Categorías: Editorial

Relaciones de buena vecindad

A cualquier persona que visite Melilla y demuestre algún interés por profundizar en el conocimiento de nuestra ciudad le sorprende en gran medida la falta de relaciones oficiales con instituciones, organismos, asociaciones o entidades marroquíes de nuestro entorno.

Las relaciones entre España y Marruecos, sus constantes ‘tiras y aflojas’ por los más diversos asuntos, entre los que se encuentran las aspiraciones de nuestros vecinos respecto a Melilla y Ceuta, han  impedido que eche raíces lo que debe ser una buena vecindad.
Hoy, cuando nuestro Gobierno no se cansa de repetir que las relaciones entre ambos países son “extraordinarias”, es decir, distintas de como venían siendo habitualmente, empiezan a surgir los primeros lazos. El miércoles una llamada de teléfono a la Delegación del Gobierno realizada desde el otro lado de la frontera activó inmediatamente un operativo de Bomberos que acudió en ayuda de nuestros vecinos. La respuesta hubiera sido la misma en cualquier otro momento, por muy tensas que fueran en ese instante las relaciones entre ambos países, pero desde hace una década no sonaba el teléfono y la última vez que lo hizo fue por un asunto mucho más grave que un incendio en un edificio.
Un día después del suceso ocurrido en Nador, conocemos que el viceconsejero de Festejos y la concejal de Cultura de Nador han acordado colaborar en algunos eventos. Se trata de un acuerdo que tiene más que ver con el ámbito de la relación de amistad entre Francisco Díaz y la responsable política de la ciudad vecina, pero hasta hace poco no se le hubiera ocurrido a ninguno de los dos plantear esta posibilidad de cooperación.
Sin duda, algo está cambiando en las relaciones con Marruecos, aunque el calificativo de “extraordinarias” pueda parecer exagerado en determinados momentos. Hoy, por ejemplo, se concentran nuevamente las familias de Emin y Pisly. Se cumplen ocho meses desde la muerte de ambos jóvenes por los disparos de miembros de la Marina Real marroquí. Los requerimientos y la petición de explicaciones por parte de nuestro ministro de Exterior no han dado ningún resultado en todo este tiempo. Así lo reconoció más explícita que implícitamente el propio José Manuel García Margallo este miércoles en el Congreso de los Diputados.
Ningún asunto debe enturbiar estas relaciones que, al parecer, empiezan a florecer, pero no puede ser a costa de echar tierra sobre cualquier asunto espinoso. Ocho meses es una espera exagerada entre dos países que aspiran a que sus “extraordinarias” relaciones vayan más allá de compartir eventos sociales y de solicitar ayuda cuando uno de ellos se encuentra en  alguna situación angustiosa.

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