Había ganas. Muchas ganas. Se notaba desde bastante antes de que empezara el concierto. En los alrededores de la Plaza de Toros apenas cabía un alfiler. Grupos de amigos haciéndose fotos. Familias buscando su asiento. Jóvenes con el móvil preparado para grabarlo todo. Y una frase que se repetía una y otra vez entre el público. "Por fin".
Porque Manuel Turizo era, seguramente, el artista más esperado del verano en Melilla. Lo demostraron las entradas, que desaparecieron en cuestión de minutos cuando salieron a la venta. Lo confirmaron también las redes sociales, donde durante días no se habló de otra cosa. Muchos consiguieron su localidad. Otros se quedaron con las ganas. Pero todos coincidían en que el colombiano despertaba una expectación pocas veces vista en la ciudad autónoma.
Pocos minutos después de las diez de la noche llegó el momento. Se apagaron las luces. Sonó la primera nota y la Plaza de Toros estalló. Un grito ensordecedor recibió a Manuel Turizo, que apareció sobre el escenario entre una lluvia de aplausos y miles de teléfonos móviles iluminando el recinto.
No hizo falta mucho más. Desde la primera canción quedó claro que el público iba a cantar prácticamente todo el concierto. Había personas que apenas levantaban el teléfono porque preferían disfrutar el momento. Otras no dejaron de grabar ni un segundo. Pero todas compartían la misma sonrisa.
Y eso es precisamente lo que tuvo la noche. Sonrisas.
Turizo enlazó uno tras otro los temas que lo han convertido en uno de los artistas latinos más escuchados del momento. La Bachata, Una Lady Como Tú, El Merengue, Quiéreme Mientras Se Pueda o Copa Vacía hicieron vibrar a un recinto completamente entregado.
Cuando sonó La Bachata, la Plaza de Toros se vino abajo. Era, probablemente, el momento más esperado. Miles de voces cantando al mismo tiempo mientras el artista apenas tenía que acercar el micrófono al público. La canción la interpretó Melilla casi sola.
Entre tema y tema hubo tiempo para hablar con los asistentes. Manuel Turizo agradeció el recibimiento y confesó la ilusión que le hacía actuar por primera vez en la ciudad. Unas palabras sencillas, pero suficientes para meterse todavía más al público en el bolsillo.
La conexión fue constante durante toda la actuación. Saludó a las primeras filas. Recogió algún regalo. Sonrió muchas veces. Incluso improvisó algún momento con los asistentes. Nada parecía preparado. Y eso hizo que el concierto resultara todavía más cercano.
La puesta en escena acompañó perfectamente. Grandes pantallas, juegos de luces y un sonido potente dieron forma a un espectáculo muy cuidado, aunque sin excesos. El verdadero protagonista era él. Y también el público.
Porque pocas veces se escucha cantar tan fuerte a un recinto entero. Había parejas abrazadas siguiendo el ritmo de las baladas. Grupos de amigos bailando sin parar. Padres con sus hijos sobre los hombros. Personas que habían cruzado la península para verlo. Y muchos melillenses convencidos de que estaban viviendo uno de los grandes conciertos celebrados en la ciudad durante los últimos años.
Durante cerca de hora y media apenas hubo descanso. Cada éxito era recibido con más fuerza que el anterior. Nadie quería que terminara. Ni siquiera cuando el artista anunció las últimas canciones.
Y cuando parecía que ya no quedaban sorpresas, llegó Qué Pecao. El título de la canción acabó convirtiéndose también en el mejor resumen de la noche. Porque después de ver la conexión entre Manuel Turizo y el público melillense, era imposible no pensar lo mismo. "Qué pecao que no hubiese venido antes".
Una noche de verano, miles de voces cantando al unísono y una ciudad que, por unas horas, se olvidó de todo para dejarse llevar por la música.








