El teléfono móvil se ha vuelto un imprescindible en la vida de cualquier persona. No falta en los bolsos, en los bolsillos, colgados, al caminar, en el transporte público, en el trabajo… Ya nadie concibe la vida sin estar conectado y, en muchos casos, hiperconectado a la red. Lo que comenzó siendo una herramienta útil para facilitar las comunicaciones y relaciones online, está alcanzando unos extremos que preocupan.
Informes recientes apuntan que los adolescentes pasan demasiado tiempo en las pantallas. En algunos países, hasta seis horas diarias. Además, cada vez tienen más pronto en sus manos un dispositivo móvil. Buena parte de los estudiantes inician la etapa del instituto con uno de ellos. No es que haya que demonizar la tecnología, de hecho, la mayoría de padres regalan móviles a sus hijos menores para saber si se encuentran bien.
El problema llega cuando se hace un uso inadecuado de los teléfonos móviles: aplicaciones sin control parental, contenidos poco apropiados para niños y adolescentes, horas infinitas “scrolleando” y un largo etcétera que está marcando sin lugar a dudas a las nuevas generaciones, que ya llegaron a este mundo con el “tinglado” montado. Una encuesta de DatosRTVE mostraba a finales de 2025 datos reveladores.
WhatsApp es la aplicación más utilizada, pero no preocupa tanto como el resto de plataformas de entretenimiento: Instagram o TikTok se llevan la palma. Tres de cada cuatro usuarios están convencidos de que deben reducir el tiempo de uso. La media ronda las cuatro horas diarias, y lo positivo es que las personas de entre 25 y 34 años, que han vivido el origen y crecimiento de las redes sociales, están siendo las primeras en tomar conciencia de este asunto.
Los jóvenes de entre 18 y 24 años superan la cifra diaria, mientras que los mayores están un poco por debajo de las tres horas. En muchos países, ha surgido el debate, con más o menos recorrido, de si los menores de 16 años deberían tener acceso a internet, teniendo en cuenta que están expuestos a los peligros de la red y que ya se están viendo las consecuencias de este uso excesivo de los dispositivos.
Esta dinámica merma las capacidades de las personas, por ejemplo, en lo relativo a concentrarse o tomar decisiones. El consumo intensivo de vídeos cortos supone una sobreestimulación constante que está asociada a niveles más altos de estrés y ansiedad. Se alteran las rutinas, empeora la calidad del sueño y se reduce de manera considerable el bienestar general de las personas.
Ante este panorama, El Faro de Melilla propone seis medidas para redirigir el uso de internet, teléfonos y redes sociales hacia un modo más saludable.
La primera es, como con otros procesos, desconectar el “modo automático” y tener muy presente que la relación que guardamos con las tecnologías puede no estar siendo la más acertada. En cambio, estaría bien pensar a qué nos gustaría dedicar ese tiempo. Son tres horas aproximadas ideales para descansar, leer, hacer deporte o conversar con algún amigo. En resumen, es una oportunidad para transformar el impulso en un momento de atención plena.
Los objetivos, mejor realistas y compartidos. Contarle a alguien de nuestro entorno, ya sea amigo, familiar o compañero de trabajo, qué objetivos se persiguen y los avances que se producen supone un gran impulso. Sentirse acompañado y tener un refuerzo positivo nos acerca más a nuestras metas. El tercer consejo está encaminado a la actitud con la que se afronta este importante cambio de hábitos: paciencia, mucha paciencia, y comprensión.
Es difícil pasar del todo a la nada, pero el automatismo de mirar el móvil unas mil veces al día puede terminar dominándose. Establecer límites claros y específicos resulta muy útil, como dejar el ocio en torno a las pantallas para ciertas franjas horarias, o tener unos minutos al día y la semana para poner en práctica esa desintoxicación digital. Restringir las horas de uso y la entrada masiva de notificaciones es un paso al frente en esta cuestión.
Poner el dispositivo en modo avión o “no molestar”. Silenciar el sonido de los mensajes, esperar unos instantes por la mañana antes de revisarlo, desconectar un buen rato antes de irse a dormir… Y otras medidas que, desde luego, funcionan. Guardarlo en un cajón o en otra habitación para no ojear las novedades mientras se realizan otras actividades es el mejor secreto para no entrar en el bucle multitarea. Esta sería ya la quinta recomendación.
La última seguro que gusta a muchas personas. ¡Vuelve a lo analógico! Bueno, no en el sentido literal. El retorno de las cámaras digitales de hace años demuestra que hay un interés creciente por décadas pasadas y por apartar un poco los móviles. Aunque después esas imágenes se publiquen en redes, no importa. Prueba a sustituir la alarma del teléfono por un despertador, y a ver qué más se te ocurre para ponerte creativo en eso de hacer un “detox” digital.








