Este fin de semana, entre las callejuelas de Melilla la Vieja y el bullicio de los bares del centro, una veintena de voces femeninas ha hecho temblar los prejuicios más viejos de la tradición tunera. Con sus bandurrias, guitarras y panderetas en mano, la Tuna Femenina Universitaria de Almería ha vuelto a pisar la ciudad autónoma para dejar claro que la música universitaria no entiende de géneros ni fronteras.
No es la primera vez que vienen, pero sí la más simbólica. En esta segunda visita del año —tras su paso por Melilla en febrero— el objetivo estaba más claro que nunca: sembrar las bases para que Melilla tenga, por primera vez en su historia, una Tuna femenina. Y para eso, nada mejor que predicar cantando.
Para entender cómo un grupo de jóvenes universitarias ha terminado cantando pasodobles y boleros en Melilla, hay que remontarse más de una década atrás. Concretamente, a marzo de 2012, cuando varias estudiantes de Derecho de la Universidad de Almería presenciaron un pasaclases de la Tuna de su facultad.
“Nos llamó la atención y preguntamos si existía una Tuna femenina. Nos dijeron que no, pero nos invitaron a un ensayo”, ha recordado Alba González, una de las integrantes más veteranas del grupo, que lleva años recorriendo escenarios con la capa al hombro. Fue entonces cuando conocieron de cerca una tradición profundamente masculina y heredada del pasado. Y decidieron formar parte de ella.
Como manda la costumbre, no podían fundarse solas. Durante dos años se formaron como novatas bajo la tutela de una agrupación veterana, la Tuna de Derecho de Alicante, hasta que, el 24 de abril de 2014, se constituyeron oficialmente como la Tuna Femenina Universitaria de Almería.
Hoy, la Tuna está formada por unas 25 chicas, aunque unas veinte son miembros estables. Algunas se conocieron en la misma facultad, otras se fueron uniendo a medida que el proyecto crecía dentro del campus como asociación universitaria y cultural.
El repertorio que defienden no se queda en lo clásico. Cierto es que interpretan con soltura pasodobles, boleros y valses, pero también se atreven con versiones actuales que adaptan al estilo tunero. Uno de sus temas más celebrados es Derroche, de Ana Belén. “Cuando nos ven en eventos de Tuna, siempre nos la piden”, explicaba Alba González.
El grupo utiliza una instrumentación variada: guitarras, laúdes, bandurrias, panderetas, bongós, maracas, güiros... Todo al servicio de una puesta en escena fresca, desenfadada, pero respetuosa con la tradición.
Este fin de semana, las chicas de Almería no han parado. Han cantado en las calles del centro, en Melilla la Vieja, en la playa, y en varios bares donde el público respondió con aplausos, cánticos y bailes. La visita ha sido posible gracias, en parte, a los bonos turísticos promovidos por la Ciudad Autónoma, pero también a un vínculo mucho más personal.
Dos de las integrantes residen actualmente en Melilla, y han sido el puente para conectar con la Tuna de Empresariales de Melilla, con quienes han creado una relación que ya trasciende lo musical. “Gracias a ellos, empezamos a venir. Nos gusta mucho la ciudad, a nivel cultural, y la gente es súper acogedora”, cuenta Alba. Además, han estado colaborando con la Asociación de empresarios de Zona Centro.
Pero más allá de los aplausos, la Tuna viene con una idea entre ceja y ceja: promover la creación de una Tuna femenina en Melilla. Ya lo intentaron en febrero, cuando participaron en los pasaclases de la UGR y se reunieron con responsables universitarios. Ahora redoblan esfuerzos. “Sabemos que es complicado, pero estamos sembrando la semilla. Lo importante es que nos vean”, insiste Alba.
Durante su estancia en la ciudad autónoma, la respuesta del público ha sido entusiasta. “Melilla siempre nos recibe con los brazos abiertos. Da igual la cultura o el barrio: la gente nos sonríe, nos arropa, y se nota que aquí la tradición se valora”, ha afirmado Alba.
La Tuna no solo canta; también dialoga con la ciudad, se adapta a ella, aprende de su mezcla cultural. Y en esa mezcla, parece haber espacio para que una futura Tuna femenina melillense eche a andar. ¿Cuándo? Aún es pronto para decirlo, pero algo está claro: la idea ya no suena tan lejana.
Después del fin de semana en Melilla, la Tuna Femenina Universitaria de Almería sigue su ruta. El próximo destino es Lopera, un pequeño pueblo de Jaén donde participarán en un certamen junto a tunas de Granada y Málaga. Pero el gran viaje llegará en agosto, cuando crucen el océano rumbo a Colombia.
Invitadas por la Tuna Femenina de la Universidad Javeriana de Bogotá, las almerienses participarán en un certamen internacional, acompañadas por la Tuna Femenina de Medicina de Valencia. Un salto continental que no hace más que confirmar que lo que empezó como una curiosidad en un pasaclases ya tiene nombre, trayectoria y ambición.
En un mundo donde las Tunas universitarias siguen siendo, en su mayoría, espacios masculinos, la de Almería destaca por su constancia y por su capacidad de abrir caminos. “La Tuna no solo se canta, se vive”, dicen ellas. Y la están viviendo con una naturalidad que desarma cualquier prejuicio.
Este fin de semana han demostrado que la tradición, lejos de ser estática, puede renovarse sin perder su esencia. Que una capa no distingue entre hombres y mujeres, y que la música universitaria, cuando se canta desde el corazón, no necesita permiso.
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