La Facultad de Ciencias de la Educación y del Deporte de la Universidad de Granada (UGR) en Melilla acoge una exposición que reivindica el papel de las mediadoras interculturales, las lideresas comunitarias y las jóvenes activistas en la prevención de las violencias contra las mujeres. La campaña SAUTI MOJA, que significa "una voz" en suajili, ha llegado este martes al campus melillense de la mano de Médicos del Mundo, con la colaboración de la Delegación del Gobierno y la institución universitaria, para poner rostro a quienes acompañan, escuchan y ayudan a otras mujeres a ejercer sus derechos y reconstruir sus vidas.
"¿Te imaginas llegar a un país donde todo es nuevo? Un idioma diferente, otras costumbres y otras formas de entender la vida". La pregunta abre el panel principal de la muestra y sitúa al visitante ante una realidad que, en ocasiones, permanece oculta tras las barreras culturales, los prejuicios y las dificultades de comunicación. La exposición invita a imaginar qué supone necesitar atención sanitaria, hablar del propio bienestar o conocer los derechos cuando el entorno resulta desconocido y las diferencias dificultan que una persona sea escuchada y comprendida. Frente a esos obstáculos, la mediación intercultural aparece como una herramienta capaz de tender puentes, generar confianza y acercar a las personas a los recursos que necesitan.
"En esos momentos, encontrar a alguien capaz de tender puentes entre culturas puede cambiarlo todo", recoge el texto introductorio, que reconoce el trabajo de las protagonistas de la campaña. "Desde la escucha, la confianza y el diálogo, acompañan a otras mujeres y familias para que puedan ejercer su derecho a la salud y vivir libres de violencias". Los paneles instalados en la entrada de la facultad trasladan esa reflexión al terreno de las experiencias personales y los compromisos colectivos. Seis mujeres, a través de sus retratos y testimonios, comparten sus aspiraciones para la Agenda 2030.
Las reivindicaciones tienen nombres propios y abordan problemas que, aunque distintos en sus manifestaciones, comparten la vulneración de derechos y la desigualdad. Awa Kane Diarra, joven activista, dirige su mirada hacia la erradicación de la mutilación genital femenina: "Para 2030 quiero que trabajemos para que ninguna niña tenga que pasar por la mutilación genital femenina". Farmata Ly Watt, mediadora intercultural, pone el acento en las consecuencias psicológicas que sufren las supervivientes y reclama "políticas para la prevención de la salud mental de las mujeres supervivientes de la mutilación genital femenina y matrimonios forzosos y en general para todas las mujeres".
El deseo de Valentina-Corina Bargau, también mediadora, se resume en una aspiración universal: "Deseo un mundo donde no haya injusticias". Emelda-Marfo Williams Amoah, joven activista, reclama que ninguna mujer sea discriminada "por su procedencia, por su religión o por sus tradiciones", mientras que Maria Cazacu, mediadora intercultural, reclama más protección para la infancia vulnerable: "Me gustaría que hubiese más políticas públicas dirigidas a la protección de los niños y las niñas que se encuentren en situación de vulnerabilidad". Por su parte, Hodan Sulaman señala una necesidad específica en la atención a las supervivientes de la mutilación genital femenina: "Mi deseo para el año 2030 es que los recursos existentes para supervivientes de violencias también lo sean para supervivientes de mutilación genital femenina".
Cada testimonio convierte el panel en algo más que una sucesión de fotografías. Detrás de cada rostro hay una trayectoria, una experiencia y una labor de acompañamiento que busca que otras mujeres no tengan que afrontar solas situaciones de vulnerabilidad. Las protagonistas no solo reclaman cambios en las políticas públicas, sino que contribuyen a impulsarlos desde sus propias comunidades, a través de la mediación, la educación, la sensibilización y el apoyo cotidiano. La exposición concede así un espacio central a unas voces que con frecuencia quedan relegadas y que, sin embargo, resultan esenciales para detectar las violencias, facilitar el acceso a los servicios y promover la autonomía de quienes las sufren.
Durante la presentación, la decana de la Facultad de Ciencias de la Educación y del Deporte de la UGR en Melilla, Lucía Herrera, agradeció que la muestra se incorporase a la actividad del campus y destacó su capacidad para generar reflexión y compromiso. A su juicio, la iniciativa permite "reivindicar el papel de la mujer y sensibilizar contra la violencia de género, la violencia contra la mujer", al tiempo que pone de relieve cómo las mujeres pueden apoyarse mutuamente desde distintos ámbitos, tanto profesionales como comunitarios. Herrera mencionó expresamente la mediación intercultural, la educación social y el activismo juvenil como espacios desde los que compartir experiencias y convertirse en referentes para otras mujeres.
La decana incidió, además, en que la sensibilización no puede quedarse en un ejercicio puntual de reflexión. Las entidades y las instituciones, defendió, tienen la obligación de trabajar conjuntamente para que la concienciación se traduzca en medidas concretas. En ese sentido, valoró la colaboración con Médicos del Mundo y la Delegación del Gobierno y animó a la comunidad universitaria a implicarse en este tipo de actividades. "No para pararnos y reflexionar y olvidarnos, sino para actuar", resumió, al reivindicar una universidad comprometida con la transformación social y con la prevención de las violencias.
En la misma línea, Laura Segura, jefa de la Unidad de Coordinación contra la Violencia sobre la Mujer de la Delegación del Gobierno, reafirmó el respaldo institucional a Médicos del Mundo y al trabajo que desarrolla con colectivos vulnerables. La entidad, señaló, interviene tanto en el ámbito sanitario como con mujeres víctimas de violencia de género, a las que acompaña en sus procesos, y desarrolla también acciones de sensibilización, formación y cooperación con los organismos públicos. Segura felicitó al equipo por una exposición que considera especialmente apropiada para el entorno universitario, al entender que la facultad constituye un espacio de cambio y transformación social.
