de la península y que ha estado cerrado o parado todo el confinamiento y que ahora no tiene empleados para trabajar porque lamentablemente y sin generalizar hay quienes se abonan a los Planes de Empleo de Melilla y de ese circuito no los saca nadie.

Ahora el Gobierno local asegura que va a crear empleo en la ciudad con otro préstamo que ha pedido (el tercero en dos años). Estamos expectantes porque ya era hora de pensar en poner en marcha la maquinaria aunque sea endeudando las arcas públcias. Si da resultado, siempre podemos decir que es dinero bien invertido. Pero si esto se convierte en pan para hoy y hambre para mañana, sería otra pifia más de un ejecutivo novato que no ha conseguido cambiarle la cara a Melilla.

Uno recorre la ciudad y está todo donde estaba hace cuatro o cinco años. No hay mejoras para alegrar la vista, excepto la eliminación de la estatua de Franco. Los cables siguen colgando de las fachadas de los edificios más emblemáticos de Melilla; faltan luces en todas partes; el centro está en obras y en general el ambiente está apagado a golpe de contagios, ingresos y muertes por coronavirus.

Oiga, usted se pasa un mes sin ir a Málaga o Murcia y cada vez que llega encuentra algo nuevo; algo mejor y más bonito de lo que estaba antes. Pero aquí no avanzamos. No vale compararse con Nador. Tenemos que compararnos con ciudades españolas. No vayamos muy lejos: comparémonos con Ceuta. Si llegamos a parecernos lejanamente a ellos, ya tendremos algo de qué presumir.

De momento aquí sólo hay mucho ruido y pocas nueces. Al menos a mí no me vale que me digan que podríamos estar peor. Porque por eso la gente votó el cambio y retiró la mayoría absoluta al PP de Imbroda.

¿Se equivocaron? El votante nunca se equivoca. Lo mejor que tiene la democracia es que el cambio se puede producir en cualquier momento. Los políticos tienen cuatro años para iniciar un proyecto de ciudad diferente. Luego las urnas ratifican o no si quieren continuar por ese camino. Si usted lo hace bien, da igual lo que hable la gente, el que vota, lo hace pensando en su bolsillo.

Y esa es la pregunta que deben hacerse los políticos: ¿vive la gente mejor durante mi mandato? Porque si no es así, vaya buscando un curso de formación porque en la oposición no hay sueldo para tanta gente.

Y aquí volvemos al punto de partida. Cerró la frontera y nos pilló sin gente formada para cambiar Melilla.

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