La responsable de la Unidad contra la Violencia de Género destacó la importancia de escuchar a mujeres que, desde sus distintas experiencias, desempeñan una función decisiva en el acompañamiento y el empoderamiento de otras. Sus voces, afirmó, permiten visibilizar las violencias, señalar sus consecuencias y contribuir a combatirlas. También advirtió de que se trata de un problema estructural que persiste en diferentes sociedades y que se reproduce a través de mecanismos de desigualdad. De ahí, subrayó, la necesidad de mantener una colaboración constante entre las instituciones y las organizaciones que trabajan directamente con las mujeres, especialmente con aquellas que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.
Ana Durán, representante de Médicos del Mundo, explicó que SAUTI MOJA es una campaña de ámbito nacional en la que participan mujeres procedentes de distintas comunidades autónomas donde trabaja la organización. Su llegada a Facultad de Educación, aseguró, se enmarca en la convicción de que la universidad es un lugar en el que se forman quienes en el futuro atenderán a la ciudadanía, por lo que considera fundamental que las nuevas generaciones conozcan las distintas formas que puede adoptar la violencia y comprendan la importancia de las relaciones igualitarias. La exposición pretende, en particular, que las jóvenes se conviertan en agentes de cambio y movilización social.
Durán puso también el foco en el recorrido personal de las seis mujeres retratadas. Según explicó, todas ellas han sido víctimas de violencia de género y han conseguido atravesar esas experiencias para, desde sus propias vivencias, contribuir a que otras mujeres encuentren apoyo. La representante de Médicos del Mundo destacó el esfuerzo que ha supuesto para ellas participar en la creación de la exposición y hacer públicos sus testimonios, un proceso que convierte sus historias en una herramienta de reconocimiento y acompañamiento. La campaña, por tanto, no se limita a denunciar las violencias: también muestra la capacidad de las supervivientes para reconstruir sus vidas y participar activamente en la prevención.
La vinculación entre salud y violencia constituye otro de los ejes de la iniciativa. Durán recordó que Médicos del Mundo aborda la violencia de género como un problema de salud pública, por las consecuencias físicas y emocionales que provoca y por la necesidad de garantizar una atención adecuada a quienes la sufren. La organización cuenta con una trayectoria de trabajo con víctimas de mutilación genital femenina, matrimonios forzosos, explotación sexual y trata, así como de violencia ejercida por parejas y exparejas. En muchos casos, advirtió, las mujeres se enfrentan a varias de estas formas de violencia al mismo tiempo, lo que agrava su vulnerabilidad y hace necesario un acompañamiento integral.
La elección de la universidad como escenario responde también a la voluntad de acercar estos mensajes a la población joven mediante formatos que despierten su curiosidad y favorezcan la participación. Las fotografías y las frases funcionan como una primera invitación a conocer las historias, mientras que los códigos QR permiten acceder a vídeos y ampliar la información. La propuesta busca que quienes se detengan ante los paneles no se limiten a contemplarlos, sino que se pregunten qué hay detrás de cada experiencia y qué pueden hacer, desde su entorno, para contribuir a prevenir las violencias.
Médicos del Mundo en Melilla
Desde la perspectiva del trabajo cotidiano en Melilla, Paula López, coordinadora de la oficina de Médicos del Mundo en la ciudad, explicó que la mediación intercultural constituye una de las principales áreas de intervención de la entidad. Su labor se desarrolla especialmente en instituciones sociosanitarias, hospitales y servicios de primera atención, donde las mediadoras facilitan la comunicación entre las personas usuarias y los profesionales. Se trata de hacer comprensibles los mensajes y las necesidades de cada parte, teniendo en cuenta las diferencias culturales y favoreciendo un acercamiento que permita recibir una atención adecuada. La intervención se extiende asimismo al ámbito social y a la conexión con otras prestaciones y recursos disponibles.
Zakia Mohamed, mediadora intercultural de Médicos del Mundo en Melilla, detalló que el objetivo fundamental de su trabajo es favorecer la inclusión, acompañar a las familias y garantizar el acceso a la salud de las personas más vulnerables. Aunque una parte importante de su actividad se desarrolla mediante mediaciones en centros sanitarios, el equipo también trabaja en red con otras organizaciones no gubernamentales para facilitar el acceso a recursos que muchas familias desconocen. Esa labor de enlace permite identificar necesidades, orientar a las personas y reducir las barreras que dificultan el ejercicio de sus derechos.
La intervención de Médicos del Mundo en la ciudad alcanza, además, otros espacios. Mohamed explicó que la organización participa en el proyecto Escuelas Libres de Violencia, desarrollado en centros educativos y centrado en la prevención de distintas formas de violencia, con especial atención al acoso escolar. El equipo también imparte talleres en centros de menores de Melilla sobre violencia y prevención de conductas de riesgo. Son actuaciones que amplían el trabajo de acompañamiento más allá del ámbito sanitario y sitúan la educación y la prevención como herramientas esenciales para proteger a la infancia y a la juventud.
En ese entramado de acciones, las mediadoras interculturales desempeñan una función que va más allá de facilitar una conversación entre personas que no comparten idioma o referencias culturales. Su trabajo permite acercar servicios, detectar obstáculos, orientar a las familias y generar confianza en contextos en los que la falta de información o el desconocimiento pueden dejar a las personas al margen de la atención que necesitan. La campaña SAUTI MOJA traslada esa labor al espacio público y la relaciona con una lucha más amplia contra las desigualdades y las violencias que afectan a las mujeres.








